La psicología sugiere que las personas que siempre necesitan tener la casa ordenada en verano no es que sean perfeccionistas, es que necesitan regularse emocionalmente

El verano ya está aquí. Y siempre viene acompañado de excursiones a la montaña, visitas a destinos paradisiacos, viajes a otras ciudades europeas o desconexión en la playa. Como mucha gente no tiene una segunda residencia, y la situación económica no es excelente, hay un gran porcentaje que opta por acudir a apartamentos.
Dos caras de la moneda
Ante este panorama, siempre existen dos tipos de individuos. Al menos en España. Por un lado, las personas que no sienten esa necesidad de mantener todo perfectamente ordenado. Para ellas, el desorden moderado no representa un problema importante y pueden tener objetos fuera de lugar, acumular cosas durante un periodo de tiempo…
Por otro lado, las que necesitan tener el hogar ordenado en todo momento, con cada objeto en su sitio y con una sensación constante de control y limpieza. Para ellas, entrar en un domicilio organizado produce una sensación de tranquilidad y, sobre todo, control.
Más detalles
Precisamente hoy vamos a centrarnos en este segundo grupo. Desde fuera, puede interpretarse como una manía o como una personalidad demasiado perfeccionista. Ahora bien, desde la psicología han revelado que el orden puede funcionar como una herramienta para regular las emociones.
Al parecer, una casa organizada les transmite calma, claridad y sensación de equilibrio. En cambio, cuando hay objetos por mitad del pasillo o básicamente fuera de su lugar, pueden experimentar una mayor sensación de saturación mental. Y más en verano, donde cambian muchas rutinas, hay más planes sociales y se genera una desorganización en el día a día.
A tener en cuenta
Pero va más allá: un espacio muy ordenado les ayuda a concentrarse, descansar mejor y sentirse cómodos, como si fuera su propia casa. Tanto es así que limpiar, colocar cada cosa en su sitio u organizar armarios puede convertirse en una actividad hasta relajante.
Además, suele ser una parte de la población que valora la planificación y la previsión. Eso sí, cuando el orden deja de ser una herramienta para sentirse bien y se convierte en una obligación constante, puede generar estrés, tanto a corto como a largo plazo.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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