Miles de escamas de pescado halladas en Gran Canaria revelan cómo los aborígenes canarios procesaban y conservaban sus capturas siglos antes de la llegada de los europeos

La costa noroeste de Gran Canaria guarda todavía secretos capaces de cambiar la forma en que entendemos el pasado de las Islas Canarias. Uno de ellos acaba de emerger gracias a las excavaciones realizadas en Playa Chica, un enclave arqueológico situado junto al litoral de Sardina que ha proporcionado una de las imágenes más detalladas hasta la fecha sobre la explotación de los recursos marinos por parte de las poblaciones indígenas canarias durante la Edad Media.
El hallazgo no consiste en un gran monumento ni en una tumba repleta de objetos de lujo. Su importancia reside precisamente en algo mucho más cotidiano: miles de restos de pescado, herramientas especializadas y evidencias de conservación de alimentos que revelan una actividad económica organizada alrededor del mar.
Tal y como indica un estudio publicado en la revista científica PLOS One, el yacimiento estuvo ocupado durante varios siglos, entre aproximadamente los siglos VI y XIII, aunque la fase más llamativa corresponde a los siglos XI al XIII. Fue entonces cuando el lugar parece haberse transformado en un auténtico centro de procesamiento de productos marinos.
La investigación, dirigida por Jonathan Santana y un amplio equipo de especialistas, combina análisis arqueológicos, zoológicos, botánicos y tecnológicos para reconstruir qué ocurrió en este pequeño abrigo costero hace casi un milenio. El resultado dibuja una escena sorprendentemente compleja para una comunidad insular prehispánica.
Un lugar dedicado casi por completo al pescado
Lo primero que llamó la atención de los investigadores fue la extraordinaria concentración de restos marinos. Las excavaciones sacaron a la luz más de 19.000 restos pertenecientes a peces, moluscos, erizos de mar y crustáceos.
Entre las especies identificadas predominan peces capturados cerca de la costa, lo que sugiere una explotación intensiva de los recursos disponibles en las aguas inmediatas al asentamiento. También aparecieron abundantes lapas, burgados y otras especies marinas que formaban parte habitual de la dieta de las comunidades costeras.
Sin embargo, el dato más revelador fue la aparición de miles de escamas de pescado dispersas por los niveles arqueológicos. Para los arqueólogos, esta acumulación no encaja con un lugar donde simplemente se consumía pescado de manera ocasional. Más bien apunta a una actividad sistemática de limpieza y preparación de capturas.
La propia distribución de los restos refuerza esa interpretación. En Playa Chica apenas aparecieron recipientes cerámicos y los huesos de animales domésticos son escasos en comparación con otros asentamientos indígenas de Gran Canaria. Todo parece indicar que la función principal del lugar no era residencial.
En otras palabras, Playa Chica habría sido un espacio de trabajo especializado.

Las miles de escamas recuperadas en Playa Chica muestran que no era un lugar donde simplemente se consumía pescado, sino un espacio dedicado a procesarlo de forma sistemática.
Las herramientas que cuentan una historia olvidada
Uno de los descubrimientos más singulares procede de los restos de cabras y cerdos hallados en el yacimiento.
Los investigadores identificaron cientos de fragmentos de cuernos de cabra modificados de forma deliberada. Muchos presentan bordes trabajados y señales de uso compatibles con tareas de raspado. Según los autores del estudio, estos objetos habrían funcionado como descamadores para retirar las escamas de los peces antes de su procesamiento.
La cantidad de fragmentos recuperados resulta especialmente significativa. No se trata de piezas aisladas, sino de un conjunto que evidencia una producción continuada de este tipo de herramientas.
Igualmente llamativos son los anzuelos elaborados a partir de colmillos de cerdo. Las excavaciones permitieron documentar diversas fases de fabricación, desde fragmentos en proceso de transformación hasta ejemplares terminados.
La presencia simultánea de anzuelos y herramientas para descamar sugiere una cadena de trabajo relativamente completa: captura, limpieza y preparación del pescado en un mismo espacio.
Este tipo de evidencias son especialmente valiosas porque permiten observar actividades concretas de la vida cotidiana que rara vez quedan reflejadas en los registros arqueológicos.
El humo que permitió conservar alimentos durante semanas
Otro de los aspectos más interesantes de la investigación procede del análisis de semillas, carbones y restos vegetales.
Entre los materiales recuperados aparecieron restos de cebada, trigo duro e higos, cultivos habituales en la economía indígena canaria. Pero junto a ellos surgió algo inesperado.
Los especialistas detectaron plantas que producen grandes cantidades de humo al quemarse y que no suelen utilizarse como combustible principal para cocinar. Entre ellas se encontraban fragmentos de piñas de pino canario, rizomas de juncias y especies del género Euphorbia.
La clave está en que estas plantas generan combustiones lentas y relativamente frías, características ideales para secar o ahumar alimentos.
A ello se suma otro dato relevante: el yacimiento conserva hasta 29 hogares o estructuras de combustión. Muchos de ellos muestran señales de reutilización continuada a lo largo del tiempo.
La combinación de fuegos repetidos, combustibles muy específicos y enormes cantidades de restos de pescado ha llevado a los investigadores a plantear una hipótesis sólida. En Playa Chica no solo se limpiaban las capturas, sino que probablemente también se secaban o ahumaban para prolongar su conservación.
Antes de la refrigeración, estas técnicas eran fundamentales para almacenar excedentes alimentarios y facilitar su transporte a largas distancias.

La investigación sugiere que los productos marinos formaban parte de redes de intercambio que conectaban la costa con el interior de la isla.
Una economía conectada entre la costa y el interior
Durante mucho tiempo, la imagen tradicional de las comunidades indígenas canarias se ha centrado en la agricultura cerealista y la ganadería de cabras y ovejas.
Sin embargo, los resultados obtenidos en Playa Chica muestran un panorama más diverso y dinámico.
Tal y como revela el estudio, la producción de pescado conservado pudo formar parte de redes de intercambio que conectaban las zonas costeras con asentamientos situados en el interior de la isla. Los productos marinos, una vez procesados y estabilizados mediante secado o ahumado, podían transportarse con mayor facilidad y mantenerse consumibles durante más tiempo.
Esta interpretación encaja con otros indicios arqueológicos conocidos en Gran Canaria, donde existen evidencias de circulación de materias primas, herramientas y productos elaborados entre diferentes regiones de la isla.
La costa, por tanto, no habría sido un espacio marginal ni secundario. Todo apunta a que desempeñó un papel esencial dentro de la organización económica indígena.
Una ventana única para comprender el pasado africano
El hallazgo adquiere una relevancia aún mayor cuando se observa en un contexto más amplio.
Las Islas Canarias fueron colonizadas por poblaciones bereberes procedentes del noroeste africano durante el primer milenio de nuestra era. Sin embargo, las evidencias arqueológicas sobre la explotación intensiva de recursos marinos en las costas africanas de aquella época siguen siendo relativamente escasas.
Por ese motivo, los investigadores consideran que las Canarias constituyen un laboratorio excepcional para estudiar cómo aquellas comunidades se adaptaron a entornos insulares y desarrollaron nuevas formas de relacionarse con el mar.
Playa Chica ofrece una imagen extraordinariamente detallada de ese proceso. Gracias al excelente estado de conservación del yacimiento y a la aplicación de técnicas de muestreo sistemático, los arqueólogos han podido reconstruir actividades que normalmente pasan desapercibidas.
Aunque los propios autores advierten de que todavía son necesarios más estudios en otros enclaves costeros del archipiélago, las evidencias recuperadas permiten afirmar que la explotación marina especializada formó parte de la economía indígena canaria mucho antes de la llegada de los europeos.
Lejos de ser un recurso complementario, el mar aparece ahora como un elemento central en la vida de algunas comunidades de las islas. Y precisamente ahí reside la importancia de Playa Chica: en mostrar que la historia de Canarias todavía conserva capítulos capaces de sorprender incluso a quienes creían conocerla bien.
Referencias
- Jonathan Santana et al, Specialized marine exploitation on African islands: A multiproxy archaeological analysis of the Playa Chica site, Gran Canaria (11th–13th CE), PLOS One (2026). DOI: 10.1371/journal.pone.0349347
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
En la sección: Muy Interesante
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