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La mayor tumba colectiva de la Edad del Cobre en Europa, encontrada en España, revela que nueve de cada diez niños sufrían enfermedades respiratorias hace 5.000 años

📅 🕐 hace 4 d🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 8 min de lectura
La mayor tumba colectiva de la Edad del Cobre en Europa, encontrada en España, revela que nueve de cada diez niños sufrían enfermedades respiratorias hace 5.000 años
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Durante décadas, los arqueólogos han intentado reconstruir cómo era la vida —y también la muerte— de las comunidades prehistóricas de la península ibérica. Ahora, un estudio realizado en uno de los yacimientos funerarios más extraordinarios de Europa ha permitido asomarse a una realidad tan antigua como sobrecogedora: miles de años antes de la medicina moderna, las enfermedades respiratorias ya estaban dejando una profunda huella en la infancia.

La investigación, publicada en la revista International Journal of Paleopathology, ha analizado los restos de niños y adolescentes enterrados en Camino del Molino, un gran complejo funerario situado en Caravaca de la Cruz, en la actual Región de Murcia. Los resultados apuntan a que infecciones respiratorias recurrentes, posiblemente entre ellas la tuberculosis, afectaron de forma significativa a los más jóvenes de esta comunidad durante el III milenio a.C.

Lo más llamativo es que las enfermedades no han sido identificadas a través de tejidos blandos o ADN antiguo, sino gracias a las marcas que dejaron en los huesos. Miles de años después de la muerte de estos individuos, sus esqueletos siguen conservando el rastro de los problemas de salud que padecieron durante la infancia.

Un lugar único en la Europa prehistórica

Camino del Molino ocupa un lugar especial dentro de la arqueología europea. Se trata de la mayor tumba colectiva conocida de la Edad del Cobre en Europa, un enorme espacio funerario excavado en la roca que fue utilizado durante buena parte del tercer milenio antes de nuestra era.

Las investigaciones previas han permitido identificar los restos de al menos 1.348 personas depositadas en este recinto a lo largo de varios siglos. Sin embargo, la mayoría de enterramientos colectivos prehistóricos presentan un problema importante para los investigadores: los huesos suelen aparecer mezclados, desplazados o fragmentados debido a reutilizaciones continuadas del espacio funerario.

Precisamente por eso el hallazgo de 48 esqueletos infantiles y juveniles conservados en posición anatómica original constituye una excepción extraordinaria. Gracias a ello, los especialistas han podido estudiar la distribución de lesiones en todo el cuerpo de cada individuo y comprobar si determinadas alteraciones aparecían asociadas entre sí.

Tal y como indica el estudio liderado por Sonia Díaz-Navarro, de la Universidad de Burgos y el Centro de Investigación en Antropología y Salud de Coimbra, esta circunstancia ofrece una oportunidad excepcional para analizar enfermedades infantiles en poblaciones prehistóricas.

El yacimiento funerario de Camino del Molino
El yacimiento funerario de Camino del Molino. Foto: S. Díaz-Navarro

Tal y como revela el estudio, Camino del Molino ofrece una oportunidad excepcional para analizar la salud infantil en la Prehistoria gracias a la conservación de 48 esqueletos de niños y adolescentes en posición anatómica.

Huesos que hablan de enfermedad

Los investigadores examinaron los esqueletos en busca de dos grandes grupos de alteraciones. Por un lado, las denominadas lesiones óseas porosas, pequeñas áreas con aspecto perforado que aparecen en distintas zonas del esqueleto, especialmente en el cráneo y el cuello del fémur.

Por otro, buscaron cambios asociados a infecciones respiratorias, como determinadas marcas en la superficie interna del cráneo, formaciones óseas anómalas en costillas y extremidades o alteraciones en vértebras, pelvis y sacro.

Los resultados fueron sorprendentes incluso para los propios investigadores. De los 48 individuos estudiados, 44 presentaban al menos una alteración ósea relacionada con procesos patológicos. En otras palabras, más del 91% de los niños y adolescentes analizados mostraban evidencias de problemas de salud.

Las lesiones porosas aparecían en casi nueve de cada diez individuos, mientras que los cambios asociados a infecciones respiratorias estaban presentes en cerca del 69% de la muestra.

Pero el dato más revelador fue otro: dos tercios de los esqueletos mostraban simultáneamente ambos tipos de lesiones.

Según los cálculos estadísticos realizados por el equipo, los individuos con lesiones porosas tenían más de once veces más probabilidades de presentar también alteraciones relacionadas con infecciones respiratorias.

La infancia, un periodo especialmente vulnerable

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que las lesiones no se distribuían de manera uniforme entre todas las edades.

Los investigadores detectaron dos momentos especialmente delicados en la vida de estos jóvenes habitantes del sureste peninsular. El primero se situaba entre los 1 y los 4 años. El segundo aparecía durante la adolescencia temprana, entre los 10 y los 14 años.

En los niños más pequeños se observó una elevada frecuencia de alteraciones endocraneales, es decir, lesiones situadas en la cara interna del cráneo. Algunas de ellas adoptan formas sinuosas y ramificadas que han sido relacionadas en estudios previos con procesos inflamatorios asociados a infecciones respiratorias persistentes.

La adolescencia temprana también mostró cifras especialmente elevadas. En este grupo aparecieron algunas de las mayores concentraciones de lesiones óseas observadas en toda la muestra.

Los autores sugieren que ambos periodos coinciden con etapas biológicas especialmente sensibles. Durante la primera infancia, el sistema inmunitario aún se encuentra en desarrollo. En la adolescencia, los cambios hormonales, las transformaciones fisiológicas y una mayor interacción social pueden aumentar la exposición a agentes infecciosos.

Fragmento de cráneo que muestra lesiones óseas asociadas a una infección respiratoria
Fragmento de cráneo que muestra lesiones óseas asociadas a una infección respiratoria. Fuente: Díaz-Navarro et al., International Journal of Paleopathology (2026)

Los autores destacan que la mayoría de las necrópolis colectivas del III milenio a.C. presentan huesos mezclados y desarticulados, una circunstancia que dificulta enormemente la reconstrucción de enfermedades antiguas.

¿Tuberculosis en la Edad del Cobre?

Responder a esta pregunta no es sencillo.

Los propios investigadores subrayan que ninguna de las lesiones observadas puede considerarse una prueba definitiva de tuberculosis. La mayoría de las alteraciones descritas pueden estar asociadas a diferentes enfermedades infecciosas o inflamatorias.

Sin embargo, el patrón general observado resulta compatible con procesos respiratorios crónicos y recurrentes. Algunas de las lesiones identificadas han sido relacionadas en otros estudios con fases tempranas de la tuberculosis, especialmente cuando la bacteria se encuentra circulando por el organismo antes de provocar daños más severos.

Curiosamente, los investigadores no encontraron casos claros de la llamada enfermedad de Pott, la forma clásica de tuberculosis vertebral que destruye las vértebras y suele ser considerada una de las evidencias más reconocibles de esta enfermedad en restos arqueológicos.

Aun así, el conjunto de alteraciones observadas sugiere que infecciones respiratorias prolongadas pudieron desempeñar un papel importante en la salud de esta comunidad.

Por ello, el estudio plantea que futuras investigaciones biomoleculares serán esenciales para determinar si el complejo bacteriano responsable de la tuberculosis estuvo realmente presente entre los habitantes de Camino del Molino.

Cómo era vivir en una comunidad de hace 5.000 años

Las enfermedades no aparecen en el vacío. Detrás de ellas suelen existir factores ambientales, sociales y económicos.

Camino del Molino pertenece a una época en la que las sociedades del sureste ibérico estaban experimentando profundas transformaciones. El aumento demográfico, la consolidación de la ganadería y el crecimiento de asentamientos cada vez más complejos modificaron la relación entre las personas y su entorno.

Los especialistas consideran que muchos de los factores presentes en estas comunidades pudieron favorecer la propagación de enfermedades respiratorias. La convivencia estrecha con animales domésticos, la exposición continua al humo de hogares cerrados, el polvo generado por actividades artesanales y agrícolas y la concentración de población en determinados asentamientos creaban condiciones propicias para la transmisión de infecciones.

Los niños, por supuesto, estaban expuestos a esos mismos ambientes desde edades muy tempranas.

La imagen que emerge del estudio es la de una infancia marcada por desafíos sanitarios constantes, muy alejada de cualquier idealización romántica de la vida prehistórica.

El enterramiento colectivo de Camino del Molino
El enterramiento colectivo de Camino del Molino. Fuente: Díaz-Navarro et al., International Journal of Paleopathology (2026)

Tal y como indican los especialistas, los niños de entre 1 y 4 años constituyen uno de los grupos más vulnerables dentro de la muestra analizada

Una sociedad que no excluía a los enfermos

Más allá de la enfermedad, el trabajo ofrece una valiosa información sobre la forma en que estas comunidades trataban a sus miembros. Los investigadores no encontraron diferencias en los rituales funerarios entre individuos sanos y aquellos que presentaban patologías visibles. Todos fueron enterrados dentro del mismo espacio colectivo siguiendo pautas similares.

Este dato resulta especialmente relevante porque en Camino del Molino también se han identificado personas que sobrevivieron a complejas intervenciones craneales, así como individuos con condiciones físicas poco frecuentes.

La ausencia de diferenciación funeraria sugiere que la enfermedad o la discapacidad no implicaban necesariamente exclusión social dentro de esta comunidad del Calcolítico.

Cinco mil años después, los huesos de aquellos niños siguen ofreciendo información sobre sus vidas. Y lo que cuentan no es solo una historia de enfermedad, sino también la de una sociedad que convivió con ella, la afrontó colectivamente y dejó tras de sí uno de los testimonios más extraordinarios de la prehistoria europea.

Referencias

  • Sonia Díaz-Navarro et al, Porous skeletal lesions and respiratory infection-related changes in Chalcolithic non-adults: A biocultural approach from Camino del Molino (southeastern Iberia), International Journal of Paleopathology (2026). DOI: 10.1016/j.ijpp.2026.04.001

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

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