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Silla, el legendario «reino de las coronas de oro» que unió el chamanismo siberiano con la orfebrería más fina hace 1.500 años

📅 🕐 hace 2 h🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 6 min de lectura
Silla, el legendario "reino de las coronas de oro" que unió el chamanismo siberiano con la orfebrería más fina hace 1.500 años
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Hacia el siglo V d. C., los orfebres de un reino llamado Silla crearon algo que desafía la imaginación. Láminas de oro puro, recortadas con una precisión milimétrica y ensambladas en estructuras con forma de ramas y cuernos de ciervo, dieron forma a coronas de una belleza tan extrema que los arqueólogos aún debaten si llegaron a ser portadas por un ser humano. Procedentes de los túmulos funerarios de Gyeongju, la antigua capital del reino, estas piezas permanecieron selladas bajo toneladas de tierra y roca durante más de catorce siglos.

El reino de Silla (57 a. C.–935 d. C.) gobernó la península coreana durante casi mil años y, en el siglo VII, logró unificarla por primera vez bajo un solo poder. Su herencia material es tan excepcional que Gyeongju se ha reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco. Las seis coronas de oro macizo halladas hasta el momento proceden de sus tumbas reales.

En mayo de 2026, el Museo Guimet de París exhibió por primera vez en la capital francesa una de estas piezas, acompañada de ornamentos de jade y armaduras del mismo reino. El evento ha puesto la atención internacional en un patrimonio que, pese a su singularidad, sigue siendo desconocido para el gran público. En su perfil estilizado, estas coronas revelan las rutas comerciales, las creencias chamánicas y la prodigiosa maestría técnica de una civilización que bien podría denominarse el reino de las coronas de oro.

Procedentes de los túmulos funerarios de Gyeongju, la antigua capital del reino de Silla, un conjunto excepcional de coronas de oro permaneció sellado bajo toneladas de tierra y roca durante más de catorce siglos.

Una de las coronas de Silla
Una de las coronas de Silla. Fuente: Museo Nacional de Corea

Una ingeniería funeraria a prueba de saqueadores

Las coronas no habrían llegado hasta nosotros sin el diseño arquitectónico de las tumbas que las albergaban. Los túmulos de Silla se construyeron de un modo radicalmente distinto respecto a los de los reinos vecinos de Baekje y Goguryeo. No tenían pasadizos ni corredores de acceso. En cambio, se excavaban fosas profundas revestidas de madera en las que se depositaban el ataúd y el ajuar funerario. Después, la fosa se cubría con enormes bloques de piedra y se enterraba bajo toneladas de tierra.

Este sistema convirtió los túmulos en fortalezas subterráneas. El peso de las rocas hundía las cámaras en el terreno, que cada vez eran más inaccesibles. Los saqueadores de tumbas nunca lograron penetrar en ellas. Gracias a esto, los arqueólogos han podido recuperar ajuares casi intactos con más de 40.000 artefactos, entre ellos vasijas de oro y plata, armas, armaduras, cuentas de vidrio de procedencia mediterránea y, naturalmente, las famosas coronas.

La primera excavación moderna de estos túmulos se llevó a cabo en 1921, después de que unos niños que jugaban en la zona de Noseo-dong, en Gyeongju, descubrieran unas cuentas en un montículo de tierra. Las excavaciones posteriores fueron responsables del hallazgo de la llamada Tumba de la Corona Dorada, o Geumgwanchong, datada entre los años 475 y 500 d. C.

Las tumbas eran impenetrables: se excavaban fosas profundas revestidas de madera en las que se depositaban el ataúd y el ajuar funerario. La fosa se cubría con enormes bloques de piedra y se enterraba bajo toneladas de tierra.

Tumbas
Tumbas. Fuente: dokaspar/Wikimedia

El lenguaje simbólico del oro

La delicadeza extrema de las coronas de Silla sugiere que estas piezas no se portaron en vida por sus propietarios. No existe ningún retrato ni descripción escrita que aluda al monarca llevando estas piezas. La hipótesis más aceptada por la comunidad arqueológica es que se crearon exclusivamente como objetos funerarios, destinados a acompañar al difunto en el más allá.

Las coronas no son piezas fundidas, sino ensamblajes de cientos de componentes individuales: láminas de oro, espejuelos, alambres y jade, unidos mediante una técnica de ensamblaje en frío que las dotaba de una estructura flexible y dinámica. Cada corona consta de varias partes. La estructura exterior, formada por una diadema de lámina de oro, presenta proyecciones verticales con forma de árbol o de astas de ciervo. De ella cuelgan cadenas de oro con colgantes de jade tallado, conocidos como gogok. Debajo se sitúa un casquete interior de oro que probablemente estuvo recubierto de seda. La corona completa, con todos sus elementos en movimiento, debió de crear un espectáculo deslumbrante bajo la luz solar que habría reforzado el papel del rey de Silla como símbolo del sol en la tierra.

Muchos investigadores han interpretado el motivo del árbol como una representación del axis mundi, el árbol del mundo presente en el chamanismo siberiano e iranio. Las astas de ciervo apuntan, además, a la influencia del chamanismo coreano y a la importancia ritual del reno.

La estructura exterior, formada por una diadema de lámina de oro, presenta proyecciones verticales con forma de árbol o de astas de ciervo.

Cinturón de oro
Cinturón de oro. Fuente: Gyeongju National Museum

Cruces de civilizaciones en el extremo oriente

Uno de los aspectos más fascinantes de las coronas de Silla es lo que revelan sobre los contactos de este reino con el resto del mundo antiguo. El estilo de la parte exterior muestra conexiones con los pueblos escitas e iranios de la estepa euroasiática, lo que sugiere la existencia de una red de intercambios que atravesaba Asia central en épocas tempranas.

Según los estudiosos, las coronas son un producto netamente coreano, pero con ramificaciones que llegan hasta el Mediterráneo. En las mismas tumbas se han hallado unas 20.000 cuentas índico-pacíficas de color azul, junto con objetos de vidrio de procedencia mediterránea. Los comerciantes que atravesaban la Ruta de la Seda transportaban mercancías a lo largo de miles de kilómetros hasta el confín oriental de Asia.

La hipótesis más aceptada por la comunidad arqueológica es que se crearon exclusivamente como objetos funerarios, destinados a acompañar al difunto en el más allá.

Corona de Silla
Corona de Silla. Fuente: Museo Nacional de Corea

Un reino que aún guarda secretos

El oro comenzó a desaparecer de las tumbas de Silla a partir del año 528 d. C., cuando el rey Beopheung adoptó el budismo como religión oficial. La práctica de enterrar objetos valiosos con los difuntos desapareció progresivamente hasta que, a finales del siglo VI, había cesado casi por completo. Las seis coronas de oro que conocemos son, por tanto, la producción de apenas un siglo de esplendor.

El Museo Nacional de Gyeongju y el Museo Nacional de Corea en Seúl custodian hoy la mayoría de estas piezas, declaradas Tesoros Nacionales de Corea del Sur. Ahora, la exposición del Museo Guimet en 2026 recuerda al mundo que, en el extremo oriental de Asia, existió un reino capaz de producir objetos funerarios de factura exquisita.

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

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