Cómo el aprendizaje social asegura la supervivencia de los elefantes | National Geographic

Décadas de observaciones en Amboseli han revelado muchos más ejemplos que ponen de relieve la importancia de aprender de otros elefantes, menciona la ecóloga evolutiva Phyllis Lee, de la Universidad de Stirling, Reino Unido.
A menudo se ve a los ejemplares jóvenes extendiendo sus trompas para oler o saborear lo que comen los demás, o para oler los líquidos que los elefantes secretan por las glándulas de las sienes cuando se excitan emocionalmente. “Parecen muy ansiosos por aprender”, comenta.
Curiosamente, las madres parecen incluso enseñar a sus hijas cómo atraer a un macho visitante, explica Lee. “Aunque no tenga interés en aparearse, una madre puede presentarse ante un macho y hacer pequeñas ‘escapadas’ para convencerlo de que la siga, solo para mostrarle a su hija cómo se hace y conseguirle una buena pareja si puede. Luego, tan pronto como su hija se haya apareado, ignorará al macho”.
Las investigaciones han demostrado que las hembras jóvenes tienen más probabilidades de criar con éxito a su primera cría mientras su madre está criando a la suya, afirma Lee. Los grupos liderados por hembras mayores también tienden a perder menos crías y tienen una mayor supervivencia en general.
El efecto sobre el número de ejemplares es más variado. Mientras que la población de huérfanos en un lugar relativamente benigno como Pilanesberg creció rápidamente, en zonas más difíciles como el Parque Nacional Mikumi en Tanzania, las poblaciones que perdieron a muchos ancianos por la caza furtiva a menudo siguen luchando por recuperarse, quizás por falta de experiencia sobre cómo sobrevivir a las sequías.
Si esos conocimientos, acumulados a lo largo de generaciones, se pierden cuando se mata a los animales más viejos o se rompen los lazos sociales, puede llevar mucho tiempo recuperarlos, y algunos de ellos pueden incluso desaparecer para siempre. La mayoría de los gestores de la vida silvestre han aprendido esta lección: normalmente se hace un esfuerzo por trasladar a los grupos en su conjunto en lugar de separarlos. Sin embargo, los cazadores de trofeos siguen apuntando a los individuos más viejos por sus colmillos, subestimando la importancia de los mayores para la supervivencia de los animales más jóvenes.
Aprender de los demás también parece desempeñar un papel clave en la forma en que los elefantes se relacionan y responden a los humanos.
Los estudios han demostrado que los elefantes que viven en zonas con diferentes grupos humanos responden con más miedo a las personas de grupos que se sabe que ocasionalmente matan elefantes que a los que no lo hacen, afirma Bates. En algunos de sus propios trabajos, ha demostrado que estos animales también parecen tener más miedo al olor de la ropa que llevan las personas de grupos que podrían suponer una amenaza para ellos. “También se alejan del olor de otras personas”, afirma. “Pero en este caso, corren y siguen corriendo”.
Cuando son conscientes de la ubicación de los humanos, los elefantes tienden a mantenerse alejados. En Amboseli, se ha observado a ejemplares merodeando a distancia hasta que los pastores locales terminaban de dar de beber a su ganado. Sin embargo, cuando los elefantes se ven sorprendidos y se sienten incapaces de escapar, a veces matan al ganado y, en ocasiones, también a personas. Algunos incluso se fijan en los horarios de los humanos: por ejemplo, los trabajadores de una plantación de café en el sur de la India comenzaron a encontrarse con elefantes cuando ampliaron su jornada laboral.
Sin embargo, no todo lo que los jóvenes aprenden de sus parientes mayores les ayuda a evitar problemas con los humanos. Se observó a un grupo de machos en Kenia empujando a su miembro más joven a través de una valla, enseñándole una dura lección sobre cómo sortear estos obstáculos. Los elefantes asiáticos también parecen estar aprendiendo de otros cómo derribar vallas o alimentarse de cultivos o basura, detalla la ecóloga conductual Shermin de Silva, de la Universidad de California en San Diego, que los estudia en Sri Lanka.
Esto puede dar lugar a conflictos con los humanos que pueden tener consecuencias mortales tanto para las personas como para los elefantes, y los animales que mueren pueden ser los más adaptables y persistentes, explica, “rasgos que también pueden ser muy útiles para ayudarles a sobrevivir en la naturaleza”. Si el comportamiento se transmite a la siguiente generación, lo cual podría ocurrir si las madres llevan a sus crías a los vertederos para alimentarlas, es posible que los elefantes jóvenes no aprendan a alimentarse de plantas silvestres. “Un elefante come más de 100 plantas diferentes”, indica De Silva. “Pero esto no significa que puedan comer cualquier cosa en cualquier momento. Tienen que aprender”.
Algunas poblaciones de elefantes asiáticos se han reducido tanto que los conservacionistas podrían verse tentados a renunciar a ellas, afirma De Silva. “Pero esas poblaciones remanentes podrían tener conocimientos locales sobre cómo sobrevivir allí que serían difíciles, sino imposibles, de recuperar si las perdemos”. Recientemente ha sido coautora de unas directrices sobre cómo reintroducir elefantes huérfanos en nuevas zonas. “Es importante criarlos de manera que se los disuada de acercarse a los humanos y que vayan a aprender de otros elefantes”.
Los humanos que comparten su entorno con los elefantes también han aprendido cosas de ellos a lo largo de la historia. Los cuidadores descubrieron qué plantas medicinales pueden ayudar a los elefantes enfermos observando lo que comían los animales cuando no estaban bien de salud, detalla De Silva, y algunas de esas plantas ahora también son utilizadas por las personas.
“Probablemente, los elefantes coevolucionaron con los humanos, concretamente con el Homo erectus”, explica De Silva, “por lo que siempre han tenido que lidiar con nosotros”. A medida que las poblaciones de estos animales se recuperan o, más comúnmente, nuevas personas se trasladan al antiguo hábitat de los elefantes, pueden producirse algunos malentendidos peligrosos.
Sin embargo, en lugares donde los seres humanos y los elefantes tienen una larga historia de convivencia, a menudo existe un entendimiento cultural mutuo, asegura De Silva. Ella hace hincapié en que eso no significa que interactúen con frecuencia: las personas nunca deben alimentar ni acercarse a los elefantes salvajes, ya que podrían producirse accidentes. “Tenemos que darles espacio”.
Para que los elefantes puedan sobrevivir a un clima cambiante en paisajes cada vez más fragmentados, será aún más importante que los fragmentos de hábitat que quedan estén bien conectados para permitirles cierto espacio para moverse y crear áreas donde los animales más viejos puedan compartir los conocimientos heredados de retos pasados, mientras que los animales más jóvenes se sientan seguros para explorar y descubrir nuevas soluciones a problemas novedosos. “Los individuos más jóvenes pueden ser más adaptables”, detalla Bates. “Y algunos viejos hábitos tendrán que cambiar”.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.nationalgeographicla.com
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