Kiev vuelve a lanzar sus drones contra Moscú: «Tengo que ir al sur de la ciudad pero me da miedo, ahí tiemblan las ventanas cada noche y nadie nos informa» | elmundo.es

Moscú vuelve a estar bajo un ataque de drones por segundo día consecutivo. Tras la oleada masiva del jueves, que golpeó la refinería de Kapotnya y dejó daños en varios municipios de la región de Moscú, las autoridades rusas aseguran que este viernes derribaron al menos 36 drones en dirección a la capital. La nueva oleada ha obligado a restringir de nuevo la actividad en los aeropuertos moscovitas: Domodedovo y Zhukovsky quedaron temporalmente cerrados, mientras Sheremetyevo y Vnukovo operaron solo parcialmente. Las autoridades de la región de Moscú han informado de la muerte de una niña de ocho años en el ataque de ayer.
Después del ataque de drones más fuerte contra Moscú desde el inicio de la guerra y a pesar de las apocalípticas escenas que asustaron a los rusos ayer, el Kremlin ha sacado pecho sobre los «altos índices» de eficacia del sistema de defensa aérea. Según el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, los ataques con drones de las Fuerzas Armadas de Ucrania «de hecho, continúan», pero «se están tomando las medidas adecuadas para eliminar las consecuencias». «[Se demuestran] los altos índices de funcionamiento de los sistemas de defensa aérea, a pesar de todo», dijo a los periodistas.
A causa del ataque de ayer contra la capital, y a pesar de las defensas rusas, una niña de ocho años murió en Zhukovsky. La pequeña falleció durante un incendio, confirmó el gobernador de la región de Moscú, Andrei Vorobiev. Según el mandatario, la niña se encontraba en casa con su abuela, que no resultó herida. «Expreso mis más sinceras condolencias a los familiares y amigos. Prestaremos a la familia toda la ayuda y el apoyo necesarios», declaró el jefe del gobierno de la región».
Las televisiones rusas, sometidas al control del Kremlin, no dieron el jueves, por la noche, ni un minuto sobre el mayor ataque contra Moscú desde la Segunda Guerra Mundial. Parece que los periódicos sólo fueron autorizados a dar la foto de un coche parcialmente quemado, mientras las imágenes de una tapa de un depósito de combustible daban la vuelta al mundo.
Los medios escritos rusos reproducían, esta mañana, de manera sincronizada la misma idea: «La destrucción que está causando nuestro ejército en Ucrania es mucho mayor», aseveraban periódicos como Moskovski Komsomolets y el diario estatal Rossiskaya Gazeta. Kommersant era lacónico en su titular: «Incursión matutina», repasando puntualmente la destrucción pero dando la foto menos espectacular, la del coche humeante, convertido en fetiche de una seminormalidad que nadie se cree pero que es peligroso desafiar. La agencia TASS sólo se atrevía a dar como foto del día la del presidente ruso Vladimir Putin durante la sesión plenaria de la V Cumbre Rusia-ASEAN. Komsomolskaya Pravda daba una foto de archivo de una defensa antiaérea rusa, como si no hubiese nada que fotografiar.
Los medios rusos independientes, forzados al exilio por las mismas autoridades rusas que denuncian la censura y rusofobia occidental, lo contaban justo al revés: «Moscú bajo el mayor ataque», «arde la refinería de Kapotnya», «cerrados todos los aeropuertos» y «humo negro sobre la capital» eran los titulares del día.
Desde mayo, Moscú prohíbe publicar imágenes o detalles de las consecuencias de ataques con drones antes de la versión oficial, una censura que impide a vecinos y medios mostrar impactos, incendios o restos de aparatos sin arriesgarse a multas. Aun así, la redes sociales se inundaron de imágenes del espectacular ataque de ayer, que en el cuarto año de invasión la línea oficial rusa etiquetó de «terrorista».
SEGUNDO DÍA DE ATAQUES EN MOSCÚ
Tras la conmoción moscovita del jueves, Ucrania ha repetido la operación. La nueva oleada empezó al mediodía de hoy viernes. Primero se informó de tres drones derribados en dirección a Moscú; luego el acumulado subió a 25, después a 35 y a 36, siempre según mensajes del alcalde Sergei Sobianin en el canal gubernamental Max. En todos los avisos se repetía la misma fórmula oficial: equipos de emergencia trabajan en los lugares de caída de restos. En redes sociales volvieron a verse imágenes escalofriantes de drones volando junto a altos edificios de la capital. De momento, las autoridades no han informado de nuevos impactos directos ni de daños importantes este viernes.
De nuevo ha habido impacto en aeropuertos. El principal, Domodedovo, y también el aeropuerto mediano de Zhukovsky dejaron temporalmente de recibir y despachar vuelos. Sheremetyevo y Vnukovo operaban parcialmente «por coordinación» con las autoridades. Desde las nueve de la mañana había unas 60 salidas retrasadas en los aeropuertos moscovitas. Inna, madre de tres hijos, era una de las afectadas: «Teníamos que haber volado ayer pero de nuevo el aeropuerto está bloqueado», explica a este periódico tratando de asumir que parte de los planes de verano se han ido al traste. Irina, que tiene que ir a ver a su madre a Kaluga, lleva días posponiendo el viaje: «Allí las ventanas tiemblan por las noches, pero nadie nos avisa de la llegada de drones», explicaba por chat. Svetlana, entrevistada de Novaya Evropa reside en el distrito de Pechatniki (una zona principalmente residencial e industrial ubicada en el sureste de la capital) y asegura que lo más sorprendente fue que no hubo ninguna advertencia sobre cómo actuar en caso de peligro.
Cuando el jueves drones ucranianos atacaron Moscú y la región, el objetivo principal fue la refinería de petróleo de la capital. Varios residentes del sureste de Moscú le contaron al medio Bereg que los despertó un «terrible estruendo»: los ataques comenzaron alrededor de las 5 de la mañana. En la empresa se produjo un gran incendio, y los residentes de los distritos vecinos y de las ciudades de la región de Moscú se enfrentaron a una «lluvia de petróleo» y a un olor ahumado y picante.
En el ensanche de Kotelniki, grupos de vecinos removían, ayer, restos de dron encontrando fascinados inscripciones en ucraniano. En total, 18 edificios de apartamentos resultaron dañados durante el ataque en la región. En muchas zonas la señal GPS era irregular, un mar de rumores mezclado con miedo de algunos e indiferencia de otros. Sasha, de 30 años, volvió a llamar a su ex: «Los drones pasaron a diez kilómetros de mi casa, pero muy cerca de la suya». El alcalde de Moscú, Serguei Sobyanin habló de cerca de 200 drones derribados en dirección a la capital; el Ministerio de Defensa ruso dijo haber derribado 555 drones en toda Rusia durante la noche, y después otros 234 durante el día. Y en el amanecer del viernes muchos moscovitas volvieron a mirar al cielo, el lugar donde Kiev les está dibujando la guerra.
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