Pensábamos que los tardígrados eran invencibles en el espacio, pero en Marte hemos encontrado su criptonita

Imaginad un ser de menos de un milímetro que lleva quinientos millones de años perfeccionando la supervivencia. Aguanta temperaturas de −272 °C, presiones extremas, el vacío del espacio y dosis de radiación mil veces superiores a la dosis letal humana. Se le llama tardígrado (u «oso de agua», por el balanceo lento de sus ocho patas) y durante décadas ha ocupado el primer puesto indiscutible del ranking de los animales más resistentes del planeta. Ahora, un equipo liderado por Corien Bakermans, de la Penn State Altoona, ha demostrado que el regolito marciano los mata rápidamente cuando están en estado activo, según un estudio publicado en el International Journal of Astrobiology a finales de 2025. El organismo que sobrevivió al espacio exterior no puede con el polvo de Marte.
El secreto de los tardígrados
¿Qué hace tan extraordinario al tardígrado? Estos bichitos le deben su secreto a una cuestión biológica. Cuando las condiciones se vuelven intolerables, activan un proceso llamado anhidrobiosis: expulsan casi toda el agua de su cuerpo y reemplazan el líquido intracelular con trehalosa, un azúcar que cristaliza el citoplasma como si fuera ámbar biológico. El resultado es una esfera inmóvil conocida como «tun» en la que el metabolismo se detiene casi por completo. No es hibernación: es una pausa profunda en la biología, tan completa que los tardígrados pueden permanecer en ese estado durante décadas y reanimar al contacto con el agua.
Pero hay más. Incluso cuando están activos y sus células funcionan a pleno rendimiento, los tardígrados producen una proteína llamada Dsup (del inglés Damage Suppressor) que actúa como blindaje molecular sobre el ADN. Dsup no repara el daño genético: lo previene, enrollándose alrededor de la doble hélice como un filamento desordenado y elástico que absorbe los impactos de la radiación ionizante antes de que alcancen el material genético. Su arquitectura intrínsecamente desordenada (sin forma fija, capaz de adaptarse) le permite cubrir la hélice de ADN con una eficiencia que los sistemas de reparación convencionales no pueden igualar. Con semejante repertorio defensivo, la lógica indicaba que los tardígrados serían los colonizadores perfectos de cualquier mundo hostil. La lógica estaba equivocada.
«Dsup actúa como un espagueti que abraza el genoma: no tiene estructura rígida, y esa flexibilidad es precisamente lo que la hace tan eficiente para absorber daño antes de que se produzca», describe la caracterización estructural publicada por grupos de investigación del JINR y asociados en los últimos dos años.

El polvo (marciano) lo cambia todo
El experimento de Bakermans y su equipo tiene un diseño directo: dos especies de tardígrados (Ramazzottius cf. varieornatus e Hypsibius exemplaris, elegidas por ser las más estudiadas en investigación de extremófilos) fueron expuestas en estado activo a dos simuladores de regolito marciano, el MGS-1 y el OUCM-1, que reproducen la composición química y mineralógica del suelo de Marte con fidelidad suficiente para fines astrobiológicos.
Los tardígrados en estado activo murieron en cuestión de horas. No gradualmente, no tras días de exposición. Con una toxicidad que los investigadores califican de aguda. El regolito marciano no es simplemente un sustrato inhóspito: es químicamente agresivo para la biología basada en carbono.
La clave no está en la temperatura ni en la presión, dos parámetros para los que los tardígrados tienen respuesta probada. Está en la química: el suelo de Marte contiene una combinación de percloratos altamente oxidantes, sales metálicas, compuestos de hierro y, en la superficie, la acción amplificadora de la radiación ultravioleta no filtrada. Juntos, generan radicales libres capaces de desintegrar membranas celulares y atacar el ADN por mecanismos completamente distintos a la radiación ionizante directa.
Las defensas del tardígrado, Dsup incluida, están evolutivamente diseñadas para un tipo específico de amenaza: la radiación de alta energía. No para el asedio geoquímico sostenido de un suelo impregnado de oxidantes. Son amenazas diferentes, y la segunda, la que prevalece en la superficie marciana, no activa los mecanismos de protección que han hecho famoso a este animal.
El tardígrado no falla porque sea débil. Falla porque la evolución nunca tuvo que dotarle de defensas contra la geoquímica de otro planeta.
La paradoja de Dsup y sus límites en humanos
La proteína Dsup no sale indemne de este capítulo. Los estudios paralelos incluidos en la investigación (con modelos celulares in vitro) revelan un efecto que complica cualquier extrapolación biotecnológica directa: en determinados contextos celulares humanos y animales, Dsup muestra efectos secundarios con perfil neurotóxico. La misma proteína que protege el genoma del tardígrado provoca, fuera de su organismo original, alteraciones que los investigadores todavía están caracterizando con precisión.
Esto indica que trasladar Dsup a aplicaciones biomédicas para proteger a astronautas de la radiación cósmica requiere una comprensión mucho más profunda de sus efectos en contextos celulares ajenos al tardígrado, algo que el estudio actual sitúa como tarea pendiente, no como obstáculo definitivo. El potencial de la proteína sigue siendo real. La distancia entre ese potencial y una aplicación clínica segura también.
Lo que Marte aún no ha respondido
El estudio resuelve una pregunta y abre tres. Los tardígrados activos no sobreviven al regolito marciano sin procesar. Pero los tardígrados en estado tun son otra historia: la investigación actual no ha evaluado si esporas latentes completamente deshidratadas podrían resistir décadas o siglos enterradas bajo la superficie marciana, aisladas de la geoquímica oxidante por capas de suelo y protegidas de la radiación cósmica directa por la roca y el hielo subsuperficial.
Esa incógnita es la que pone en guardia a los expertos en protección planetaria. Si un tardígrado en estado tun viajara accidentalmente en una nave terrestre (adherido a una superficie, enquistado en una junta de goma) y llegara a enterrarse en el subsuelo marciano, el escenario del experimento de Bakermans no aplicaría: el polvo que mata al tardígrado activo podría ser irrelevante para uno que lleva décadas suspendido en ámbar biológico, esperando agua transitoria.
Si algún día encontramos vida microbiana en Marte, la primera pregunta que tendremos que hacernos no será si es marciana. Será si la pusimos nosotros.
La biología tiene sus límites físicos y químicos. Incluso para los osos de agua. Pero el siguiente hito no es confirmar esos límites en condiciones activas (eso ya está hecho), sino medir exactamente cuánto tiempo puede sobrevivir un tun enterrado bajo regolito marciano antes de que la química del planeta lo alcance. De esa cifra depende, en buena medida, con qué nivel de esterilización deberíamos estar construyendo las próximas naves que enviemos al planeta rojo.
Referencias
- Bakermans, C. et al. (2025). Short-term survival of tardigrades (Ramazzottius cf. varieornatus and Hypsibius exemplaris) in martian regolith simulants (MGS-1 and OUCM-1). International Journal of Astrobiology. https://www.cambridge.org/core/journals/international-journal-of-astrobiology/article/shortterm-survival-of-tardigrades-ramazzottius-cf-varieornatus-and-hypsibius-exemplaris-in-martian-regolith-simulants-mgs1-and-oucm1/8A91986096FB533FB264DD056F549DF2
- Revisiones JINR / NIH (2024-2026). Structural characterization of Damage Suppressor (Dsup) protein and context-dependent neurotoxicity.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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