Crónica desde Buenos Aires: Los porteros de los edificios y el arte de derrochar agua cuando se cree que es eterna | elperiodico.com

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hay unos 122.000 edificios que agrupan a más de 1,6 millones de unidades funcionales entre apartamentos, oficinas y locales comerciales. Todas las fachadas suelen ser distintas. Hay algunos barrios, en especial los más prósperos, que tienen mayor homogeneidad. Quedan igualados por el poder del dinero. Pero en general es difícil encontrar una construcción seguida de otra igual en buena parte de las 12.192 manzanas. El eclecticismo es tal que se puede pasar en 100 metros del estilo francés al Art Nouveau, del Art Déco, al Neoclásico y el Racionalismo, del refinamiento al mal gusto, con caminar algunos pasos.
Ezequiel Martínez Estrada, uno de los grandes intelectuales de Argentina de la primera mitad del siglo XX, veía a la ciudad como un pastiche urbano, una máscara de cemento carente de un alma o identidad orgánica profunda. Y así como es difícil jugar al juego de las semejanzas arquitectónicas, hay otras cosas relacionadas con los edificios que se parecen como gotas de agua: los encargados. Más de la mitad de los apartamentos cuentan al menos con uno. Los también llamados «porteros» forman a estas alturas parte del paisaje citadino. Unos 40.000 encargados no viven en los edificios. Los demás habitan alguna de sus unidades.
Como si participaran de una coreografía colectiva, miles de «porteros» repiten el mismo ritual matutino de limpiar las veredas con una manguera durante unos 30 minutos. Casi nunca utilizan un escobillón. Vade retro. Empujan las hojas que caen de los árboles, con la fuerza del agua. A veces, conversan entre ellos. En otras ocasiones se acompañan de la música que suena en sus celulares. Realizan sus tareas ensimismadas, al ritmo de la canción preferida. Cada seis segundos que dejan correr el agua, se echa a perder un litro de agua potable. Diez minutos consumen 100 litros. Se calcula que durante esas horas gastan en total 24.581.250 de litros, lo que equivale al consumo diario de medio millón de personas. Muy pocos vecinos denuncian ante el municipio el uso indebido del agua. Una ordenanza municipal exige que se utilicen cubos o una manguera equipada con un dispositivo de corte automático. Está prohibido el riego continuo. Pero es frecuente observar lo contrario.
Las restricciones corrientes en España u otros países como Italia o Francia serían insólitas en esta ciudad. El Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (SUTERH) llama al «uso responsable» del agua los lunes, miércoles, viernes, sábados y domingos. El ritual de las mañanas no se ha modificado sustancialmente. Se ha naturalizado el derroche.
La serie El encargado que dirigen Mariano Cohn y Gastón Duprat, y es protagonizada por el popular actor Guillermo Francella, convirtió a la limpieza exterior del lujoso inmueble donde transcurre la trama en una de sus escenas más reconocibles. Eliseo, el personaje principal, amo y señor de un edificio habitado por familiares de clase media alta, utiliza la manguera como un atributo de mando. El agua corre de manera simbólica. Más que limpiar, demarca un territorio de poder personal. Le recuerda al espectador que siempre es mejor llevarse bien con alguien como él.
Cuando se estrenó la primera temporada de la serie, los encargados «reales» se sintieron objeto de una burla difamatoria. Eliseo, es decir Francella, los mostraba en las pantallas de una manera que excedía la caricatura. «No nos representa en lo más mínimo su violenta corrupción», se quejaron a través de un comunicado. Francella lo consideró absurdo y un «exagerado» acto de «mediocridad intelectual». El encargado, dijo, es apenas una ficción, el relato que gira alrededor de un personaje tan oscuro como sagaz.
La popularidad de la serie nunca estuvo en riesgo. De hecho, en abril pasado se estrenó la cuarta temporada, con un Eliseo que lleva el arte del engaño y la conspiración a niveles de desopilantes, sin nunca abandonar su carácter misántropo. Se hace pasar por muerto y «resucita» a último momento para estupor de los habitantes del edificio y otros enemigos comunes. Acaba de anunciarse un nuevo ciclo para 2027. ¿Qué más podría hacer el personaje después de desempeñarse como asesor presidencial? El edificio donde transcurre la historia, ubicado en el barrio de Belgrano, se ha convertido en paseo turístico. La gente se toma una foto frente a la puerta. Imagina que, de repente, sale Eliseo y los asusta con su manguera.
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