Daniel Calleja, director de la oficina de la Comisión Europea en España | elperiodico.com

Daniel Calleja (Madrid, 1960) es uno de los españoles con mayor experiencia en las instituciones comunitarias. Lleva casi cuatro décadas como funcionario de la Unión Europea, donde ha ocupado puestos clave en áreas como el mercado interior, la industria o el Servicio Jurídico. El pasado 1 de diciembre comenzó a ejercer como director de la Representación de la Comisión Europea en España, justo a tiempo de un 2026 marcado por los actos del 40 aniversario de la entrada de España en la UE.
Calleja atiende a EL PERIÓDICO en las oficinas de la Comisión en el Paseo de la Castellana de Madrid para analizar los principales retos del Ejecutivo comunitario en un momento marcado por las tensiones geopolíticas, la pérdida de competitividad europea frente a China o Estados Unidos, y el auge del euroescepticismo en una UE donde uno de cada cuatro eurodiputados son de partidos de ultraderecha nacionalista.
Su trabajo en España, ¿es más fácil por el carácter europeísta del país?
El español es muy europeísta porque la adhesión a Europa fue una aspiración consensuada. No hubo partidos políticos que se opusieran. Era una doble aspiración: política, porque España quería integrarse en un espacio de países democráticos y libres después de la dictadura; y económica, porque quería incorporarse al mercado común. El Eurobarómetro indica que el 74% de los españoles tiene una percepción positiva de la Unión Europea y que el 77% quisiera que se tomaran todavía más decisiones en el ámbito europeo.
En los últimos días han reaparecido las críticas por la presunta concentración de poder de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, por ejemplo creando estructuras que podrían solaparse con el Servicio Europeo de Acción Exterior.
Desde el Tratado de Lisboa, existe un diseño institucional basado en dos pilares. Por un lado, está el pilar comunitario, que corresponde a la Comisión y se ha expandido a muchas áreas. Por otro, está la política exterior y de seguridad común, que no funciona según el método comunitario, sino según el método intergubernamental. Para unir esos dos pilares se creó la figura del alto representante [ahora Kaja Kallas]. El alto representante representa a la Unión Europea en política exterior, pero también es vicepresidente de la Comisión, se sienta en el Colegio de Comisarios y preside el Consejo de Asuntos Exteriores. Esa doble condición exige una gran coordinación entre la Comisión y el Servicio Europeo de Acción Exterior, que está bajo su autoridad.
«Europa genera cada año unos 300.000 millones de euros de ahorro que terminan fuera de sus fronteras»
Se habla de tensiones de Von der Leyen con Kaja Kallas, como las hubo con Josep Borrell. ¿Qué está ocurriendo?
Es normal que, al discutir determinados asuntos, surja la pregunta de si pertenecen al pilar comunitario o a la política exterior. Esa es la cuestión institucional. También es cierto que la presidenta de la Comisión ha asumido un gran liderazgo. A Europa se le reprocha muchas veces una actitud tímida…
La famosa pregunta estadounidense de a quién llamar para hablar con la UE…
Las crisis han exigido ese liderazgo: las vacunas, los fondos Next Generation EU o la guerra de Ucrania. Nadie ha estado más en primera línea en la defensa de Ucrania que la presidenta de la Comisión. Al construir su segundo Colegio de Comisarios, la presidenta ha considerado que debía dotarse de direcciones generales que, dentro de sus competencias, le permitieran ser más eficaz. La Comisión negocia los acuerdos de adhesión y tiene competencias en ámbitos como el Mediterráneo o la política de desarrollo. Eso forma parte de sus atribuciones.
Las críticas se intensificaron cuando Von der Leyen viajó a Israel poco después de los atentados del 7 de octubre. Desde entonces, Gaza ha sido uno de los principales puntos de fricción entre el Gobierno español y la Comisión Europea. ¿Cómo lo ha vivido?
No creo que haya habido una fricción entre el Gobierno español y la Comisión Europea. La presidenta de la Comisión actuó dentro del marco de sus competencias. Se sienta en el G7 y representa a la Unión en asuntos que son competencia europea. Somos el principal donante de ayuda humanitaria a Palestina. La Comisión Europea ha destinado 500 millones de euros de ayuda humanitaria desde octubre de 2023 y ha previsto 1.600 millones para el periodo 2025-2027 con el objetivo de apoyar a la Autoridad Palestina. Además, en septiembre de 2025 la Comisión propuso suspender las principales disposiciones relacionadas con el comercio del acuerdo de Asociación con Israel. Estamos esperando que exista una mayoría cualificada en el Consejo para que esa propuesta pueda aprobarse.
Madrid. 16.06.2026. Daniel Calleja, director de la oficina de la Comisión Europea en Madrid. / José Luis Roca / EPC
España envió junto a Irlanda una carta a Ursula von der Leyen en febrero de 2024 para pedir que se activaran medidas contra Israel. Desde el Gobierno sí se percibió una falta de respuesta, y que ella la metió en un cajón durante año y medio.
Esa percepción no se ajusta a la realidad. Las cartas que se reciben no se meten en un cajón. La Comisión tiene el derecho de iniciativa, pero también tiene que juzgar cuándo debe ejercerlo. Aunque la Comisión tiene derecho de iniciativa en determinadas materias, no es la que toma la decisión final: deciden los Estados. Además, en el ámbito de la política exterior rige el método intergubernamental y, por tanto, se exige unanimidad.
Con Ucrania sí hemos visto una gran capacidad de iniciativa y cómo se han buscado fórmulas para avanzar, incluso frente al veto de países como Hungría. Sin embargo, frente a lo ocurrido en Gaza muchos critican la inacción europea. ¿Por qué la Unión no ha impulsado más medidas?
Porque no había unanimidad. En materia de política exterior, la Unión Europea son los 27 ministros de Asuntos Exteriores. En el caso de Ucrania se han aprobado 20 paquetes de sanciones por unanimidad, que después se han aplicado mediante decisiones por mayoría cualificada. La Comisión y el alto representante pueden acudir al Consejo con medidas restrictivas cuando existe unanimidad entre los Estados. Esa unanimidad no se ha conseguido en el caso de Israel y Palestina.
La Unión Europea y el Gobierno español hablan de autonomía estratégica. Sin embargo, el gran proyecto europeo de avión de combate y nube de drones FCAS, que compartían Francia, Alemania y España, ha sido suspendido.
Es una malísima noticia para la autonomía estratégica y para la defensa de Europa. Desde el punto de vista de la Comisión, demuestra una vez más las limitaciones de la cooperación bilateral entre países.
La Comisión ha propuesto el programa SAFE…
Un programa que permitirá movilizar 150.000 millones de euros para financiar la industria de defensa. La Comisión no tiene competencias en defensa, pero sí en mercado interior, y hemos impulsado programas como EDIP para promover la contratación pública conjunta. Si los Estados compran conjuntamente, acabarán estandarizando sus equipos de facto. La Comisión tampoco tiene competencias de defensa pero sí sobre investigación, y por eso existe el Fondo Europeo de Defensa. Además, tenemos competencias presupuestarias. Hemos propuesto que no se active el procedimiento de déficit excesivo cuando los Estados aumenten su gasto en defensa hasta un 1,5% del PIB. Esa medida puede implicar una movilización de aproximadamente 650.000 millones de euros.
¿España se acoge a ese 1,5%?
Se ha aprobado ya, sí.

Madrid. 16.06.2026. Daniel Calleja, director de la oficina de la Comisión Europea en Madrid. / José Luis Roca / EPC
¿Hay algún caso de éxito de colaboración en defensa?
Ya hemos demostrado que el pilar comunitario puede producir grandes proyectos, como Galileo, el sistema europeo de navegación por satélite, o Copernicus.
¿Es viable un ejército europeo o de una fuerza rápida con mando común?
Ya existen misiones europeas, como la operación Atalanta contra la piratería en Somalia, además de distintas misiones en África. Pero todavía no estamos ante un ejército europeo. El comisario Andrius Kubilius planteó que, si Estados Unidos empieza a desvincularse de la defensa europea, podría concebirse la creación de unas fuerzas europeas. Los Estados tendrían que estar de acuerdo.
¿Qué diferencia habría entre esas fuerzas y el llamado pilar europeo de la OTAN?
Actualmente, si el Consejo lo decidiera, podría constituirse una política común europea de defensa sin modificar los tratados. El artículo 42.2 del Tratado de la Unión Europea lo permite mediante una decisión unánime del Consejo Europeo. Ese artículo establece que debe respetarse el estatuto constitucional de cada país, porque hay Estados miembros neutrales, y que la política europea debe ser coherente con las obligaciones derivadas de la OTAN.
Uno de los grandes asuntos pendientes es la unión de los mercados de capitales. ¿Qué avances podemos esperar?
Es un asunto fundamental. El informe Draghi señala que Europa necesita una inversión anual adicional de unos 800.000 millones de euros al año. Es evidente que los presupuestos públicos no pueden cubrir por sí solos esa cantidad. Una de las formas de completar la inversión pública es conseguir que el ahorro privado fluya hacia la economía real. Europa genera cada año unos 300.000 millones de euros de ahorro que terminan fuera de sus fronteras, especialmente en Estados Unidos.
Financiamos su desarrollo…
Ese dinero acaba financiando empresas emergentes, incubadoras y proyectos empresariales estadounidenses. El objetivo es poner en marcha la Unión de Capitales y de Inversión para que ese capital permanezca en Europa y se dirija a la economía real. En Estados Unidos existe mucha más financiación mediante capital riesgo y mercados financieros. En Europa predomina la financiación bancaria. Si conseguimos diseñar productos atractivos que canalicen el ahorro hacia las empresas europeas, podremos complementar la inversión pública.
Hace unos meses se habló de una iniciativa impulsada por Alemania para avanzar hacia una Europa a dos velocidades. ¿En qué consiste?
La Europa a varias velocidades ya existe. El euro es un ejemplo y Schengen es otro. Además, los tratados contemplan las cooperaciones reforzadas. Para ponerlas en marcha es necesario que participen al menos nueve Estados miembros. Deben utilizarse como último recurso, permanecer abiertas a los países que quieran incorporarse y ser compatibles con el marco europeo. Se han utilizado, por ejemplo, para crear la Fiscalía Europea y la patente unitaria, además de en algunas cuestiones de derecho civil. Pero no hay demasiados ejemplos. En general, es preferible avanzar mediante la mayoría cualificada. Si existe una mayoría suficiente de países, es mejor adoptar una decisión para los 27 y mantener un marco común.
¿Cuál puede ser el siguiente gran hito de la Unión Europea?
El próximo gran objetivo es lo que llamamos One Europe, One Market. La primera etapa de la integración fue el mercado común. La segunda fue el mercado único, que se puso en marcha en 1992. Ahora, de aquí a 2030, tenemos que aplicar las recomendaciones de los informes de Mario Draghi y Enrico Letta. One Europe, One Market significa conseguir un mercado único que funcione realmente y que proporcione a Europa la competitividad, la prosperidad y el crecimiento que necesita.
Vivimos en una suerte de guerra arancelaria latente…
En esta época de aranceles hemos descubierto que las barreras internas a la circulación de mercancías equivalen, según algunas estimaciones, a un arancel de aproximadamente el 44%. En el caso de los servicios, el coste equivalente puede superar el 100%. Por tanto, tenemos que integrar mercados que todavía no funcionan plenamente como un único mercado.
El mercado único era uno de los grandes logros europeos…
Pero seguimos encontrando muchas barreras. La buena noticia es que existe una hoja de ruta compartida por las presidencias del Parlamento Europeo, la Comisión y el Consejo para aprobar las medidas necesarias.
¿Qué medidas concretas se están estudiando?
En el Consejo Europeo de Chipre, informal, que tuvo lugar hace unas semanas, hay una hoja de ruta pactada por la presidenta del Parlamento Europeo, la presidenta de la Comisión y la presidenta del Consejo, con fechas para adoptar todas estas medidas de las que estamos hablando. Y puedo dar algunos ejemplos: el llamado Régimen 28. La idea es que una empresa pueda constituirse por internet en 48 horas, por unos 100 euros y sin capital mínimo, y que sus operaciones sean reconocidas en todos los Estados miembros sin tener que navegar por 27 regímenes jurídicos distintos. Otra gran línea es la simplificación. El objetivo es reducir las cargas administrativas un 25% para las empresas y un 35% para las pymes. Los paquetes ómnibus de simplificación revisan familias enteras de legislación para eliminar obligaciones innecesarias.
¿Qué país está mejor situado para ser el próximo miembro de la Unión?
La adhesión debe producirse en función de los méritos. No es un concurso de belleza. El siguiente país será el que demuestre que cumple los criterios de Copenhague. Entre los candidatos más avanzados se encuentran Albania y Montenegro. Montenegro utiliza incluso el lema de convertirse en el miembro número 28 en 2028. También están Ucrania y Moldavia.
Las nuevas medidas europeas de inmigración han generado críticas desde el centroizquierda. Entre otras cosas, se contempla trasladar a centros de detención en terceros países a familias con niños.
Lo que estamos haciendo es poner en práctica el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, que se acordó en 2024 y acaba de entrar en vigor. El pacto busca reforzar las fronteras exteriores y luchar contra la inmigración irregular y contra las mafias, pero no pretende reducir las garantías de las personas. Se prevé una lista de países seguros y la posibilidad de establecer centros en terceros países, pero debe garantizarse en todos los casos un tratamiento individualizado de las solicitudes, conforme a la Convención de Ginebra. Se trata de buscar un equilibrio entre una inmigración ordenada y no menoscabar los derechos.
¿Cómo ve el futuro de Europa?
En los próximos años Europa tiene que acelerar su integración. Nuestro gran objetivo debe ser avanzar hacia una unión política europea y profundizar en la integración industrial, económica, tecnológica, energética e incluso militar. No nos queda mucho tiempo. La situación geopolítica exige un esfuerzo enorme y Europa tiene que dar pasos decisivos en todos esos frentes. Por eso la agenda que tenemos ante nosotros es tan ambiciosa.Se habla de autonomía estratégica, aunque la presidenta von der Leyen prefiere hablar de la independencia de Europa. Es el momento de tomar las riendas de nuestro destino.
¿Es optimista al respecto?
Soy optimista porque trabajo para la Comisión Europea y porque he visto la transformación de Europa. Cuando llegué a la Comisión en 1986 no había mercado único, no existía el euro y había controles en las fronteras. Trabajé en la liberalización del transporte aéreo. Antes, una compañía aérea no podía establecerse libremente en otro país europeo. Desde entonces, el transporte aéreo se ha democratizado. Tampoco existía el programa Erasmus. Cuando uno observa con perspectiva histórica lo que hemos conseguido, comprende la dimensión del proceso europeo. El problema es que ahora los ritmos de la historia se están acelerando y es imprescindible tomar decisiones.
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