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Un estudio reescribe la historia de América: los primeros pobladores pudieron acelerar la extinción de los gigantes del Pleistoceno, según un análisis de 50 yacimientos

📅 🕐 hace un momento🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 9 min de lectura
Un estudio reescribe la historia de América: los primeros pobladores pudieron acelerar la extinción de los gigantes del Pleistoceno, según un análisis de 50 yacimientos
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A lo largo de muchas décadas, una de las grandes preguntas de la arqueología americana ha permanecido abierta: ¿cómo lograron los primeros grupos humanos expandirse desde Alaska hasta el extremo sur de Sudamérica en apenas unos siglos? La respuesta ha dividido a los especialistas entre quienes defendían que aquellos cazadores-recolectores se adaptaban rápidamente a cada ecosistema consumiendo una amplia variedad de recursos y quienes sostenían que, por el contrario, perseguían un número muy reducido de grandes animales allí donde se encontraran.

Ahora, un amplio estudio internacional acaba de inclinar la balanza con una de las revisiones más completas realizadas hasta la fecha. La investigación, publicada en la revista Science Advances, analizó el registro faunístico de 50 yacimientos arqueológicos distribuidos por todo el continente americano y concluye que los primeros paleoindios fueron cazadores altamente especializados. Su dieta dependía, de forma abrumadora, de los mayores herbívoros del planeta: mamuts, gonfoterios y enormes perezosos terrestres.

El trabajo, liderado por Ben Potter, de la Universidad de Alaska Fairbanks, y James Chatters, de la Universidad McMaster, aporta una nueva explicación para comprender tanto la extraordinaria velocidad con la que los seres humanos colonizaron América como la desaparición progresiva de buena parte de la megafauna al final del Pleistoceno. Tal y como revela el estudio, ambos fenómenos podrían estar mucho más relacionados de lo que tradicionalmente se había pensado.

Los investigadores reunieron especialistas de Estados Unidos, Canadá y Argentina para revisar de forma sistemática las evidencias disponibles desde Alaska hasta la Patagonia. El resultado ofrece una imagen sorprendentemente uniforme de unas poblaciones separadas por miles de kilómetros pero unidas por una misma estrategia de supervivencia.

Una dieta dominada por los gigantes del Pleistoceno

La investigación se centró en tres de las primeras grandes tradiciones culturales documentadas en América. En el norte analizaron a los grupos de Beringia oriental, establecidos entre Alaska y el Yukón hace unos 14.000 años. Más al sur estudiaron la cultura Clovis, ampliamente distribuida por Norteamérica. Finalmente incorporaron los yacimientos asociados a las conocidas puntas de proyectil «cola de pescado», extendidas por Sudamérica.

En todos los casos apareció el mismo patrón. Los restos óseos recuperados en los campamentos muestran una presencia dominante de animales de enorme tamaño, muy superior a la que cabría esperar si aquellos cazadores simplemente aprovecharan cualquier presa disponible.

Para comprobarlo, los científicos no se limitaron a contar huesos. También calcularon cuántos individuos de cada especie debían vivir en los paisajes de la época y estimaron cuánta carne útil proporcionaba cada animal. Esa combinación permitió reconstruir con bastante precisión el peso real de cada presa en la alimentación humana.

Los resultados son contundentes. Entre el 83 % y el 88 % del alimento consumido por estas poblaciones procedía de megaherbívoros de más de una tonelada de peso. En Alaska predominaban los mamuts lanudos; en Norteamérica, los mamuts colombinos; y en Sudamérica, los gonfoterios y los enormes perezosos gigantes.

Lo más llamativo es que esos animales eran relativamente escasos en el paisaje. Sin embargo, aparecen de forma reiterada en los yacimientos arqueológicos, mientras que especies mucho más abundantes, como conejos, liebres, pequeños roedores o aves, apenas dejaron huella en los registros analizados.

Distribución de los yacimientos arqueológicos analizados en Beringia, Norteamérica y Sudamérica, comparada con las áreas ocupadas por las culturas Clovis y Fishtail
Distribución de los yacimientos arqueológicos analizados en Beringia, Norteamérica y Sudamérica, comparada con las áreas ocupadas por las culturas Clovis y Fishtail. Fuente: Ben Potter et al, Science Advances (2026)

La verdadera prueba de una dieta especializada no está en cuántos restos de un animal aparecen en un yacimiento, sino en compararlos con la abundancia natural de esa especie en el paisaje.

Un debate histórico que cambia de dirección

Desde hace años muchos investigadores defendían que los primeros americanos practicaban una economía muy diversa, adaptándose rápidamente a los recursos de cada región. Esa hipótesis parecía lógica si se tiene en cuenta la enorme variedad de ecosistemas que atravesaron durante su expansión.

Sin embargo, el nuevo trabajo propone un escenario muy diferente.

Tal y como indican los autores, si aquellos grupos hubieran sido verdaderos generalistas, los animales más abundantes del entorno deberían aparecer con mucha mayor frecuencia en los campamentos excavados. Ocurre exactamente lo contrario: las especies más comunes apenas están representadas, mientras que los grandes herbívoros monopolizan el registro arqueológico.

Para poner a prueba esta interpretación, el equipo realizó incluso un experimento estadístico extremo. Infló artificialmente el número de pequeños animales presentes en los yacimientos, multiplicando varias veces su representación. Ni siquiera así cambiaba el resultado final: la inmensa mayoría del alimento seguía procediendo de los grandes mamíferos.

Según los investigadores, esta coincidencia repetida en medio centenar de yacimientos repartidos por todo el continente convierte la especialización cinegética en la explicación que mejor encaja con las evidencias disponibles.

La clave para conquistar un continente entero

Las implicaciones del estudio van mucho más allá de la dieta.

Uno de los grandes enigmas arqueológicos siempre ha sido explicar cómo unas poblaciones recién llegadas consiguieron desplazarse desde Alaska hasta el extremo sur de América en un periodo extraordinariamente corto.

Aprender un territorio desconocido suele requerir generaciones. Es necesario identificar plantas comestibles, conocer los hábitos de los animales locales, localizar fuentes de agua y comprender la estacionalidad de cada ecosistema.

Pero esa dificultad disminuye considerablemente cuando la presa principal es siempre la misma.

Tal y como explica el trabajo, animales como los mamuts recorrían territorios inmensos y ocupaban paisajes muy diversos. Un grupo especializado en su caza podía seguirlos durante cientos de kilómetros sin necesidad de reinventar constantemente sus técnicas de supervivencia.

Esta idea también ayuda a entender otro aspecto que llevaba décadas intrigando a los arqueólogos: la enorme semejanza entre las herramientas halladas en yacimientos separados por miles de kilómetros.

Las famosas puntas acanaladas Clovis aparecen desde el oeste hasta el este de Norteamérica con muy pocas diferencias tecnológicas. Algo parecido ocurre con las puntas «cola de pescado» de Sudamérica. Si todas estaban diseñadas para abatir grandes herbívoros, no existía la necesidad de desarrollar tecnologías completamente distintas en cada región.

De hecho, el estudio destaca una ausencia significativa: prácticamente no aparecen útiles específicos para la pesca ni instrumentos destinados al procesamiento intensivo de plantas durante estas primeras ocupaciones continentales.

Seguir a grandes herbívoros capaces de recorrer enormes territorios permitió a los primeros pobladores avanzar por el continente sin tener que aprender desde cero cada nuevo ecosistema.

Una expansión que coincide con la desaparición de la megafauna

La investigación también vuelve sobre uno de los debates más intensos de la prehistoria: el papel que desempeñó el ser humano en la extinción de la megafauna americana.

Los autores no sostienen que la caza fuera el único factor responsable. El cambio climático y las transformaciones ambientales siguieron desempeñando un papel importante durante el final del Pleistoceno.

Sin embargo, la cronología reconstruida muestra un patrón difícil de ignorar.

Tal y como ha revelado el estudio, las desapariciones de los grandes herbívoros avanzan siguiendo prácticamente la misma dirección que la expansión humana.

En Alaska, mamuts y caballos desaparecieron hace aproximadamente 13.300 años. En Norteamérica, las grandes especies asociadas a la cultura Clovis dejaron de existir hacia hace 12.800 años. Más al sur, gonfoterios y perezosos gigantes sobrevivieron algunos siglos más, hasta alrededor de hace 11.600 años.

No se trata de una extinción simultánea en todo el continente, sino de una secuencia progresiva que avanza hacia el sur siguiendo el mismo recorrido que realizaron las primeras poblaciones humanas.

Para los investigadores, esa repetición constituye una evidencia circunstancial muy sólida de que la presión cinegética pudo acelerar el colapso de unas especies especialmente vulnerables. Los grandes herbívoros tienen ritmos reproductivos lentos, pocas crías y largos intervalos entre nacimientos, características que dificultan recuperarse cuando aumenta la mortalidad.

Los primeros pobladores de América basaron su supervivencia en la caza de mamuts y otros gigantes, según un análisis de 50 yacimientos
Los primeros pobladores de América basaron su supervivencia en la caza de mamuts y otros gigantes, según un análisis de 50 yacimientos. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Los primeros pobladores de América no adaptaron su dieta a cada territorio: fueron ellos quienes siguieron a los gigantes del Pleistoceno a través de todo el continente.

Una nueva imagen de los primeros americanos

El trabajo no presenta a los primeros pobladores de América como simples cazadores de mamuts, sino como sociedades extraordinariamente eficientes capaces de mantener una estrategia común a escala continental.

Su conocimiento de los grandes herbívoros habría funcionado como una auténtica ventaja evolutiva. En lugar de aprender desde cero cada nuevo ecosistema, siguieron animales cuyo comportamiento ya dominaban y adaptaron sus desplazamientos a sus migraciones.

Esta especialización explicaría simultáneamente la rapidez de la colonización, la notable uniformidad tecnológica observada en numerosos yacimientos y la estrecha relación temporal entre la llegada humana y la desaparición de la megafauna.

El estudio no cierra definitivamente el debate, pero sí proporciona uno de los conjuntos de evidencias más completos reunidos hasta ahora. Gracias al análisis conjunto de 50 yacimientos distribuidos por todo el continente, la imagen de los primeros americanos cambia de forma sustancial: lejos de ser oportunistas que consumían cualquier recurso disponible, todo apunta a que construyeron su éxito alrededor de la caza sistemática de los mayores animales que existían sobre la Tierra.

Referencias

  • Ben Potter et al, Hemisphere-wide evidence of Early Paleoindian megaherbivore specialization, Science Advances (2026). DOI: 10.1126/sciadv.aef9628

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

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