Japón necesita extranjeros, pero muchos enfrentan rechazo

«Iba a ser un golpe muy duro. Es demasiado pagar 100.000 yenes cada tres años para renovar mi visa», dice Srijana Sunar, una mujer nepalesa de 29 años que trabaja en fábricas en Japón desde 2018. Su salario mensual es de 145.000 yenes (unos 900 dólares).
A finales de mayo, el gobierno japonés aprobó una ley que eleva hasta 10 veces la tarifa máxima para cambiar el estatus de residencia o renovar el permiso de permanencia: pasará de los actuales 10.000 yenes a 100.000 yenes antes de finales de marzo de 2027.
El esposo de Srijana, Spandan Sunar, trabaja en Japón desde 2016, primero en una empresa de transporte y luego en una escuela de japonés. En declaraciones a DW, asegura que sus años de esfuerzo «no han sido recompensados» por la sociedad japonesa.
«No somos recién llegados. Tenemos un estatus migratorio regular, cumplimos las normas y pagamos impuestos, pero nuestra libertad para elegir trabajo y condiciones laborales es muy limitada», afirma en un japonés fluido.
La pareja, que se casó en Japón en 2022, espera poder solicitar la residencia permanente, pero solo si logra costearla.
La misma ley también eleva el límite máximo de la tarifa para obtener la residencia permanente, que pasará de 10.000 a 300.000 yenes.
El declive demográfico en Japón
En abril de 2025, Japón tenía unos 119,7 millones de ciudadanos japoneses, 941.000 menos que un año antes, según la oficina de estadísticas del país.
Al mismo tiempo, la población extranjera sigue aumentando a un ritmo que compensa aproximadamente 40 por ciento de esa caída. De acuerdo con la Agencia de Servicios de Inmigración, a finales de 2025 vivían en Japón unos 4,1 millones de extranjeros, más de 356.000 más que el año anterior.
«Los trabajadores extranjeros son indispensables, sin ellos la sociedad no podría funcionar», afirma a DW Toshihiro Menju, experto en política migratoria japonesa.
«No es posible cubrir por completo la escasez de mano de obra únicamente con una mayor participación de las mujeres o mediante el uso de robots«, explica Menju, quien además es profesor visitante en la Universidad Kansai de Estudios Internacionales.
Japón endurece su política migratoria
En enero, el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi acordó un paquete de medidas más estrictas para los ciudadanos extranjeros.
El nombre oficial del paquete puede traducirse como «medidas integrales para la acogida y la convivencia con ciudadanos extranjeros».
Entre las nuevas medidas figura duplicar de cinco a 10 años consecutivos el período de residencia exigido para solicitar la naturalización e introducir requisitos de dominio del idioma japonés para acceder a la residencia permanente.
Crece el rechazo hacia los extranjeros
El endurecimiento de la política hacia los extranjeros coincide con un aumento de la preocupación por parte de la población japonesa.
Según una encuesta por correo realizada por Nikkei entre octubre y diciembre de 2025, 37 por ciento de los consultados considera que «no es positivo» que aumente el número de extranjeros en los lugares de trabajo y las comunidades, 10 puntos porcentuales más que en el sondeo de 2024.
Un consultor japonés de 26 años que vive en Tokio y pidió permanecer en el anonimato comenta a DW que le preocupa que «la convivencia con los extranjeros se haya promovido de manera descontrolada, sin suficiente comprensión mutua ni acuerdos sobre cuestiones relacionadas con la seguridad pública y las normas sociales».
«Por ejemplo, en Japón existe un consenso implícito de que en los espacios públicos hay que ser considerado con los demás. Sin embargo, veo personas que escuchan música sin auriculares o hablan por teléfono en los trenes, conductas que incomodan a mucha gente. Los japoneses suelen evitar llamar la atención directamente y aunque se sienten incómodos nadie dice nada», explica.
La ultraderecha japonesa gana terreno
El partido ultraderechista Sanseito ha sabido capitalizar ese creciente malestar social con su lema «Japón primero» y obtuvo importantes avances en las elecciones a la Cámara Alta celebradas en julio de 2025.
Sachi Takaya, profesora asociada de la Universidad de Tokio, explica a DW que «Sanseito logró instalar en la agenda pública el tema de los extranjeros».
«El gobierno de Takaichi sostiene que traza una línea clara entre sus políticas y la xenofobia, pero en la práctica ha impulsado políticas xenófobas«, afirma.
Para Spandan Sunar, el trabajador nepalí que lleva 10 años viviendo y trabajando en Japón, el futuro genera incertidumbre. Pero a pesar del aumento de los costos y del endurecimiento de las políticas migratorias, él y su esposa sienten que tienen pocas alternativas.
«No nos queda otra opción que quedarnos en Japón», afirma. Sería «una pérdida» para el país si las nuevas políticas terminaran obligando a los trabajadores extranjeros a marcharse, advierte.
«Crear un entorno en el que se nos anime a quedarnos y contribuir a la sociedad terminaría beneficiando a Japón», concluye.
(md/rr)
Fuente de TenemosNoticias.com: www.dw.com
En la sección: Deutsche Welle: DW.COM – Internacional
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