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Instan a reconstruir la red sismológica para educar a la población

📅 🕐 hace 2 min🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 9 min de lectura
Instan a reconstruir la red sismológica para educar a la población
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Especialistas desmienten la vieja creencia de la inmunidad venezolana frente a los terremotos. Coinciden que la reconstrucción de las zonas afectadas abre un debate sobre la urgencia de diseñar políticas públicas, rescatar la institucionalidad y ejecutar programas de prevención  para que eventos como el doblete sísmico no vuelvan a convertirse en tragedia.

Caracas. Por décadas, la idea de sufrir por causa de un terremoto estuvo alejada de la mente de los venezolanos. La poca frecuencia de temblores fuertes alimentó el mito de que el país estaba a salvo de los grandes sismos. Lo que nadie esperaba es que la realidad golpearía el 24 de junio pasado.

Ese día, un doblete sísmico, de magnitud 7.2 y 7.5, devastaron parte de la ciudad y el litoral de La Guaira. La tragedia, que dejó un saldo de 3685 muertos y 16.740 heridos, según las cifras oficiales, marcó un antes y un después para la ciudadanía.

Luego de la catástrofe, la cotidianidad se ha visto alterada por el miedo, el dolor y la incertidumbre. Cada réplica funciona como un aviso de que el suelo nunca fue estático.

Entre las ruinas y los escombros de edificios residenciales, casas y comercios, la gente se debate entre el temor a nuevas réplicas y un futuro que parece incierto. La magnitud del trauma tras la catástrofe apenas empieza a asimilarse en las calles que quedaron irreconocibles por la destrucción.

Expertos geólogos consultados por Crónica Uno analizaron las características de este doblete sísmico y desmontan el viejo mito de la inmunidad venezolana frente a este tipo de desastre natural. Lejos de generar alarmismo, los especialistas ofrecieron pautas claras para entender la naturaleza del evento.

Coincidieron en que, ante las cuantiosas pérdidas humanas y materiales, el desafío que viene es inmenso. La reconstrucción de las zonas afectadas abre un debate sobre la urgencia de diseñar políticas públicas, rescatar la institucionalidad técnica y ejecutar programas de prevención sísmica para que eventos como el doblete sísmico no vuelvan a convertirse en tragedia.

El fin de un mito 

Para Feliciano De Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geologos, la ubicación geográfica de Venezuela echa por tierra la falsa creencia de que el país no es sísmico. El especialista explicó que el hecho de que este tipo de eventos destructivos ocurran de forma espaciada en el tiempo no significa que el peligro no exista. 

Para sustentar su afirmación, De Santis se basa en un hecho científico: 80% de la población venezolana vive y trabaja asentada sobre el límite dinámico entre las placas tectónicas del Caribe y la Sudamericana, una zona de fricción constante con actividad telúrica latente. 

Las placas tectónicas son enormes franjas rígidas de roca que dividen la litosfera, es decir, la capa más exterior de la tierra. Cada año estas placas se desplazan unos pocos centímetros, pueden chocar entre sí y acumular energía.

La ingeniera geóloga Luiraima Salazar explicó que esta interacción entre las placas Sudamericana y del Caribe deforma la corteza terrestre a lo largo del norte y el occidente del país. Pero eso no es todo.

El peligro real radica en la red de fallas geológicas que recorre Venezuela de extremo a extremo. Estas fallas son: las de Boconó, Oca-Ancón, San Sebastián, El Pilar, La Victoria y el Ávila, además de la compleja zona de Perijá.

“La mayor parte de la población se asentó históricamente sobre estos mismos ejes de fractura. Estas fallas acumulan energía durante siglos hasta que la liberan con violencia, tal como ocurrió en el segmento que causó los recientes terremotos”,

señaló Salazar.

A lo largo de su historia Venezuela acumula varios terremotos destructivos que han dejado daños a distinta escala. Según registros oficiales de Funvisis desde el año 1530 hasta 2004, se registraron más de 130 eventos sísmicos de gran magnitud e impacto social.

Entre esas catástrofes está el terremoto de 1812, que devastó Caracas, Mérida y Barquisimeto en época independentista, el Gran Terremoto de Los Andes en 1894, el violento sismo de Caracas en 1967 y, recientemente, el de Cariaco en 1997. Todas con daños y pérdidas humanas considerables.

Evento sin precedentes

La experta puntualizó que el problema no es el movimiento de la tierra, sino la vulnerabilidad de las ciudades. Esto se evidencia en que gran parte de las autopistas, hospitales, escuelas y urbanismos están construidos sobre suelos blandos, rellenos de laderas inestables y áreas sin control riguroso.

Sin embargo, al evaluar la enorme fuerza destructora de los últimos terremotos, De Santis destacó dos características únicas.

En primer lugar, se trató de un doblete que acopló dos señales sísmicas, lo cual liberó una energía mucho más fuerte que la del terremoto del año 1967. En segundo lugar, la distancia del epicentro interactuó con el suelo y amplificó la señal en las zonas con grandes espesores de sedimentos.

“Estos sismos además llevaron a una degradación masiva en la zona del cordón litoral de Vargas, lo que causó licuación de suelo e hizo que muchos edificios, que no tenían un diseño estructural tan precario, perdieran toda sustentación y colapsaran”.

apuntó De Santis.

Al ser consultado sobre la posibilidad de que Venezuela alcance el nivel institucional de países como México o Chile, que cuentan con políticas estrictas y sistemas de alerta temprana, De Santis dijo que todo dependerá del desarrollo institucional por parte del Estado y la creación de un tejido en la sociedad civil que trascienda la ingeniería y abarque el área social. Eso incluiría redes acelerográficas, sismográficas y GPS.

El reto institucional y tecnológico

Sobre la viabilidad de implementar un sistema de alerta temprana en Venezuela, similar al de México o Japón, De Santis aclaró que las condiciones geográficas son distintas. En México, los sismos se originan en el Pacífico y viajan muchos kilómetros hasta la capital.

Eso arroja un margen de tiempo de 15, 20 o 30 segundos entre la llegada de las ondas sísmicas con poder destructivo. En cambio, en Venezuela, las fuentes sísmicas están encima de las principales ciudades. Eso quiere decir que, aunque se pudieran ganar unos pocos segundos de aviso, no bastarían para evacuar un piso alto y salvar vidas.

Durante las catástrofes de gran magnitud no solo pueden fallar las alertas. El comportamiento colectivo durante la reciente emergencia dejó al descubierto la falta de preparación del venezolano promedio.

Salazar añadió que durante el doblete sísmico y tras el terremoto, el principio básico de mantener la calma se quebró ante escenas de desesperación y desalojos desordenados. La tecnología tampoco bastó: aunque muchas personas recibieron la alerta sísmica en sus teléfonos inteligentes, no todas supieron interpretar el mensaje debido a la falta de educación previa.

Otro aspecto que destacaron los especialistas es que, en cuanto a gestión de riesgo y prevención, el país sufre un severo debilitamiento.

Salazar recordó que en la actualidad los simulacros periódicos desaparecieron, el sistema de monitoreo nacional sufrió un desmantelamiento progresivo y la educación ciudadana quedó en el olvido, una realidad que la geóloga constata a diario ante las innumerables dudas y preguntas que los ciudadanos le envían a sus redes sociales.

“La prevención efectiva no arranca cuando la tierra empieza a temblar, sino mucho antes a través de la planificación urbana, la inversión tecnológica y el máximo aprovechamiento del talento científico local”,

advirtió.

Tareas para la reconstrucción

Para construir una cultura sísmica, la geóloga propuso tres tareas urgentes:

  • Fortalecimiento del monitoreo: recuperar, reconstruir y modernizar la red sismológica nacional, que en el pasado fue referencia en América Latina. Esto incluye actualizar los mapas de amenaza e incorporar a los especialistas.
  • Prevención estructural estricta: evaluar hospitales, escuelas y puentes, y frenar de forma contundente la expansión urbana sobre terrenos inestables.
  • Prevención social y educación: incorporación de la gestión de riesgo como materia obligatoria en todos los niveles educativos, desde la primaria hasta la universidad. Incluir rutinas de simulacros periódicos para erradicar el pánico en la sociedad civil.

Para De Santis, la etapa de reconstrucción que sigue tras los devastadores eventos es un desafío. El reto no solo consiste en que las nuevas edificaciones cumplan con las normativas sismorresistentes y existan políticas de prevención.

El geólogo enfatizó en que lo más difícil será recuperarse de las cuantiosas pérdidas económicas, estimadas entre los 60.000 y 80.000 millones de dólares para una economía que ya estaba en crisis.

Pese al panorama poco alentador, los especialistas coinciden en que el aprendizaje tras los terremotos consiste en entender que estos fenómenos no son castigos divinos, sino parte del funcionamiento de la tierra como un organismo vivo y en constante cambio.

Para las autoridades el mensaje es que la prevención no es un gasto innecesario, sino una inversión que minimiza pérdidas humanas y materiales al reducir el impacto de este tipo de eventos impredecibles.

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Fuente de TenemosNoticias.com: cronica.uno

En la sección: Crónica Uno

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