La diáspora venezolana, al rescate: «Pasado el impacto, la catástrofe empieza ahora» – AlbertoNews

La directora general de una firma de abogados entra a su oficina cargada de bolsas. Lleva pañales. Muchos. Desde este viernes, y durante todo el fin de semana, su despacho en la calle Oñate, número 10, se ha convertido en un centro de acopio para recibir suministros destinados a los afectados por los terremotos en Venezuela. «Teníamos que buscar una forma de ayudar, de hacerlo nosotros», sostiene la letrada venezolana María Gabriela Aguilar, escéptica ante la capacidad de reacción del Gobierno de Delcy Rodríguez frente a la crisis.
A pesar de la celeridad con la que se improvisó la iniciativa, la respuesta ha sido abrumadora. Mientras ABC conversa con el equipo de AMS Abogados, no dejan de afluir personas que entran y salen con más bolsas para descargar en improvisados anaqueles agua potable, alimentos no perecederos y artículos de higiene.
La mayoría son venezolanos, pero también acuden españoles, mexicanos, ecuatorianos e italianos. Hasta la dueña de la farmacia de la esquina, española, se ha sumado con un generoso aporte de medicinas.
«Muchos nos preguntan por dinero, pero nosotros no lo recolectamos», aclara Aguilar. El único efectivo que recibió fue una transferencia de unas amigas en el extranjero, que invirtió inmediatamente en el supermercado. De ahí que entrara al despacho con montones de bolsas con productos para bebés.
El dolor y la urgencia movilizan a la diáspora. Javier Rivero entra a la oficina con su hijo y vacía su carrito de compra. Tiene familia en Venezuela y cuenta que su prima estuvo desaparecida un tiempo bajo los escombros en La Guaira, aunque ya la han localizado. Sus allegados le describen la situación allí como una experiencia apocalíptica y asegura que ha venido a poner su grano de arena. Pero también lamenta que no haya «una acción rápida por parte del Estado, que no está. Está la gente con sus manos sacando escombros», dice con impotencia. «El país no está preparado para esto. El impacto del terremoto pasó, pero la catástrofe empieza ahora».
Para Armando Izaguirre, asesor jurídico del despacho, la respuesta de la gente demuestra que «la solidaridad no tiene fronteras» y que «cada voluntario y cada insumo transforman la ayuda en esperanza recordándonos que juntos podemos levantarnos».
El cuello de botella: vuelos y política
Aguilar dispuso el espacio de su bufete, pero de la logística se encarga la red de colaboradores de María Corina Machado en Madrid. En lo que hasta hace unas horas era una sala de reuniones, dos mesas apiladas funcionan hoy como estanterías. Allí, varios voluntarios clasifican todo por categorías, llevan un registro y sellan cajas identificadas.
La abogada María Laura Márquez, del comité de derechos humanos de Vente Venezuela, coordina el empaquetado y explica que están tocando todas las puertas que pueden para que la ayuda fluya con rapidez. Ante la inoperatividad de los entes oficiales, se apoyan en la empresa privada: son compañías quienes donan cajas y a quienes piden presupuestos para fletar carga aérea de la forma más económica posible. Es un reto mayúsculo, pues el principal aeropuerto internacional que sirve a Caracas ha quedado inhabilitado tras los terremotos. Ahora, intentan gestionar los envíos a través del Gobierno español o embajadas como las de Colombia, Estados Unidos o Ecuador para aprovechar los escasos vuelos autorizados.
Pero el mayor obstáculo no es aéreo, sino político. Ellos garantizan la recolección en Madrid, pero nadie sabe con certeza qué pasará cuando las cajas toquen suelo venezolano. «El régimen está haciendo uso de la fuerza. Les están quitando lo que la gente regala para entregarlo en nombre del PSUV (partido oficialista)», denuncia una voluntaria que exige anonimato por miedo a represalias contra su familia en Venezuela. «Que no haya bomberos ni hospitales abastecidos es culpa de ellos, y encima se ensañan con quienes quieren ayudar».
Clausura de puntos de recogida
Se refiere a las denuncias que llegan desde el interior de Venezuela. En el estado Portuguesa, al oeste del país las autoridades han comenzado a intervenir los centros vecinales, prohibiendo la distribución directa de la ayuda ciudadana y obligando a entregar la mercancía al Estado. La censura llega al punto de prohibir el término «centro de acopio», exigiendo arbitrariamente que se llame «recolección de insumos». A 200 kilómetros de allí, en Carabobo, la Policía se desplegó este jueves no para asistir en la catástrofe, sino para clausurar por la fuerza los puntos de recogida civiles.
La capital del país tampoco escapa a este cerco gubernamental. En el sector caraqueño de Altamira, Vente Venezuela denunció este viernes que funcionarios policiales retuvieron un camión cargado con suministros humanitarios, impidiendo su avance bajo la exigencia de que la carga sea trasladada únicamente en los vehículos de los propios agentes. «En medio de esta emergencia, la ayuda debe llegar sin obstáculos. Exigimos que se permita el traslado inmediato de estos insumos», reclamaron desde la organización.
Ante esta escalada de bloqueos, el equipo de Machado denuncia que: «No tenemos que pedirle permiso al PSUV para ayudar a nuestros hermanos que están en estado crítico. Esto no se trata de colores políticos, se trata de ayuda humanitaria». Una ayuda que no escasea tanto como la disposición del chavismo para que le llegue a la mayor cantidad de gente lo más rápido posible.
Fuente de TenemosNoticias.com: albertonews.com
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