El populismo de Farage pasa a ser la fuerza dominante del la política británica mientras el Laborismo se hunde | elmundo.es

Reform UK, el partido populista creado y dirigido por Nigel Farage, se ha consolidado como la fuerza política más importante del Reino Unido en las elecciones locales del jueves. Aunque los resultados definitivos no estarán hasta el sábado por la tarde, Reform UK es el claro vencedor de unos comicios que, además, han sido una catástrofe para el Partido Laborista del primer ministro Keir Starmer. Los laboristas han perdido votos por el flanco derecho a manos de Farage, mientras que a la izquierda se han batido en retirada ante la irrupción del Partido Verde. Mientras, el Partido Conservador sigue sin recuperar terreno frente al populismo de Reform.
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Farage celebró los resultados como «un cambio verdaderamente histórico en la política británica», Y su contrapartida al otro lado del espectro político, el líder verde Zack Polanski -que se ha autodefinido como «ecopopulista» – declaró que el bipartidismo que ha definido la vida política en las islas «está muerto». Son dos frases destinadas a conseguir titulares, pero que reflejan lo que a día de hoy es una realidad innegable: el colapso del juego de conservadores y laboristas que ha dirigido la vida política británica desde hace cien años. Con más del 60% de los votos escrutados, esos dos partidos apenas acumulaban anoche el 32% de los votos.
El nuevo panorama político del Reino Unido es, así, pluripartidista, con Reform como claro líder, tories (conservadores) y laboristas disputándose la segunda plaza, los Verdes claramente al alza y los centristas liberal-demócratas manteniéndose en sus feudos tradicionales. Para acabar de completar el panorama de confusión, los nacionalistas galeses y escoceses han subido, lo que plantea de nuevo la cuestión de la secesión en el segundo de esos territorios.
Se trata, en realidad, de una repetición a gran escala de las elecciones municipales de 2025, en las que Reform UK ya se impuso de manera espectacular. La gran diferencia es que los comicios de este año eran mucho más importantes, puesto que de ellos salen más de 5.000 cargos electos -algo más del triple- incluyendo a los parlamentos regionales de Gales y Escocia. Por ello, el corolario es visible: Farage ya es un líder consolidado de la política británica. Incluso en el supuesto de que se confirmase una ligera caída de su porcentaje toral del voto (del 31% hace un año al 27% éste), es evidente que es una alternativa clara de cara a las elecciones generales previstas para agosto de 2029.
Es un panorama marcado por la incertidumbre, tal y como reflejaron los mercados financieros. La libra se debilitó y la rentabilidad de la deuda subió, como consecuencia del temor de los operadores a un giro a la izquierda del laborismo que le cueste el cargo a Starmer -y con él, a su austera ministra de Economía, Rachel Reeves- o a un retorno a la inestabilidad política de varios de los gobiernos conservadores que precedieron al actual Gobierno. Aunque está haciendo un tremendo esfuerzo por ganarse el apoyo de la City de Londres, que es el centro financiero del país, el populismo trumpiano de Reform sigue sin convencer al dinero.
La victoria de Farage es el fracaso de Starmer. El primer ministro, que no ha hecho más que perder elecciones desde que llegó al poder en agosto de 2024, asumió la responsabilidad. «No voy a endulzar los resultados», dijo el jefe del Gobierno que, sin embargo, declaró inmediatamente que «no me voy a ir», ya que eso sería «sumir al país en el caos».
El liderazgo de Starmer ha sido cuestionado por sus propios correligionarios y, muy especialmente, por el ala izquierda del partido. Sin embargo, ninguno de los líderes laboristas que han conspirado para derrocarlo en los últimos meses había dicho nada acerca de un posible relevo en la residencia del primer ministro en Downing Street. No habían hablado desde la izquierda ni su ex viceprimera ministra, Angela Rayner, a la que Starmer dejó caer del Gobierno en septiembre, ni el alcalde del Gran Machester, Andy Burnham, cuyo ascenso a una posición desde la que podría amenazarle políticamente bloqueó con una maniobra interna en enero. Ni desde la derecha el ministro de Sanidad, Wes Streeting.
El silencio atronador acaso se debiera a que ninguna de las facciones tiene garantizado que dirigirá la sucesión de Starmer. O, también, en que pocos pueden aspirar a capitán en un barco a la deriva y en claro riesgo de hundimiento. Porque no es solo que el Laborismo haya perdido en el total de los votos. Es que sus graneros electorales fueron saqueados por Reform. Perdió Timeside, a las afueras de Manchester, donde llevaba gobernando desde hacía 47 años y que, encima, está junto a la circunscripción de Rayner y dentro del área de poder de Burnham. Perdió la muralla roja de Gales, un territorio en el que no solo ha tenido que dejar el poder el Parlamento regional después de 27 años, sino que ha pasado a ser la tercera fuerza política. Y en Redbridge, el área de la circunscripción de Streeting, logró mantenerse en el poder por los pelos, asfixiado por la pinza de Reform a la derecha y de los verdes y los independientes a la izquierda.
Para los laboristas, no perder el poder, aunque sea por la mínima, se ha convertido en una victoria. Es algo que hasta cierto punto comparten con los conservadores de Kemi Badenoch. Los tories consiguieron recuperar algunos de sus feudos tradicionales en Londres, como Westminster, que habían perdido en el tsunami laborista de 2024, y mantener Kensington & Chelsea. Pero ni pudieron evitar que Farage siguiera comiéndoles votos en las zonas rurales y periurbanas, en las que han estado tradicionalmente sus votantes. Al igual que el Laborismo, el Partido Conservador británico se da por contento con aguantar como puede. Badenoch, al menos, ha laminado a sus rivales internos. Pero su problema es otro: cada vez más tories -incluyendo líderes- se van con Farage. A día de hoy, Reform parece el futuro.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.elmundo.es
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