Comercio en La Guaira reabre sus puertas tras devastador sismo

Pocos comerciantes en La Guaira retoman actividades para salvar sus negocios y cubrir deudas tras el doble terremoto que golpeó la región costera.
Solo tres establecimientos comerciales reiniciaron operaciones en la localidad de Caraballeda después del doble movimiento telúrico que azotó al estado La Guaira.
Alexander Pérez lidera uno de estos locales dedicados a la venta de víveres, tras perder otra propiedad en el epicentro de los sismos. El emprendedor levantó la santamaría de su pequeño comercio hace cuatro días debido a la presión financiera que afronta actualmente.
Las estructuras gigantescas que rodean su negocio muestran daños severos y permanecen al borde del colapso estructural definitivo.
El comerciante de origen colombiano sufrió la pérdida del ochenta por ciento de las mercancías en su residencia principal. La familia donó los productos salvados a los damnificados de la comunidad antes de reiniciar la actividad laboral.
El miedo al colapso de las paredes retrasó la reapertura de este local durante varias jornadas consecutivas. Los ciudadanos compran dulces y bebidas frías para mitigar el intenso calor de la zona costera venezolana.
Estos artículos específicos no forman parte de las donaciones gratuitas que entregan los campamentos de asistencia humanitaria. El desastre natural segó la vida de más de tres mil personas en esta región de Venezuela.
El duro camino para reactivar el comercio en La Guaira
El Consejo Nacional del Comercio y los Servicios calcula daños severos en doscientas cincuenta pequeñas empresas de la región litoral. Las grandes cadenas farmacéuticas y de comida rápida operan actualmente como refugios temporales y centros médicos de emergencia para los afectados.
La mayoría de las estructuras comerciales de un solo piso resistieron el impacto físico, pero sus dueños mantienen las puertas cerradas. Pérez agilizó el retorno al trabajo diario por mantener cincuenta líneas de crédito activas con diversos proveedores mayoristas.
Las deudas mensuales del bodeguero superan los setecientos dólares y exigen una facturación constante para evitar la quiebra definitiva.
Una situación similar ocurre en el sector aledaño de Macuto, donde los establecimientos registran una reactivación económica más evidente.
La comerciante Astrid Sánchez vende pasteles y bebidas a los funcionarios policiales que transitan hacia los puntos más críticos. El temor a la crítica social retrasó su decisión personal de abrir la reja metálica de su vivienda familiar. El sustento de sus hijos y de su madre motivó la reactivación de este pequeño puesto callejero.
La panadería local administrada por Eric Nieves trabaja a media capacidad desde la semana pasada por la escasez de insumos básicos. El establecimiento ofrece panes embolsados y productos secos ante la ausencia total de pastelería fina en los mostradores principales.
El propietario teme un éxodo masivo de clientes hacia otras regiones del país debido a la inestabilidad del suelo. Los vendedores ambulantes de la tercera edad también ocupan las esquinas con mesas plegables para ofrecer café caliente y cigarros.
El dinero recaudado financia los tratamientos médicos costosos de estos ciudadanos desprotegidos por el sistema formal de jubilaciones.
Con información de EFE
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