ROBERTO VANNACCI | La traición a Salvini que le puede costar caro a Meloni | elperiodico.com

Hay traiciones que tardan años en cuajar y otras, apenas un sondeo. Matteo Salvini fichó a Roberto Vannacci, lo subió al podio, lo mandó de eurodiputado a Bruselas como su gran activo de la derecha dura; el general le devolvió el favor marchándose en febrero para montar su propio partido, Futuro Nazionale. Esta semana, ese mismo partido alcanzó a la Liga en las encuestas. Lo que se está convirtiendo no solo en un quebradero de cabeza para Salvini, sino también para la primera ministra, Giorgia Meloni.
La razón: desde que se fue de la Liga, Vannacci –un tipo que cree que las mujeres deben quedarse en casa, que los homosexuales no son «normales» y que los negros no representan la italianidad– se dedica a comerle el electorado a su antigua formación y, cuando puede, también algún bocado a Hermanos de Italia, porque ha decidido que tanto Salvini como Meloni son unos tibios. El resultado es que el verdadero problema de Meloni ya no es Salvini y sus salidas de tono —el ministro que un día insulta a un juez y al siguiente posa con un peluche en un mitin—, sino que necesita a la Liga para gobernar, y la Liga se le deshace en las manos.
Los números explican la urgencia de la situación. De acuerdo con un sondeo de SWG para el canal de televisión Tg La7, realizado entre el 10 y el 15 de junio, Futuro Nazionale ya se situaría en un 5,3%, exactamente en el mismo lugar que la Liga. En paralelo, Hermanos de Italia habría retrocedido al 27% (-0,4 puntos), mientras habrían subido ligeramente el Partido Democrático (22%), el Movimiento 5 Estrellas (13%) y Forza Italia (7%). Con ello, es la primera vez que el partido del general alcanza al de Salvini, algo impesable hasta hace pocos meses.
El voto palurdo
Tanto es así que incluso Meloni, después de meses de indiferencia, ha decidido finalmente romper su silencio y responder al general. Lo ha hecho dos veces en público en poco más de una semana, delatando tanto cálculo como nerviosismo. La primera, el 11 de junio en la Cámara, cuando recordó a los parlamentarios de Vannacci (una docena ya) que habían votado seis veces contra la confianza al Gobierno junto a la oposición. «La verdadera derecha nunca es funcional para la izquierda», dijo entonces la jefa del Ejecutivo .
Sin embargo, el fin de semana del 13 al 14 de junio, Vannacci convocó en Roma, en el Auditorio de la Conciliación, la asamblea constituyente de su partido: 1.700 delegados, entrada vetada a la prensa generalista y un general en mangas de camisa que, sin tapujos, dejó claro a quién apela para hacerse un hueco en la política de la bota itálica: como en su momento hizo el mismísimo Donald Trump, a ese voto antisistema que siente que el sistema le ha marginado y lo considera un palurdo. «Representamos a la escoria [de la sociedad] y estamos orgullosos de ello», dijo Vannacci.
El general no tardó mucho en responder a Meloni. «Nos han dicho que estamos ayudando a la izquierda. Pero ¿debería aliarme ahora con esta coalición de centroderecha que sigue adelante con la agenda Draghi, el green deal? O con nosotros, Futuro Nazionale, guardianes del soberanismo, o con Von der Leyen, Draghi, las multinacionales y el globalismo», afirmó. También en la izquierda italiana hay ya quien no disimula cierto regocijo culpable. El activista y periodista Alessandro Sahebi lo resumió sin medias tintas en su Substack. «Cada voto que el general araña es un voto que pierde Meloni, y eso basta para que, en voz baja, animemos al hombre al que decimos despreciar», ha afirmado.
Contener los daños
No todos creen que el techo de Vannacci esté en alcanzar a la Liga. Francesco Cancellato, director de Fanpage, sostiene que el recorrido del general apenas empieza: en otros países europeos, formaciones nacidas de escisiones idénticas en la extrema derecha no se han detenido al emparejarse con su partido de origen, sino que han terminado amenazando directamente a quien las desdeñó. Vannacci, en su lectura, encaja en ese patrón. «No miren el sorpasso a la Liga: Vannacci, antes o después, amenazará a Meloni», ha dicho Cancellato.
Ugo Magri, en el HuffPost italiano, lo plantea en términos todavía más crudos: el general es «una desgracia» para la primera ministra, que hará lo posible por contenerlo, desacreditarlo y, si puede, liquidarlo políticamente, según él. Aun así, de acuerdo con Magri, el día en que no le quede otra alternativa, Meloni terminará tragándoselo con gusto.
La batalla ya se mueve sobre distintos frentes y terrenos, algunos muy delicados. Como el feminicidio, que, según Vannacci, no existe. «En lo que respecta al feminicidio, creo que ya he demostrado lo que pienso con una ley que este Gobierno aprobó para introducir el delito de feminicidio», ha reivindicado la líder. «Porque la cuestión de tipificar el feminicidio como delito está en la motivación, el no aceptar la libertad de una mujer», ha dicho.
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En la sección: El Periódico – internacional
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