Una alianza inesperada: por qué los perezosos de tres dedos arriesgan su vida por las polillas | National Geographic

Durante siglos, las personas que veían perezosos por primera vez reaccionaban ridiculizándolos. En 1526, el conquistador español Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés escribió que los perezosos que había visto en los trópicos americanos eran “feos”, “inútiles” y “los animales más estúpidos que se pueden encontrar en el mundo”.
En 1749, el naturalista francés Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon, los calificó como “la forma de existencia más baja” y juzgó que “un defecto más habría hecho imposible su vida”.
Palabras muy duras para una criatura que ha sobrevivido durante al menos 50 millones de años.
Sí, los perezosos tienen mala audición y vista, y son lentos: son los mamíferos más lentos de la Tierra. Pero su letargo es una estrategia para ahorrar energía; a pesar de su incapacidad para escapar de las amenazas, los perezosos han descubierto lo que les funciona.
Y aunque puedan parecer solitarios, no tienen éxito por sí solos. Los perezosos forman parte de una asociación con las polillas y las algas, que viven en el espeso pelaje del mamífero (junto con hongos, garrapatas y ácaros).
“Los perezosos son mamíferos fascinantes, fantásticos y extraños que han reclutado a organismos realmente inesperados para que les ayuden a sobrevivir”, sostiene Jonathan Pauli, ecólogo de vida silvestre de la Universidad de Wisconsin-Madison que ha estudiado esta simbiosis.
Después de que un perezoso de tres dedos ha pasado días descansando en las copas de los árboles, durmiendo y comiendo hojas venenosas (lentamente, para que su hígado y su estómago de cuatro cámaras puedan descomponer las toxinas), llega el momento de hacer sus necesidades semanales. En lugar de dejar caer sus excrementos desde las alturas, el animal realiza un largo descenso.
Tal y como se muestra en la serie Perdedores y salvajes de National Geographic (disponible en Disney+), este movimiento es excepcionalmente arriesgado, ya que quema una décima parte de las calorías diarias del perezoso y lo expone a los depredadores del suelo de la selva, donde en la mayoría de los casos (aunque no siempre) es incapaz de defenderse.
Más de la mitad de las muertes de perezosos documentadas por el equipo de investigadores de Pauli en Costa Rica se produjeron durante las pausas para ir al baño. Pero si no hay un jaguar esperando en la base del árbol, el perezoso cava un pequeño hoyo en el suelo, una especie de inodoro, y por fin hace sus necesidades.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.nationalgeographicla.com
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