El clan Fujimori vuelve al poder en Perú: similitudes y diferencias entre padre e hija | elperiodico.com

A los 51 años, y después de varias tentativas que no llegaron a buen puerto, Keiko Fujimori comienza a gobernar Perú. El apellido, tanto tiempo repudiado, vuelve a ocupar el centro del poder. Tuvo que pasar más de un cuarto de siglo para que se le abrieran otra vez las puertas del Palacio Pizarro. A Alberto Fujimori le decían «el Chino», a pesar de su origen japonés. Había derrotado en 1990 a Mario Vargas Llosa. Dos años más tarde dio un autogolpe. La autocracia se extendió por ocho años, parte de los cuales Keiko se desempeñó como Primera Dama. El padre huyó a Japón en noviembre de 2000 y en medio de grandes movilizaciones en su contra. Fue extraditado desde Chile siete años más tarde. Lo condenaron a 25 años de prisión en 2009 por su responsabilidad en dos masacres. El «Chino» abandonó la cárcel el 6 de diciembre de 2023. Falleció un año más tarde, y la hija dilecta se juró reivindicarlo desde la cima institucional. Gobernar en nombre del padre y el espíritu de un fujimorismo que no fue nunca santo, sino apenas considerado en el segundo turno un mal menor. La elite económica lo ha preferido en lugar de un experimento de centroizquierda. Así y todo, venció a Roberto Sánchez por apenas miles de votos.
La «China», como le dicen, saborea en las vísperas el momento de la juramentación, el próximo martes. La sabe a revancha. Ella se había presentado sin éxito a las elecciones presidenciales de 2011, 2016 y 2021. La derrotaron en la segunda vuelta Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo. Solo el primero pudo completar su mandato y se encuentra en prisión. Kuczynski abandonó la presidencia antes de ser destituido por un Congreso dominado por Fuerza Popular. Alejandro Toledo, el gran desafiante de su padre y primer presidente de la transición, se encuentra en la misma cárcel que lo tuvo al «Chino» como recluso junto con Humala y Castillo. Alan García, quien gobernó entre 2006 y 2011 evitó ese destino porque se disparó en la sien. El tiempo ha sido implacable con las distintas versiones del antifujimorismo, y ahora se muestra propicio para el retorno de los vilipendiados.
Keiko, más allá de los homenajes al fundador del linaje, no puede repetir el modelo político paterno. Aquel Perú de los años noventa ya no existe. Su desafío, señalan algunos analistas, será demostrar a quienes la rechazan y la eligieron con la nariz tapada que es capaz de dotar de gobernabilidad a un país que ha saltado de crisis en crisis institucional desde 2018. Al igual que sus antecesores, gobernará sin hegemonía parlamentaria. Pero Fuerza Popular sabe cómo controlar al poder legislativo. Lo ha hecho y propiciado las remociones presidenciales. Contará en el Senado y en la Cámara de Diputados con hombres y mujeres de probada lealtad.
«Lo de emular al padre va en serio«, sostuvo no obstante Eloy Marchán en el portal Hildebrandt en sus trece. Su director, César Hildebrandt, está convencido que Keiko se encamina hacia «el control total» de los resortes institucionales. «Fuerza Popular está trabajando para obtener los votos que le den mayoría suficiente en ambas cámaras». La posibilidad de que retornen las viejas prácticas está latente. «Mientras la señora sonríe y reparte bienaventuranzas, sus troles inundan las redes con calumnias y lodos a quienes lucharon contra lo que ella representaba».
Los desafíos
«Es importante recordar de dónde venimos: una década perdida, un severo deterioro del capital político en toda la extensión del término, presidencias breves y dependientes del Legislativo, burocracias débiles y proclives al favor político, actores políticos indolentes o distraídos por usufructuar del poder o por defenderse de embestidas judiciales, justificadas o no», dijo el analista político José Carlos Requena en relación con lo que le aguarda a Fujimori.
Entre 2018 y el presente, la economía peruana tuvo una expansión cercana a los 15 puntos, una prueba de que los negocios y la política podían ir por caminos diferentes. Keiko quiere unificar esas dos líneas en un país cuyo PIB crecerá un 3% en 2026. Los beneficios se reparten de un modo muy asimétrico en un país con casi nueve millones de personas. El 10% más rico acumula cerca del 60% de los ingresos nacionales, mientras que el 0.1% controla más del 20% de la riqueza total. El Gobierno entrante se propone con el apoyo de un gabinete de tecnócratas mantener controlada la inflación, una variable siempre inmune a las crisis, y expandir la producción minera que sigue siendo uno de los principales motores de crecimiento. Fujimori quiere reactivar la inversión. Las reparaciones sociales tendrán que esperar y eso puede ser una fuente de conflictos entre Lima y el postergado sur del país, que apoyó mayoritariamente a Roberto Sánchez en el segundo turno.
Seguridad e inserción internacional
La «China» ganó la contienda enarbolando la bandera de la seguridad urbana. Las extorsiones, la aparición de sicarios, el narcotráfico y, en particular, la expansión de la minería ilegal, han modificado el mapa del crimen. Como su padre, la presidenta quiere apoyarse en las Fuerzas Armadas y la policía. Ya ha obtenido del Congreso una ley que los blinda frente a denuncias de violaciones de los derechos humanos. «Claramente, hay un germen autoritario. No estoy hablando de cosas genéticas sino de antecedentes concretos que todos hemos visto. Están las leyes pro crimen. Si tú haces leyes con el único propósito de que la policía pueda matar a quien le dé la gana y que los militares puedan matar a quien le dé la gana, ¿a eso cómo se llama? No se llama democracia en ningún lugar», advirtió el escritor Marco Cifuentes, director del portal La encerrona.
Desde que inició su carrera hacia el Palacio Pizarro, Keiko Fujimori habló de manera muy abstracta sobre una «reconciliación» con los antiguos adversarios. Los sectores que se opusieron a la corrupción y violaciones de derechos perpetradas por su padre no se sintieron aludidos. El futuro Gobierno no ha dado señales de que quiera modificar esa postura. «Su proyecto habla de unidad, pero lo hace sobre la base de desconocer conflictos y demandas sociales que siguen abiertos», sostuvo el politólogo Fabian Calla Suárez.
Fujimori enfrenta un dilema sin resolución a la vista. Se espera un alineamiento automático con Estados Unidos. Pero, a la vez, Perú es parte importante de la estrategia económica de China en la región a partir de la construcción del mega puerto de Chancay que ha costado 3500 millones de dólares. Para China es la principal puerta de entrada del comercio entre Sudamérica y Asia sobre el Pacífico.
Emergencia climática
El Gobierno que se inicia esta semana tiene además un gran desafío en puertas y es climático. El calentamiento del océano Pacífico frente a la costa peruana eleva la vigilancia ante un posible evento extremo que ya ha conocido ese país a comienzos de los ochenta y en 1997. El fenómeno de «El Niño» pondrá a prueba la capacidad de estadista de Fujimori. Se espera un incremento de las lluvias en la costa, con el peligro de desbordes de ríos y deslizamientos en las quebradas. Los temporales podrían provocar daños en carreteras, puentes, viviendas e infraestructuras. La sierra, en tanto, y en especial el sur andino, corren peligro de enfrentar severas sequías que afectarían la producción agrícola. Los ríos de la Amazonía peruana podrían disminuir por un eventual déficit de lluvias, aumentando a la vez el riesgo de incendios forestales. Los trastornos climáticos impactarán en la economía y la salud pública.
Horas antes del traspaso de mando, Fernando Rospogliosi, el presidente del Congreso, exigió al mandatario interino, José María Balcázar, que concluya su gestión el domingo. Si eso finalmente sucede, será el Parlamento el responsable de entregarle a Fujimori la banda presidencial. «Sería una ruptura de protocolos y un desplante indigno», dijo el expresidente provisional Francisco Sagasti. Una manera especial de dar inicio a un nuevo Gobierno.
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