Por estos días recordé ‘El libro gordo de Petete’ y ‘Topo Gigio’. Y ahí mismo me nació la nostalgia de esos programas de televisión que son parte de nuestra memoria afectiva y cultural.
‘El libro gordo de Petete’ inventó los microprogramas educativos. Su éxito estuvo en que explicaba el porqué de las cosas de manera sencilla. Recuerden que “El libro gordo te enseña, el libro gordo entretiene, y yo te digo contenta, hasta la clase que viene”.
Topo Gigio fue un tierno ratón de ojos caídos, orejas grandes, cabello rubio y una personalidad inocente, pacífica y preguntona. Nos marcó porque fue el encargado de enviar a los niños a dormir con su famosa canción «Hasta mañana, que descansen bien».
‘Don Chinche’. Foto:Archivo El Tiempo
Y recordé el peor programa de televisión que yo mismo realicé que se llamaba ‘Educadores de Hombres Nuevos’, un programa que buscaba que a todos nos importara la educación como clave del cambio social. O esa belleza de conversa de Ramón de Zubiría y Aberlado Forero Benavides en ‘El pasado en presente’.
Invoqué a ‘Padres e Hijos’ que nos acompañó con risas y morales los almuerzos y era como el postre. Y a las risas culturales que nos sacaban las comedias como ‘Don Chinche’, en clave de ironía popular o la recursividad boyacense de ‘Romeo y Buseta’, lo cachaco de ‘Dejémonos de vainas’, o el morbo acosador de los machitos en ‘Vuelo Secreto’.
Evoqué telenovelas que nos contaron a la Colombia regional como ‘Gallito Ramírez’, ‘Caballo Viejo’, ‘El Divino’, ‘San Tropel’. O ese neorealismo de los ‘Victorinos’ (‘Cuando quiero llorar, no lloro’), ‘NN’, ‘Amar y vivir’ o ‘La historia de Tita’.
O esas maneras de hacer excelente televisión con historias cuidadas como las del ‘Cuento del domingo’. Y aprender de nuestra historia oficial con ‘Revivamos nuestra historia’.
Kevin y su familia hicieron historia en ‘Los años maravillosos’. Foto:ABC
Añoré concursos muy bonitos y simples como ‘Concéntrese’, ‘El precio es correcto’ y ‘Quiere Cacao’. La gozadera de la música que nos pega en el corazón o pone a mover el esqueleto con ‘El show de Jimmy’ y ‘El show de las estrellas’. Y suspiré ese gran programa de variedades llamado ‘Animalandia’ con el icónico Pacheco, o como nos enseñaron a querer la naturaleza en ‘Naturalia’ con doña Gloria Valencia de Castaño, o ‘El Mundo al Vuelo’ y ‘Espectaculares JES’.
Geniales fueron ‘Caso Juzgado’, basado en hechos judiciales del F2, un gran programa policíaco, un CSI a la colombiana. Y los miedosos ‘Cuentos de la cripta’. O el divertido ‘Super agente 86’. O los maravillosos ‘Auto fantástico’, ‘El hombre increíble’, ‘El hombre nuclear’. O esa granja del oeste gringo que nos encantaba llamada ‘Bonanza’.
Nostalgia total por ‘Thundercats’ en modo dibujitos o el entrañable humor de ‘Los Años maravillosos’. Los infantiles ‘Okidoki’ y ‘Pequeños gigantes’. El humor único e icónico de Jaime Garzón con ‘Zoociedad’ y ‘Quac, el noticero’. Y ‘La Tele’, de De Francisco y Moure.
Y usted, ¿qué añora? Escríbame a [email protected]y celebremos que la televisión es esa memoria afectiva cotidiana que nos habita. ¡Viva la tele!