Ir al contenido
Clasificadas

La quimera mineral de Trump en Groenlandia | elmundo.es

📅 🕐 01 Feb 2026🔗 Fuente: elmundo.es🕑 12 min de lectura
La quimera mineral de Trump en Groenlandia
Compartir:

«Los últimos barcos rusos en Groenlandia estuvieron aquí en la temporada 2013-2014. Entró una inusual corriente cálida y los bancos de caballas llegaron mucho más al norte de lo normal, así que hubo que contratar a pesqueros rusos, pero con capitanes daneses, para pescarlas, porque todos los demás estaban ya comprometidos en la temporada del bacalao y el rodaballo». Así reaccionaba un ex capitán de un pesquero de altura en el puerto de Nuuk, la capital de Groenlandia, tras las afirmaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trumpdiciendo que la isla estaba, literalmente, «tapada por barcos rusos y chinos».

Los pesqueros rusos con capitanes daneses que iban tras la caballa no parecen ser herederos de los barcos soviéticos que en la Guerra Fría se dedicaban a espiar y, aunque lo fueran, ha pasado más de una década desde que pasaron por las aguas que rodean a la mayor isla del mundo. Pero la anécdota es una más dentro de las cosas que Trump dice que existen en Groenlandia y que los groenlandeses sostienen que no existen o que, si existen, nadie sabe en qué cantidad están y cuánto cuesta explotarlas. En especial, las presuntas riquezas minerales del territorio.

Trump lleva un año en el poder prometiendo un colonialismo mineral que no funciona debido a un factor: la geología. En Venezuela ha prometido un tesoro petrolero para encontrarse con que las empresas no están, en un momento de precios especialmente bajos, dispuestas a gastar 100.000 millones de euros en explotar un crudo caro de extraer y de mala calidad. En Ucrania se obsesionó con las tierras raras, a pesar de que ese país, precisamente, no las tiene. Tan es así que en el (por ahora) último plan de paz de Estados Unidos para Ucrania, lanzado en noviembre, no se mencionaban las tierras raras ni una sola vez.

En Groenlandia hay grandes reservas de petróleo, carbón (grafito), hierro y tierras raras. En especial, estas últimas han estado en toda la campaña de Donald Trump para anexionarse la isla. El problema es que la distancia entre la imaginación trumpista y la realidad geológica es, también, enorme. Lo primero, por los costes. El 80% de Groenlandia está cubierta por hielo, que llega a alcanzar un máximo de 3.488 metros de espesor. Traducido a términos españoles, eso significa que ahí cabe el Aneto entero y sobran 84 metros de hielo. En realidad, Groenlandia no es una isla, sino tres, sepultadas y unidas por huelo. Si este se fundiera, aparecería una cuarta, ya que el peso del hielo es tan grande que la tierra en el centro del territorio está hundida bajo el nivel del mar y, sin glaciares, emergería. De hecho, debido al hielo que se funde por el cambio climático, la tierra en Groenlandia ya está empezando a ganar altura. Las palabras que más repiten en cualquier mapa topográfico del territorio son «Ikke Opmålt«, que en danés significa «inexplorado».

Un niño sostiene un cartel contra Trump durante la manifestación en Nuuk contra la anexión de la isla a EEUU.

Un niño sostiene un cartel contra Trump durante la manifestación en Nuuk contra la anexión de la isla a EEUU.A. DI LOLLI

Descartado el 80% cubierto por hielo, quedan 410.000 kilómetros cuadrados en la costa sur y suroeste practicables para la actividad humana. Pero, aun en esa región, las dificultades para cualquier tipo de operación industrial son infinitas. Pese a las riquezas del subsuelo groenlandés, a lo largo de los tres siglos de colonización activa danesa y noruega apenas ha habido una docena de minas en la isla, dedicadas a la explotación de criolita, zinc, plomo, carbón, grafito, oro, piedras preciosas, anortosita, y olivino.

Muchas de ellas nunca llegaron a ser verdaderamente operativas. Todas fueron subvencionadas, tenían participación del Estado danés, operaban en régimen de monopolio o eran beneficiarias de grandes exenciones fiscales. Incluso con esas ayudas, acabaron cerrando, aunque ahora es probable que varias sean reabiertas. La realidad es que ahora sólo funcionan dos minas en toda Groenlandia.

El problema, además, es que aparte de los yacimientos no hay nada. En Groenlandia no hay carreteras ni vías férreas. Todos los viajes son en barco o en avión. No se cultiva nada, de modo que hay que traer toda la comida de América o de Europa. No hay fábricas, así que el material de construcción también debe ser importado. Y, por supuesto, no hay cintas transportadoras de mineral, gasoductos, canalizaciones de agua, tendidos eléctricos, o centrales generadoras de energía. Ni tampoco mano de obra, con o sin cualificar, porque allí no vive prácticamente nadie.

Eso hace que los costes sean incalculables. Por ejemplo, el sector petrolero estima que extraer petróleo en la isla sale a 80 dólares el barril. Eso es unas 10 veces más que en Arabia Saudí y entre dos o tres más que en Texas. Con el precio del barril a 55 dólares, no tiene sentido explotar el crudo que, encima, está en alta mar, lo que exigiría la construcción de plataformas de petróleo capaces de operar en una zona que está a apenas mil kilómetros del Polo Norte geográfico.

Dan Sivertsen, secretario general de la Asociación de Empresas de Groenlandia, la patronal de la isla.

Dan Sivertsen, secretario general de la Asociación de Empresas de Groenlandia, la patronal de la isla.A. DI LOLLI

Eso abre las puertas a una potencial catástrofe ecológica son enormes, como revela el precedente de la plataforma Kulluk, fabricada en Japón y empleada en 2012 por la petrolera británica Shell para perforar en busca de crudo en las aguas del norte de Alaska, donde las condiciones meteorológicas son similares, aunque no tan extremas, como en el noreste de Groenlandia. Shell invirtió 3.000 millones de euros en el proyecto, pero la Kulluk nunca llegó a su destino. A varios miles de kilómetros del lugar en el que debía operar, el mar la soltó del remolcador que la movía y la plataforma acabó embarrancando en el sur de Alaska con más de medio millón de litros de combustible a bordo, que afortunadamente no se vertieron al mar.

Pero, además, una cosa es que haya reservas y otra cosa su cuantía. De nuevo, el petróleo ofrece una buena muestra de esa paradoja. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, que es el equivalente al Instituto Geológico y Minero español, Groenlandia tiene entre 17.500 y 31.400 millones de barriles de petróleo técnicamente recuperables. Aunque es una cifra muy considerable, el margen de error de la estimación es gigantesco. En la parte baja de la banda, eso es tanto petróleo como Brasil; en la alta, como Kazajistán.

«En realidad, todo intento de calcular las reservas [de los minerales] es aproximado. Los equipos de expertos deben trasladarse de un lugar a otro en helicóptero, dejando enormes extensiones de terreno sin cubrir, y sólo pueden trabajar dos o tres meses al año. Eso hace muy difícil medir las reservas con precisión», explica a este periódico Dan Sivertsen, secretario general de la Asociación de Empresas de Groenlandia, la patronal de la isla.

Eso a veces genera confusión entre los no iniciados. Porque en Groenlandia es relativamente común que la gente extraiga minerales por su cuenta, lo que genera la sensación de que la isla es una inmensa veta de riquezas sin explotar. Pero una cosa es que eso lo haga, por ejemplo, Miki Østergaard, de 64 años, un jubilado que estuvo en la Legión Extranjera francesa y que ahora se dedica a hacer artesanías para los turistas, y otra muy distinta que esas vetas sean rentables en una explotación industrial. «De vez en cuando voy al sur, donde estuvo la mina de rubíes de Aappaluttoq, que quebró hace un par de años, y traigo algunos para hacer artesanías», explica Østergaard en su taller en las afueras de Nuuk. La mina quebró, pero él y otros pueden seguir haciendo minería low cost. El problema es que eso no funciona a nivel empresarial.

Pero en ningún área alcanza la desproporción entre las palabras de Trump y la realidad de Groenlandia como en el de las tierras raras, que para el presidente estadounidense se han convertido en una verdadera fijación desde que llegó a la Casa Blanca y que, según algunas informaciones, estarían incluidas en el supuesto «acuerdo marco» que alcanzó sobre la isla con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en Davos.

El artesano Miki Østergaard.

El artesano Miki Østergaard.A. DI LOLLI

Para empezar, un detalle: en Estados Unidos hay más tierras raras que en Groenlandia, según el propio Servicio Geológico de EEUU. Las tierras raras son, además, como los ovnis: algo de lo que todo el mundo habla pero de lo que nadie sabe lo que son. En primer lugar, son de todo menos raras, ya que están dispersas por toda la Tierra. Y su precio es relativamente bajo. En 2024, todo el sector de las tierras raras -incluyendo extracción, procesamiento y distribución- generó en el mundo entre 15.500 y 16.200 millones de euros, según la consultora GMI, que sigue de cerca ese mercado. Eso es aproximadamente el 0,4% de los 3,6 billones de euros que movió el petróleo.

Lo que sí tiene Groenlandia son tierras raras pesadas, que son poco frecuentes fuera de China. Ahí hay dos proyectos clave a escala mundial. El más relevante es el de Tanbreezen el que el hijo mayor de Trump, Don Jr., participa como inversor-, con grandes reservas de disprosio (necesario en la industria nuclear y en los coches eléctricos) y terbio (indispensable en el sector aeronáutico y, más específicamente, en los aviones invisibles al radar). Cerca de Tanbreez está el yacimiento de Kvanefjeld, todavía más importante, pero cuya explotación por la australiana Energy Transition Minerals quedó paralizada cuando en 2021 el Gobierno groenlandés la paralizó alegando razones medioambientales. Un poco más al sur hay itrio, que se emplea en láseres y superconductores.

Esos tres yacimientos son importantes. Pero, de nuevo, sus costes y las dificultades de extracción hacen que sean proyectos a largo plazo. Incluso tras la preasignación de un crédito de 120 millones de dólares (102 millones de euros) del Estado de EEUU a Critical Minerals, que es la empresa que va a explotar Tanbreez, ese proyecto -el más avanzando- tardará años en empezar a extraer mineral. Esa lentitud es más significativa si se tiene en cuenta que Tanbreez está en una de las zonas más pobladas (o menos despobladas) y con mejor infraestructura de Groenlandia, habitada de manera permanente desde hace siglos, y en la que hay otros proyectos mineros.

De hecho, los groenlandeses son muy conscientes de que la minería avanzará muy despacio en su isla, por más que el cambio climático esté golpeando el Ártico con una intensidad tres veces superior a la del promedio de la Tierra. Esa es la razón por la que el Gobierno de Nuuk pudo prohibir en 2021 la mayor parte de la actividad petrolera y minera. La medida fue controvertida y es posible que en el futuro se elimine o se suavice. Pero de lo que parece haber pocas dudas es de que la mayor isla del mundo vaya a convirtiese en un nuevo Eldorado minero.

Fuente de TenemosNoticias.com: www.elmundo.es

En la sección: Internacional // elmundo

🔂 ¿Te gustó la noticia? Compártela:
Compartir:
🔗 Fuente original: elmundo.es ·

También te puede interesar

¡Copiado al portapapeles!

Mi resumen de noticias

WhatsApp