Guerra en Ucrania | Negociaciones directas entre Rusia y la UE: pros y contras de una propuesta hasta hace poco tabú | elperiodico.com

Con escasas excepciones, como las regulares visitas a Moscú carentes de mandato negociador del ex primer ministro prorruso de Hungría, Víktor Orbán, la última vez que un líder europeo de peso se vio las caras con el presidente ruso, Vladímir Putin, se remonta a febrero de 2022, el periodo inmediato antes del inicio de la invasión de Ucrania. Más que para aproximar posiciones con una Rusia cuyas autoridades habían decidido ya entonces ir a la guerra contra el país vecino, la ocasión sirvió para inmortalizar para la historia el profundo foso que se había abierto entre la UE y Moscú. El líder del Kremlin recibió a su huésped, el presidente francés Emmanuel Macron, separado por una mesa de ocho metros, alegando que el mandatario galo no había cumplido con protocolos sanitarios para evitar la propagación del covid-19.
Ahora, tras más de un año de infructuosas reuniones, Washington parece haberse apartado temporalmente de las negociaciones entre Ucrania y Rusia, y vuelve a debatirse la idoneidad de que la UE restablezca un contacto directo con Moscú mediante la designación de un mediador, barajándose incluso los nombres de los alemanes Gerhard Schröder, Angela Merkel o el presidente finlandés Aleksándr Stubb. Y aunque los analistas identifican algunos elementos constructivos en el planteamiento, como el reconocimiento de que Europa jugará un papel en la resolución del conflicto, alertan de una posible «trampa» o tentativa de «ganar tiempo» por parte de Putin.
Fue el propio Putin, un hombre que mide cuidadosamente sus palabras públicas, quien sorpresivamente, tras las deslucidas celebraciones del Día de la Victoria en Moscú, bajo la amenaza de posibles ataques ucranianos con drones contra los fastos, evocó la idea de que el conflicto estaba acercándose a su fin, planteando una negociación con la UE y proponiendo como mediador el nombre del ex canciller Gerhard Schröder, principal impulsor en Alemania de los negocios de los gigantes energéticos de Rusia.
La mano tendida del mandatario ruso hacia la UE fue recibida con grandes dosis de escepticismo en Kiev. Desde el inicio del conflicto, recuerda para EL PERIÓDICO Ivanna Klympush-Tsintsadze, ex viceprimera ministra para la Integración Euroatlántica de Ucrania, Rusia ha buscado sembrar la desunión entre los miembros de la UE con el objetivo de «matar el proyecto europeo». La idea de que Europa se involucre en las negociaciones es bien vista, pero no de esta manera, ni en este momento, ni con algunos de los personajes mencionados. «Estamos felices ante la idea de que Europa emerja como parte», sobre todo para frenar tentaciones de la Administración de Donald Trump de «presionar» sobre todo a la parte ucraniana a hacer concesiones, explica a través del teléfono Oleksyi Haran, profesor de Política Comparada en la Universidad Mohyla de Kiev. Klympush-Tsintsadze considera que la propuesta de mediador de un hombre como Schröder, con una probada alineación con los intereses rusos, es una muestra de la «poca seriedad» con la que Moscú afrontaría unas eventuales negociaciones.
Ni el líder del Kremlin ni sus portavoces se han movido un ápice respecto a las exigencias planteadas al inicio del conflicto. «Normalmente, preferimos lograr nuestros objetivos por la diplomacia», repitió, en tono aclaratorio, el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, al comprobar la atención mediática que recibió el gesto supuestamente pacifista de su superior. Y esos objetivos siguen resumiéndose en dos ejes: cesiones territoriales por parte de Ucrania, incluyendo la parte del Donbás aún bajo el control del Gobierno de Kiev, y obtener concesiones políticas que a la larga faciliten el regreso del país a la esfera de influencia de Moscú. Según Haran, el liderazgo ruso aún «no ha interiorizado» la imposibilidad de obtener una victoria militar, y pese a estar perdiendo la iniciativa en el frente bélico y a agravarse la crisis económica en su país, aguarda que el contexto internacional sea más favorable. Como podría plantearse tras «las elecciones presidenciales en Francia» del próximo año, en las que un candidato de ultraderecha sensible a los argumentos de Rusia podría salir elegido en uno de los pesos pesados de la UE, continúa.
Otro de los riesgos que identifican tanto analistas como políticos es atribuir a la UE un papel de «mediador neutral» y no de socio de Ucrania en las eventuales conversaciones de paz, lo que de forma automática limita el margen de actuación de los Veintisiete ante Rusia, incluyendo la imposición de nuevas sanciones en el caso de nuevos crímenes de guerra cometidos por sus tropas. Moscú «utilizará esta posición para frenar al bloque europeo», advierte Klympush-Tsintsadze. Para intentar atajar semejante peligro, la Alta Representante de la UE para la Política Exterior, Kaja Kallas, quiso aclarar, al inicio de la última reunión de ministros de Exteriores en Chipre para debatir el tema, que la UE se hallaba «claramente en el lado de Ucrania» y que nunca sería «un mediador neutral«.
La UE en estos momentos se halla en pleno proceso de transformación, adecuándose a la nueva situación geopolítica que implica su distanciamiento con respecto a EEUU, al tiempo que reforzando sus capacidades militares. Con estos mimbres, las posibilidades de obtener un resultado satisfactorio son todavía reducidas, opina José Ignacio Torreblanca, investigador senior en el Consejo Europeo para las Relaciones Internacionales y profesor de Ciencia Política en la Universidad Española a Distancia (UNED). «Cuando entras en una negociación en una posición de debilidad, con un respaldo de EEUU muy cuestionado, es muy difícil que consigas un buen resultado«, asegura. En su opinión, en una negociación se ha de estar dispuesto «a mostrar firmeza e incluso a escalar para ganar posiciones, por lo tanto, no parece que Europa sea el actor capaz de disuadir a Rusia en este momento, corriendo además el riesgo adicional de conceder legitimidad a Rusia», continúa.
Es consenso entre expertos y políticos ucranianos que, para que el Kremlin afronte «de buena fe» unas eventuales negociaciones de paz, debe percibir que no puede obtener ya ninguna ganancia adicional manteniendo vivas las hostilidades. En otras palabras, que Moscú entienda que el coste de seguir luchando es superior al de un alto el fuego. Y para posibilitar este estado de cosas, hay que continuar reforzando a Ucrania y manteniendo la presión sobre Rusia, sostienen dichas fuentes. «Soy muy crítico con quienes aseguran que la UE ya ha hecho suficiente; creo que podemos hacer aún más«, sostiene Torreblanca.
Klympush-Tsintsadze enumera algunas iniciativas que reducirían aun más los ingresos de Rusia y mermarían sus capacidades bélicas. En concreto, «esfuerzos adicionales para controlar y detener a la ‘flota fantasma‘» (que transporta el petróleo ruso a sus mercados), «para frenar el flujo de productos de uso civil y militar», en particular a través de China y sobre todo para «presionar a aquellos países que están ayudando a Rusia a sortear las sanciones», en concreto las repúblicas exsoviéticas de Asia Central.
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En la sección: El Periódico – internacional
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