Una pica en Flandes y mercados oscilantes | elperiodico.com

A toro pasado es fácil envalentonarse con el riesgo, pero en las actuales circunstancias la inversión siempre está rodeada de incertidumbres. Se diría que apostar dinero en bolsa es como poner una pica en Flandes, expresión añeja que significa que algo es especialmente difícil de conseguir. Esas palabras de aires viejunos nacieron como resultado de que en tiempos de Felipe IV, bajo el Gobierno del Conde-Duque de Olivares, España vivía en un contexto de contiendas bélicas que la llevaron a la decadencia como consecuencia de costes de la guerra inasumibles. Ante tanto belicismo y poco presupuesto, era difícil lograr el reclutamiento de mozos dispuestos a armarse con picas y defender los intereses del Reino en Países Bajos. Esperaba escasa remuneración, fácil muerte y menos gloria. Los mercados de renta variable se encuentran en estos momentos en zonas próximas a máximos y con dificultades para asegurar que las rentabilidades pasadas se confirmen en el futuro. Mientras algunos analistas aseguran que julio será como para hacer un agosto, lo cierto es que las dudas perduran y puede ser bueno que el último duro lo gane otro. Pero resulta fácil en máximos decir que la situación es compleja y que no aguantará. Pronosticar el castañazo resulta actualmente más lógico que anunciar con seriedad nuevos récords. Ni por lógica ni por conservadurismo resulta aconsejable aconsejar, asegurar con seguridad o pronosticar sin dudar.
Temible apalancamiento
Javier Molina, analista de mercados de eToro, aporta este lunes el argumentario más convincente para dibujar el actual escenario: «Los mercados siguen marcando máximos, pero bajo la superficie están cambiando los factores que impulsan el rali: una Fed más cerca de recortar tipos, una IA que empieza a generar presiones inflacionistas y un creciente uso del apalancamiento». Esa referencia al apalancamiento anima a fruncir el ceño. El apalancamiento es esa herramienta que defendía en los años buenos el inversor Javier de la Rosa, y que llevó a la ruina a otros en tiempos de subprime (préstamos o hipotecas otorgados a personas con un historial crediticio deficiente o ingresos inestables). Conocido el pasado, si algún analista menta que abunda el apalancamiento es como decir que rayos y truenos están en el horizonte. Pero otros analistas podrían ver en ello oportunidades, así que no se puede ser taxativo pero sí prudente.
El apalancamiento creciente llega de los fondos de inversión vinculados al sector tecnológico, fundamentalmente la IA y las criptomonedas. Lo preocupante no es el activo en el que se invierte sino la manera en la que los inversores hacen sus apuestas. Si es con dinero ajeno, con endeudamiento, los riesgos se disparan y el mercado en su conjunto puede verse afectado. Invertir bien en tiempos apalancados (aunque sean los otros los que vivan a préstamo) es como poner una pica en Flandes; complicado.
La IA y los costes crecientes
Explica Molina que todo inversor debería «vigilar» cuatro fuerzas que se muestran en el mercado. El asunto coyuntural no se limita solo a la Reserva Federal y sus decisiones. El analista de mercados de eToro insta a los inversores a pensar algo más allá: «Los inversores deberían hacerse una pregunta más importante: ¿qué está cambiando realmente bajo la superficie del mercado?». Se refiere a que «el mercado interpreta que la economía se está enfriando lo suficiente como para reducir la presión sobre la Fed, pero no tanto como para hablar todavía de recesión». Y de esas dudas nacen los temores o las oportunidades, según se mire. Entre tipos de interés, empleo e inflación, el asunto de la inteligencia artificial y sus implicaciones gana peso entre los analistas. Molina aporta una idea que merece seguimiento en el futuro: «A largo plazo, la IA podría mejorar la productividad y reducir costes. Sin embargo, durante la fase de construcción sucede exactamente lo contrario pues aumenta la demanda de componentes, encarece determinadas cadenas de suministro y mantiene presiones sobre los precios. El reciente aumento de precios anunciado por algunos fabricantes tecnológicos recuerda que el denominado «iShock» podría sustituir parcialmente al antiguo «oil shock» como fuente de preocupación inflacionista».
El argumentario parece claro. El mercado ya no depende de un único factor; de si los tipos de interés suben o bajan. La política monetaria influye, pero también afecta la revolución de la IA; la amplitud del rali (burbujas); y el creciente uso del apalancamiento. Todos esos factores están interactuando al mismo tiempo.
Diversificar es la clave
La conclusión de Molina es cabal: «En este contexto, diversificar, evitar perseguir las áreas con mayor euforia y prestar atención a la calidad del liderazgo del mercado puede resultar mucho más importante que intentar anticipar el próximo movimiento de la Reserva Federal». Y eso sin anunciar ni batacazos ni nuevos récords.
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En la sección: El Periódico – internacional
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