Nos dan teteros preparados, pero apenas podemos lavar los envases

Hasta este jueves más de mil niños, niñas y adolescentes (entre ellos lactantes), permanecen en carpas y durmiendo sobre colchonetas .
Caracas. Alexandra le dio pecho a su bebé de cinco meses y la puso a reposar en sus piernas. La joven, cansada, estaba sentada en una silla de plástico dentro del campamento morado, un espacio habilitado en el Parque del Oeste Alí Primera para los refugiados que dejaron los terremotos del 24 de junio.
Combina la lactancia materna con la leche de fórmula. A diario les entregan los teteros listos. Sin embargo, cuando le toca prepararlos por su cuenta, la situación se complica, ya que solo puede lavarlos con un poco de agua y le resulta imposible esterilizarlos como acostumbraba en su casa.
Alexandra llegó al parque para huir del peligro. Su vivienda en Propatria, parroquia Sucre del municipio Libertador, quedó completamente agrietada.
“Agarré pocas cosas, unas cobijitas y la ropita de la bebé. Estamos aquí solas. En estos días, con la lluvia se me mojó la colchoneta y no podía dormir así con la pequeña. Tuve que pelear por otra”,
relata.
Normalidad fracturada
Los terremotos del pasado 24 de junio —que sacudieron con fuerza el centro del país— revivieron los peores temores en las barriadas de Caracas y La Guaira.
En la parroquia Sucre, una de las zonas más pobladas y con mayor índice de construcciones informales de la capital, así como el Litoral, hubo viviendas que sufrieron daños estructurales graves. El colapso inminente de los techos y el agrietamiento de las paredes obligaron a familias a desalojar sus hogares a mitad de la noche.
El Parque del Oeste Alí Primera, espacio recreativo para los habitantes de Catia, se transformó en un centro de contingencia. Aunque el espacio ofrece un entorno “seguro” frente a las réplicas de los terremotos, las condiciones de hacinamiento y la falta de servicios básicos continuos, como el agua corriente, convirtió el refugio en un reto de supervivencia diaria.
A menos de un metro de Alexandra se encuentra Daniela Rodríguez, una joven afectada proveniente de La Guaira, quien permanece sentada en el piso con su hija, de un año, pegada al pecho. A diferencia de Alexandra, ella solo le da leche materna. “No toma más nada, solo teta, hasta para dormir”.
Además del agotamiento emocional, Daniela lidia con la precariedad del entorno. “No todos los días la he podido bañar, hay mucha dificultad para asearse”.

El testimonio de Daniela refleja valentía pero también resistencia. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) durante emergencias como desastres naturales o conflictos armados, la lactancia materna es de vital importancia, ya que proporciona nutrición fiable y protección contra enfermedades infecciosas sin necesidad de agua potable, utensilios de alimentación, electricidad o suministros externos.
Los Principios Rectores de la OMS, para la alimentación de lactantes en emergencias, exigen que los bebés en estas situaciones sean amamantados exclusivamente hasta los seis meses y que se fomente la lactancia frecuente hasta los dos años o más (Principios 1 y 2). Mientras que el Principio 3 advierte que se debe controlar estrictamente la cantidad, distribución y uso de fórmulas de leche en estos entornos.
Sin embargo, el control de las fórmulas es un reto en el campamento, porque ante el despliegue de la emergencia, los donativos de fórmulas y teteros ayudan a aligerar la carga de las madres que amamantan.

Carla, quien tiene ocho meses de embarazo y una niña de un año, recibe con gratitud el apoyo, aunque este rompa las recomendaciones de los manuales internacionales.
“Los hacen en la cocina y los traen listos para dárselos, además nos regalan fórmulas para reforzar, no me puedo quejar. Nos están dando la colaboración”,
comenta, mientras consume la comida que le proporcionan en el lugar.
La realidad a la que se enfrentan estas madres va más allá de la disponibilidad de insumos. El estrés físico, emocional y psicológico del desplazamiento puede reducir la producción de leche materna, una situación alarmante si se considera que esta se adapta a las necesidades del niño y niña, y aporta anticuerpos clave.
El informe Los obstáculos ocultos de la lactancia materna para las madres refugiadas, de Unicef, publicado en agosto de 2021, advierte que “una producción insuficiente de leche materna durante los primeros años de vida puede tener consecuencias devastadoras para el desarrollo físico y mental de los niños, como el retraso en el crecimiento”.
A esto se suma la crisis de salubridad. No contar con agua directa de tubería o agua potable almacenada adecuadamente vuelve a las madres y a sus bebés vulnerables a brotes de diarrea y vómitos.
“Aquí están pendientes de los niños, si tienen algún síntoma de inmediato los atienden y les dan medicinas”, afirma una de las afectadas.
En el campamento, el suelo y el clima dictan la rutina. Los bebés se observan irritados por el calor y el sol inclemente, durmiendo en colchonetas tendidas directamente sobre la grama, expuestos a la intemperie, las moscas y los zancudos.

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Fuente de TenemosNoticias.com: cronica.uno
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