División en la UE por los contactos de Costa con Putin para negociar sobre Ucrania

La Unión Europea ha iniciado formalmente esta semana el proceso para integrar a Ucrania como miembro de pleno derecho. El recorrido será todavía largo y complicado, pero es evidente que Bruselas asume con este gesto una responsabilidad en el futuro de este país, actualmente en … guerra.
Más aún si se tiene en cuenta que Estados Unidos ha renunciado a ejercer un papel de defensa de la democracia y la libertad, y parece apostar por una paz pragmática en la que Rusia no sea humillada ni considerada como la agresora. Esta situación lleva a los europeos a tener que definir su propio rol en la búsqueda de una salida para un conflicto que ya ha superado en duración a la Primera Guerra Mundial. Y en este proceso están apareciendo las primeras divisiones, algunas a la luz del día y otras que se gestionan debajo de la mesa del Consejo. Este jueves se produjo un hecho positivo que ha servido para contener provisionalmente los desacuerdos, y es la primera vez en mucho tiempo que el documento de conclusiones del Consejo Europeo sobre Ucrania lleva la firma de los 27 países, como consecuencia del cambio de gobierno en Hungría.
Sin embargo, esta primera ocasión de consenso ha sido también un momento de tensión cuando en la noche del jueves, durante las discusiones a puerta cerrada sobre la política exterior europea, tanto el canciller alemán, Fredrich Merz, como el presidente francés, Emmanuel Macron, criticaron abiertamente al presidente del Consejo, el socialista portugués António Costa, por haber entablado un primer contacto directo con el dirigente ruso, Vladimir Putin, sabiendo que estaba haciéndolo en nombre de todos.
Según confirman varias fuentes diplomáticas, Pedro Lourtie, el jefe de gabinete de Costa, habría contactado con el Kremlin un par de veces en las últimas semanas. Para Costa, el hecho de que Trump haya instrumentalizado en el G7 el memorándum que ha alcanzado con Irán sobre Ormuz estaría abriendo la puerta a que el inquilino de la Casa Blanca pudiera optar ahora por lanzarse a lograr una negociación con Rusia y Ucrania, sin tener en cuenta los intereses de los europeos.
Sin embargo, entre los distintos gobiernos de la UE la cuestión no se ve de la misma manera. Para los bálticos, conocidos por su radical aversión hacia Rusia, o para Países Bajos, los contactos «amistosos» con Moscú resultan poco menos que venenosos. Por su parte, para el nuevo primer ministro de Bulgaria, Rumen Radev, el diálogo con Moscú es favorable y considera que la política de sanciones no ha servido para nada excepto para perjudicar a la economía comunitaria. Grecia, Chipre, Eslovaquia o incluso la muy neutral Austria están también entre los que le habrían sugerido a Costa que estableciese esos contactos preliminares.
Para Costa, Trump podría ahora optar por lanzarse a negociar con Rusia y Ucrania sin tener en cuenta los intereses de los europeos.
Con una visión un poco más amplia, se puede incluir también dentro de este debate los ataques directos contra la alta representante para la Política Exterior, la ex primera ministra de Estonia, Kaja Kallas, que se han interpretado como una disputa sobre su figura y sobre si la Comisión estaría secuestrando las competencias en política exterior que legalmente tiene que compartir con el Consejo.
Kaja Kallas lidera la línea dura
Kallas es, en efecto, la principal abanderada de una actitud dura e intransigente con la dictadura de Vladimir Putin y la mayor partidaria de endurecer las sanciones, que ya van por el vigésimo primer paquete. Y esa posición solo la comparten a medias Alemania y Francia, que no creen que haya llegado el momento de hablar con Putin, pero que al mismo tiempo consideran que, si fuera el caso, la batuta no la ha de llevar ella, sino el grupo de las principales potencias militares europeas. Es decir, Alemania y Francia junto al Reino Unido, que ya no es miembro de la UE pero sí del Consejo de Seguridad de la ONU y potencia nuclear que se conoce como el G3.
De hecho, Macron y Merz se reunieron precisamente por su lado con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, invitado a la reunión del Consejo para celebrar el inicio de las negociaciones, lo que irritó a la italiana Giorgia Meloni y al polaco Donald Tusk, uno de los más activos en la guerra. Ninguno de los dos está de acuerdo en que el proceso esté en manos exclusivamente de ese G3. Claro que, al final, la clave la dio el jefe del Gobierno belga, Bart de Wever, quien confesó a los periodistas que «lo primero que hay que saber es si Putin quiere negociar o no», y por ahora no da esa impresión.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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