Temor en el Líbano a una guerra civil con Hizbolá por el acuerdo del Gobierno con Israel

Curiosamente, eso es lo mismo que dice también el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, pero por motivos bien distintos. Según Qassem, con este pacto el Líbano está «legitimando» la ocupación judía y renunciando a su «soberanía».
Tras su discurso, en cuestión de minutos aparecieron motocicletas de seguidores de Hizbolá que comenzaron a correr por las calles de la capital libanesa, especialmente cerca del Parlamento y en la carretera hacia el aeropuerto. Neumáticos en llamas bloquearon las vías principales. Junto a estandartes negros, amarillos, rojos y verdes, entre las banderas que ondeaba esta guerrilla destacaban las de Irán: las mismas que se habían visto pocas horas antes durante las conmemoraciones de la Ashura por el martirio de Hussein, la celebración más importante para los musulmanes chiíes.
«Esta gente hace todo lo posible por demostrar que Irán y Hizbolá no han sido aniquilados», comenta Hadi. Aunque él mismo es chií, apoya el acuerdo porque «las negociaciones son mejores que la guerra. Cualquier diálogo que pueda aliviar las tensiones y evitar más destrucción es un paso positivo». No obstante, alberga dudas: «¿Era este el mejor momento? Es difícil decirlo. El Líbano atraviesa una etapa difícil; es vulnerable y no está negociando precisamente desde una posición de fuerza». Hadi no está de acuerdo con Hizbolá, pero reconoce que «es un actor clave porque, para que cualquier acuerdo tenga posibilidades de prosperar, necesita su aprobación».
Por su parte, una fuente diplomática autorizada confirma que «el pacto exige el desarme de los grupos armados no estatales: específicamente y, ante todo, de Hizbolá. Sin embargo, Hizbolá no ha firmado el acuerdo, lo que podría resultar problemático».
Pero Michel Fayad, analista geopolítico especializado en Oriente Próximo, objeta que «sus ministros forman parte del Gobierno libanés, que es firmante del acuerdo. Entonces, ese argumento no se sostiene».
El complicado papel del Ejército libanés
Tal y como recuerda la fuente diplomática, «el texto asigna un papel central al Ejército libanés. Contempla que sus militares tomen gradualmente el control de ‘zonas piloto’ tras el desarme de Hizbolá y el desmantelamiento de su infraestructura. Cabe esperar que las Fuerzas Armadas Libanesas (LAF) logren hacer lo que hasta ahora no han conseguido ». Pero admite con cautela que «ciertamente, hasta ahora no han mostrado gran entusiasmo por perseguir este objetivo».
En cualquier caso, el Ejército intervino con fuerza y determinación, el viernes en Beirut y el sábado en el valle de la Becá. Por ese motivo, el doctor Fouad Abou Nader, ex comandante en jefe de las Fuerzas Libanesas y partidario de un tratado de paz entre Israel y el Líbano, destaca las declaraciones del mando militar en Beirut afirmando que «no tolerará ninguna amenaza a la seguridad ni a la paz civil».
Y es que existe una fuerte preocupación entre la población ante una posible confrontación del Ejército libanés con los guerrilleros de Hizbolá. Hassan Fadlallah, diputado del partido chií, augura tal choque y afirma que las autoridades libanesas solo podrían aplicar este acuerdo «sumiendo al país en una guerra civil». El presidente del Parlamento, Nabih Berri, emplea un lenguaje más comedido, pero igualmente explícito: «Examiné el contenido del acuerdo marco; lo leí y percibí discordia en él».
«Las autoridades solo podrían aplicar el acuerdo con Israel sumiendo al país en una guerra civil»
Hassan Fadlallah
Diputado chií
Algunos temen un estallido de conflicto interno entre suníes y chiíes. Hassan, un chií opuesto a Hezbolá, explica que «es un momento muy delicado para nosotros: podríamos enfrentarnos a una confrontación con Israel o, lo que es peor, a la implicación de Ahmed al Sharaa y, por extensión, de Siria ». Este escenario ha sido planteado últimamente por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien desearía que el nuevo líder sirio, un antiguo yihadista de Al Qaida, se ocupara personalmente de Hizbolá. Solo su mera suposición infunde terror entre la comunidad chií.
Fabrice Balanche, especialista en Siria, explica que «Ahmed Al Sharaa sueña con controlar el Líbano, tal como hizo el dictador Hafez al Assad en 1976. Está esperando que Trump y los saudíes le imploren que intervenga, o que un incidente fronterizo justifique su entrada en territorio libanés. En este momento, está elevando la apuesta. Por eso, bien podríamos dirigirnos hacia un enfrentamiento suní-chií en Oriente Próximo».
La carretera hacia Zahleh, en el valle de la Becá, ilustra este riesgo potencial. Durante este periodo de la Ashura, en las localidades chiíes se exhiben banderas en honor a Husein, junto a banderas de la milicia o fotografías de Ali Jamenei, Hasán Nasralá y combatientes declarados «mártires» en esta guerra.
«No somos una plaga»
En el pueblo de Taalabaya, donde vive una abundante comunidad suní, no hay banderas a lo largo de la carretera principal. Allí no se celebra la Ashura. Otras fotografías llaman la atención: imágenes falsas de Ahmed al Sharaa con el difunto dictador iraquí, Sadam Husein, o con el ‘hombre fuerte’ de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman. En otra de estas imágenes recreadas aparece estrechando la mano del primer ministro libanés, Nawaf Salam. Un pie de foto acompaña la imagen: «No somos una plaga, una enfermedad. Somos una nación». Hadi lo interpreta así: «En otras palabras, significa que los suníes son un pueblo, la cura, la solución. La imagen de Al Sharaa sirve para mostrar que se le percibe como una fuente de apoyo para los suníes libaneses».
A la espera de confirmar o desmentir estas hipótesis, reina una calma relativa en el sur del Líbano, pero el Ejército israelí sigue llevando a cabo ataques en Nabatiye y operaciones de demolición cerca de Bint Jbeil o de Tiro. También se observan movimientos de tanques y, en el cielo de Beirut, los drones israelíes siguen haciendo sentir su presencia con estruendo.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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