La comodidad del poder en Venezuela: Crisis y necesidad de transición

Mientras los ciudadanos rescatan a los suyos de los escombros y resisten la crisis económica, la cúpula oficialista gobierna desde una burbuja. La reconstrucción de Venezuela exige una transición política profunda y sin cohabitaciones.
Los venezolanos seguimos en ojo del tapete a nivel mundial. Hay una crecida de angustia que se vive a diario, mientras el país se agrieta bajo el peso de la naturaleza y la asfixia económica, la burbuja del poder permanece intacta.
Hay un contraste obsceno, en la Venezuela de hoy; la comodidad absoluta de quienes usurpan las decisiones frente a la intemperie total de los ciudadanos comunes. Estamos frente a un descaro e inhumano abuso…
Mientras Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello disfrutan de privilegios y garantías de un sistema diseñado a su medida y sostenido enteramente a costillas del esfuerzo de un pueblo hambriento, la gran mayoría de la gente se debate entre la supervivencia y la catástrofe.
El doblete sísmico: El heroísmo de las uñas vacías
Con la reciente tragedia del doblete sísmico se ha terminado de desnudar la farsa del Estado protector. Frente al colapso de las estructuras y la desesperación de tener a seres queridos bajo los escombros, no ha sido precisamente el despliegue de una infraestructura estatal que ha salvado vidas.
Ha sido el ciudadano de a pie, el que no se rinde ante las adversidades , así como en ayudar al prójimo cuando clama por ayuda.
Con las manos desnudas, con palas, picos y con el corazón en la boca, la gente común han tenido que frentear la emergencia para sacar a los suyos de los escombros.
Mientras la cúpula oficialista emite comunicados, desde despachos con aire acondicionado, la gente arriesga su propia vida en el sitio del desastre, intentando el rescate de más personas y demostrando que la solidaridad es lo único que nos queda en pie.
El yugo de la inflación y el secuestro del pensamiento
A la catástrofe natural se suma la tragedia diaria de la economía agobiante. La inflación sigue acorralando los hogares del venezolano, devorando el salario.
Trabajar en Venezuela se ha convertido en un acto de resistencia donde el esfuerzo no se traduce en bienestar, sino en un intento desesperado por sobrevivir y por no caer en el hambre extrema.
Recalcando además , que, en medio de este ahogo económico, el aparato de persecución no descansa. Los presos políticos siguen en vilo, tras las rejas de un sistema judicial de utilería, torturados en todo el sentido de la palabra.
Personas inocentes cuyo único ‘delito’ fue desear un cambio. Cada minuto que pasan en las cárceles, es un monumento a la injusticia; todos deberían estar en libertad plena y sin condiciones. La ironía de un país democrático, donde pensar diferente es un delito!
Es la hora de la transición: No hay espacio para la cohabitación
Ante este escenario de escombros, hambre y persecución nos deja una sola certeza: La transición política no puede esperar, ni negociarse a espaldas del mandato popular. Se debe acelerar el proceso para unas elecciones justas y libres , no más treguas, no más compasión, para quienes no la han tenido.
Los venezolanos debemos tener muy claro, que la reconstrucción de Venezuela no empezará con reformas cosméticas ni pactos de conveniencia para maquillar la permanencia de los mismos rostros en el poder; el resurgir de la nueva Venezuela, requiere un cambio al cien por ciento de raíz, democrático y profundo.
Yanitza Martinez es periodista activista y líder politico independiente. Puedes seguirla en X como @YanitzaMartnez
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