La economía china crece a su ritmo más bajo en casi cuatro años y complica el objetivo anual | elperiodico.com

La economía china se desaceleró en el segundo trimestre más de lo previsto, con un deterioro que intensifica las dudas sobre la sostenibilidad de su modelo de crecimiento. El PIB chino apenas creció un 4,3% entre abril y mayo, dos décimas por debajo de lo previsto y medio punto menos que en los tres primeros mese del año. No es habitual que la Oficina Nacional de Estadísticas de China revele cifras que certifiquen la debilidad de su economía y amenacen los objetivos de crecimiento. En marzo, durante la Asamblea Nacional Popular, Pekín fijó una meta de crecimiento de entre el 4,5% y el 5%, la previsión más baja desde que comenzó a establecerlas en 1991. El Fondo Monetario Internacional (FMI), por su parte, sitúa el avance en el 4,6% para 2026 y en el 4,1% para 2027.
La economía china profundiza en una tendencia conocida. A pesar de los esfuerzos del Gobierno por modificar su patrón económico, las exportaciones siguen tirando del carro mientras el consumo interno arrastra los pies. La inversión industrial y en el sector inmobiliario, tradicionales motores, perseveran en los números rojos. El precio de la nueva vivienda se contrajo en junio una décima, empujando el acumulado anual hasta un 3,3% negativo, mientras la inversión en el sector ha caído en el primer semestre un 18%. En sus tiempos gloriosos, concluidos de forma abrupta cinco años atrás con la quiebra del gigante Evergrande, el mercado inmobiliario contribuía casi a un tercio del PIB. La inversión industrial, por su parte, ha bajado un 5,7%.
Los analistas esperaban con atención los datos de este último trimestre, el primero afectado por completo por la guerra de Irán. Su crecimiento es el más bajo en casi cuatro años, cuando China levantaba sus restricciones por la pandemia, pero los datos también permiten una lectura optimista.
La demanda global por los bienes chinos, lejos de mitigarse, se ha acentuado. El grueso ya no son manufacturas baratas sino productos tecnológicos. Las exportaciones crecieron un 17,6 % en el primer semestre y un 27% en junio, según los datos oficiales publicados ayer, gracias al ‘boom’ mundial de la Inteligencia Artificial que estimula el apetito por los chips y semiconductores chinos. El contexto global es propicio. Por un lado, una Europa consumida por la ola de calor ha multiplicado la demanda de aparatos de aire acondicionado chinos, baratos y portátiles; por el otro, las escaseces globales de petróleo que ha generado la guerra de Irán ha disparado las ventas al exterior de baterías y coches eléctricos. La exportación de los últimos superó por primera vez en junio la psicológica cifra del millón. Esos volúmenes acrecientan los recelos de Bruselas, aquejada de un déficit comercial sin precedentes con China, y del que responsabiliza a la sobreproducción de sus fábricas. En la UE y Estados Unidos, que comparten lamentos, aún resuena la cifra del superávit comercial chino del pasado año, por encima del billón de dólares por primera vez.
“Existen unos mayores factores de incertidumbre y de inestabilidad externa”, sienta el organismo oficial de estadísticas en su informe de hoy. Una guerra sostenida en Irán, alertan los expertos, podría afectar la salud de las exportaciones de China por la subida de los costes para sus fábricas y el empobrecimiento de los clientes globales.
Incertidumbre y paro juvenil
El consumo interno sigue ajeno a los esfuerzos de Pekín. Las ventas al por menor, su indicador más fiel, subieron apenas un punto en junio, pero al menos experimentaron un rebote tras la caída del mes pasado, la primera en casi cuatro años. Factores como la incertidumbre y el paro juvenil frenan el gasto. También la crisis del sector inmobiliario, la principal vía de ahorro de los chinos, que han visto como sus propiedades perdían valor en los últimos años. Los precios han atenuado sus caídas pero los chinos siguen convencidos de que están aún lejos de tocar suelo.
China estimuló durante décadas su economía con grandes paquetes de inversión que propiciaban crecimientos récords al mismo tiempo que acrecentaban la deuda hasta niveles preocupantes. Esos riesgos aconsejaron ya años atrás sustituirlos por medidas quirúrgicas, más seguras pero también menos eficaces. El autoconsumo es la asignatura pendiente del Gobierno chino. Esta semana anunció un plan para los próximos cinco años que pretende levantar las ventas al por menor en 2030 hasta los nueve billones de dólares.
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