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Humor y Curiosidades

Un proyecto abre nuevas vías para proteger el arte rupestre egipcio, uno de los más ricos de África

📅 🕐 hace 1 min🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 5 min de lectura
Un proyecto abre nuevas vías para proteger el arte rupestre egipcio, uno de los más ricos de África
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En pleno desierto Occidental de Egipto, a cientos de kilómetros de las pirámides y los templos que suelen protagonizar documentales, revistas y libros de historia, existe una galería de arte prehistórica menos conocida, pero igualmente fascinante. Durante milenios, las comunidades humanas grabaron en la roca escenas de caza, animales fantásticos y un universo simbólico que la arqueología apenas ha empezado a descifrar.

Ese inmenso archivo de piedra, sin embargo, se está desvaneciendo, y no a causa de un cataclismo repentino, sino de un desgaste silencioso que avanza cada año un poco más rápido. Dos fuerzas, una natural y otra humana, están borrando en pocas décadas un legado de la creatividad humana de siete milenios.

Frente a esta amenaza, un equipo internacional lidera desde hace más de cuarenta años uno de los proyectos arqueológicos más ambiciosos del Sáhara oriental: el Dakhleh Oasis Project. Su responsable, el investigador polaco Paweł Polkowski, resume la urgencia con una frase que condensa toda la tragedia: cada año, se pierde un poco más del material arqueológico que sus predecesores documentaron.

Dos fuerzas, una natural y otra humana, están borrando en pocas décadas lo que la humanidad tardó siete milenios en dejar escrito: el arte rupestre de Egipto.

Oasis de Dakhleh
Oasis de Dakhla. Fuente: Vyacheslav Argenberg/Wikimedia

Un oasis que ha visto pasar 7.000 años de historia humana

El oasis de Dakhla se sitúa unos 350 kilómetros al oeste del valle del Nilo, en pleno desierto occidental egipcio. Durante siglos, funcionó como parada obligada de las caravanas que conectaban el Nilo con el Sáhara y con Libia. Esa posición estratégica, por tanto, convirtió el lugar en un cruce de culturas que dejó su huella en la roca.

oasisEl equipo de Polkowski, que dirige la Unidad de Petroglifos del proyecto desde 2016, ha catalogado ya unos 350 yacimientos de arte rupestre, algunos con grabados aislados y otros con paneles que superan el millar de imágenes individuales. En conjunto, el oasis conserva petroglifos que abarcan más de 7.000 años de historia humana, con las composiciones más antiguas fechadas entre 6000 y 5000 a. C. Junto a ellas, conviven inscripciones en jeroglífico, copto, griego y árabe, testimonio de que el lugar, crisol de culturas, nunca dejó de ser transitado.

El oasis de Dakhla funcionó como parada obligada de las caravanas que conectaban el Nilo con el Sáhara y con Libia

Petroglifos animales
Petroglifos animales. Fuente: L. Krzyżaniak/The Petroglyph Unit of the Poznań Archaeological Museum

Jirafas atadas y otros enigmas grabados en piedra

Entre los motivos más intrigantes, destacan las escenas de jirafas sujetas por una cuerda que sostiene una figura humana. El detalle resulta desconcertante porque, pese a haberse hallado en la zona restos óseos de otros grandes animales africanos, nunca se ha detectado ni un solo hueso de jirafa. La imagen sobrevive únicamente en la piedra, como un recuerdo de la fauna desaparecida.

El registro pétreo, sin embargo, no se detiene en la prehistoria. Los arqueólogos también afirman haber localizado un grabado del siglo XX que reproduce, con sorprendente detalle, un teléfono móvil con pantalla, teclado y objetivos de cámara. A poca distancia, se identificaron figuras que representarían a soldados británicos armados que probablemente se tallaron durante las operaciones militares de 1916 en la región.

La fragilidad de la piedra, las fuertes lluvias producidas por el cambio climático y el vandalismo están destruyendo este patrimonio milenario.

Jirafas, antropomorfos y otros animales
Jirafas, antropomorfos y otros animales. Fuente: P. L. Polkowski/The Petroglyph Unit, Dakhleh Oasis Project/Poznań Archaeological Museum

La piedra que se deshace: cuando el clima se ensaña la memoria

La mayoría de estos grabados se realizaron sobre arenisca nubia, una roca especialmente blanda apta para ser tallada. Tal y como explica Polkowski, algunas superficies son tan frágiles que se pueden rayar con la uña. Incluso las rocas más duras, ricas en hierro, se están desmoronando a causa del aumento de las temperaturas, los vientos cargados de arena y el polvo en suspensión.

A este desgaste se suma un factor inesperado: una región históricamente seca registra ahora lluvias más frecuentes e intensas como consecuencia del cambio climático. El agua daña tanto las construcciones tradicionales de adobe como los propios paneles rupestres. Los investigadores temen que estos procesos sean irreversibles. Por eso, cada campaña de documentación se convierte en una carrera contra el tiempo.

El clima, además, no es la única amenaza. Numerosos grabados prehistóricos se presentan, en la actualidad, cubiertos por dibujos e inscripciones modernas que ya han alterado para siempre el registro arqueológico original. Superponer grabados y grafitis no es una práctica nueva: ya en época grecorromana se tallaron escenas sobre imágenes dinásticas y prehistóricas anteriores. Lo que cambia ahora es tanto la escala del problema, que se extiende también a Sudán y a otros países del Sáhara, como la ausencia casi total de protección legal efectiva para estos monumentos.

Incluso las rocas más duras, ricas en hierro, se están desmoronando a causa del aumento de las temperaturas, los vientos cargados de arena y el polvo en suspensión.

Petroglifos de jirafas
Petroglifos de jirafas. Fuente: P. L. Polkowski/The Petroglyph Unit, Dakhleh Oasis Project/Poznań Archaeological Museum

Una carrera contrarreloj

Aunque históricamente haya quedado eclipsada por sus monumentos faraónicos, Egipto posee una de las colecciones de arte rupestre más ricas de África. Cada petroglifo perdido no es solo una imagen menos: es una pieza de la manera en que comunidades enteras entendieron su entorno, sus animales y su propio paso por el desierto. Documentar ahora estos grabados, antes de que el viento, la lluvia o una mano descuidada terminen de borrarlos, es la única forma de conservar ese testimonio para las generaciones futuras.


Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

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