Entre la privatización y el tutelaje


Dos modelos en competencia —la liberalización radical
de María Corina Machado frente a la apertura controlada
del Estado tutelado por Washington— redefinen el futuro
energético del país con implicaciones globales
En la historia de la industria petrolera pocas transiciones han sido tan complejas —y tan cargadas de implicaciones geopolíticas— como la que hoy se desarrolla en Venezuela. Lo que está en juego no es solo la recuperación de una industria colapsada, sino la definición del modelo de gobernanza que regirá uno de los mayores reservorios de hidrocarburos del mundo en las próximas décadas.
Como en otras coyunturas críticas —desde la apertura petrolera mexicana en los noventa hasta la reconstrucción iraquí después de 2003— el petróleo venezolano vuelve a ser el eje de una disputa más amplia: Estado versus mercado, control político versus eficiencia económica, y soberanía versus integración global.
Hoy, esa disputa se articula en dos visiones claramente diferenciadas.
La apuesta de María Corina Machado: petróleo sin Estado
La propuesta presentada esta semana por María Corina Machado en CERAWeek 2026* constituye, en términos históricos, un giro radical. No se trata de una reforma incremental, sino de una reingeniería completa del modelo petrolero venezolano.
Su oferta al capital internacional es clara:
- Privatización integral del sector hidrocarburos
- Eliminación del rol operativo del Estado
- Regalías limitadas al 20%
- Contratos de largo plazo (hasta 25 años)
- Propiedad del petróleo en boca de pozo para inversionistas
- Resolución de disputas bajo marcos jurídicos internacionales
En esencia, Machado propone revertir un siglo de evolución institucional que culminó con la nacionalización de 1976. Su visión es más cercana al modelo de Texas o el Mar del Norte que al tradicional esquema latinoamericano de soberanía estatal sobre los recursos.
El objetivo es inequívoco: atraer capital masivo —hasta 150.000 millones de dólares— para llevar la producción a 5 millones de barriles diarios en el mediano plazo.
Pero más allá de los números, la lógica estratégica es profunda: despolitizarel petróleo como instrumento de poder.
Para Machado, el colapso de Pdvsa no es una anomalía, sino la consecuencia inevitable de la captura estatal de la renta petrolera. Su solución es eliminar ese incentivo estructural.
La realidad operativa: el modelo del Estado tutelado
Sin embargo, mientras esa visión se proyecta hacia el futuro, el presente venezolano está dominado por un esquema distinto: el llamado Estado tutelado, impulsado por la administración Trump tras la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026.
Este modelo no busca una ruptura inmediata, sino una transición controlada en tres fases:
Fase I: Estabilización
- Reconocimiento funcional del gobierno interino
- Control de flujos financieros petroleros bajo supervisión estadounidense
- Emisión de licencias OFAC para reactivar operaciones
Las licencias permiten a empresas estadounidenses y europeas producir, transportar y comercializar crudo venezolano, pero bajo estrictos mecanismos de control y reporte.
Además, los ingresos no fluyen libremente al Estado, sino a cuentas supervisadas por Estados Unidos, para garantizar su uso en fines específicos.
Recuperación económica
- Reforma de la Ley de Hidrocarburos (2026)
- Apertura parcial a inversión privada
- Meta: +500.000 barriles/día en ~3 años
La nueva ley permite mayor participación privada, contratos más flexibles y comercialización directa del crudo, aunque mantiene elementos clave de control estatal.
En este esquema, empresas como Chevron, Repsol y Shell ya han comenzado a expandir operaciones bajo el paraguas de licencias OFAC.
Fase III: Elecciones
- Consolidación institucional
- Eventual transición política
- Normalización plena del marco legal
Este modelo refleja una lógica distinta: no eliminar el Estado, sino disciplinarlo mediante incentivos externos.
La nueva Ley de Hidrocarburos: apertura sin ruptura
La reforma de 2026 es el punto de convergencia —y también de tensión— entre ambos modelos.
Por un lado, introduce cambios significativos:
- Mayor participación privada en producción y comercialización
- Reducción del control operativo absoluto de Pdvsa
- Flexibilización fiscal y contractual
- Mecanismos de arbitraje internacional
Por otro, mantiene elementos fundamentales del modelo estatal:
- Propiedad de los recursos en manos del Estado
- Amplia discrecionalidad del Ministerio de Petróleo
- Dependencia de licencias OFAC para operaciones clave
En términos históricos, esta reforma se asemeja más a una apertura pragmática que a una liberalización estructural.
OFAC: el nuevo árbitro del petróleo venezolano
En este nuevo orden, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) emerge como un actor central.
Las licencias generales de la OFAC —como la GL 46— no solo autorizan operaciones; también redefinen la arquitectura de poder del sector:
- Controlan quién puede operar
- Determinan condiciones contractuales
- Supervisan flujos financieros
- Imponen estándares de cumplimiento
En otras palabras, la OFAC sustituye parcialmente al Estado venezolano como garante del sistema.
Este fenómeno no tiene precedentes en la historia petrolera moderna. Ni siquiera en Irak o Libia se observó un nivel tan profundo de externalización regulatoria.
Dos visiones, un mismo objetivo: la renta petrolera
A pesar de sus diferencias, ambos modelos comparten un objetivo: reactivar la producción petrolera como base de la recuperación económica.
Pero difieren en la forma:
| Variable | Modelo Machado | Estado Tutelado |
| Rol del Estado | Regulador mínimo | Actor supervisado |
| Propiedad | Privatización funcional | Propiedad estatal |
| Marco legal | Internacional | Híbrido (nacional + OFAC) |
| Riesgo político | Alto (dependiente de transición) | Medio (controlado externamente) |
| Velocidad de inversión | Potencialmente alta | Gradual |
Desde la perspectiva de un inversionista —como diría Daniel Yergin— esta diferencia es crucial.
El capital no responde solo a reservas, sino a reglas.
El dilema del inversionista: oportunidad vs. certidumbre
Hoy, Venezuela ofrece una de las mayores oportunidades energéticas del mundo:
- Reservas gigantes
- Infraestructura parcialmente recuperable
- Precios altos en el mercado global
Pero también presenta riesgos extraordinarios:
- Incertidumbre política
- Marco legal dual
- Dependencia de decisiones de Washington
Por ello, la respuesta del mercado ha sido cautelosa.
Las grandes petroleras han comenzado a regresar —Chevron, Repsol, Eni— pero con inversiones limitadas y altamente condicionadas .
La apuesta masiva, la que podría llevar la producción a 3 o incluso 5 millones de barriles diarios, sigue en pausa.
Y esa pausa tiene una explicación clara: la ausencia de un modelo definitivo.
Conclusión: el petróleo como puente, no como destino
La historia del petróleo venezolano ha estado marcada por ciclos de apertura y control, de inversión extranjera y nacionalismo energético.
Lo que distingue el momento actual es que ambos modelos —el de Machado y el del Estado tutelado— no son excluyentes, sino la secuencia.
El primero representa el destino final: un sistema plenamente integrado al mercado global.
El segundo, la ruta de transición: un mecanismo para evitar el colapso mientras se reconstruyen las condiciones institucionales.
En este sentido, el petróleo no es el fin del proceso, sino el instrumento que lo hace posible.
Como en tantas otras transiciones energéticas, la pregunta no es si Venezuela volverá a producir petróleo a gran escala.
La pregunta es bajo qué reglas.
Y, en última instancia, bajo qué poder.
Porque en Venezuela —como en toda la historia del petróleo— la energía nunca ha sido solo energía.
Siempre ha sido política.
*CERAWeek es la conferencia energética más influyente del mundo, que se celebra cada año en Houston, Texas.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.elnacional.com
En la sección: EL NACIONAL
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