Un nuevo estudio publicado en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (PNAS) reveló que el optimismo y el pesimismo no solo se manifiestan en la actitud y el comportamiento, sino también en la forma en que el cerebro representa los pensamientos sobre el futuro.
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La investigación toma por título ‘Las personas optimistas son todas iguales: representaciones neuronales compartidas que apoyan el pensamiento episódico futuro entre individuos optimistas’, haciendo eco a su hallazgo principal.
Los cerebros de las personas optimistas tienden a funcionar de manera más sincronizada entre sí, mientras que los de los pesimistas muestran patrones más diversos e individuales, señalan los investigadores.
Los optimistas son todos parecidos, pero cada pesimista imagina el futuro a su manera
Yanagisawa KuniakiUno de los autores del estudio.
El cerebro solo tarda segundo en analizar a una persona. Foto:iStock
Un patrón compartido en los optimistas
La investigación, desarrollada por la Universidad de Kobe (Japón), utilizó resonancia magnética funcional (fMRI) para analizar la actividad cerebral de 87 participantes al imaginar distintos escenarios futuros.
Los resultados mostraron que los individuos con una actitud optimista presentaban patrones de actividad cerebral muy similares entre sí, especialmente en la corteza prefrontal medial, una región clave para la planificación y la representación del yo en el tiempo.
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Por el contrario, entre los participantes con rasgos más pesimistas, los patrones neuronales fueron mucho más diversos, lo que sugiere una visión del futuro más idiosincrática y menos compartida.
“Los optimistas son todos parecidos, pero cada pesimista imagina el futuro a su manera”, señaló Yanagisawa Kuniaki, uno de los autores del estudio.
Científicos hallan dato clave de las neuronas del aprendizaje y la memoria Foto:iStock
¿Qué implica esta similitud cerebral?
El estudio respalda la hipótesis conocida como el principio de Anna Karénina, que plantea que los desenlaces exitosos comparten rasgos comunes, mientras que los fallidos son más variados.
Esta teoría se aplicó aquí al funcionamiento cerebral: los optimistas muestran una convergencia neuronal al proyectarse hacia el futuro, mientras que en los pesimistas hay una mayor dispersión.
Además, el trabajo encontró que los optimistas distinguen con mayor claridad los eventos positivos de los negativos en sus representaciones mentales.
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Esta diferencia no implica que reinterpreten los eventos negativos de manera positiva, sino que tienden a procesarlos de forma más abstracta y distante, lo que podría reducir su impacto emocional.
Repercusiones en lo social y la salud
Una consecuencia indirecta de estos hallazgos es que las personas optimistas podrían tener una mayor facilidad para comprender y compartir la visión del futuro de otros, lo que reforzaría sus vínculos sociales.
Investigaciones previas han relacionado el optimismo con redes sociales más amplias, mayor satisfacción en las relaciones y mejor percepción de apoyo social.
Puede hablar con familiares o amigos para sentirse mejor. Foto:iStock
En cuanto a la salud, aunque tener una actitud positiva no garantiza la recuperación de enfermedades graves, sí se ha asociado con una mejor gestión del estrés y con hábitos de vida más saludables.
Incluso, según otro estudio citado por los autores, los rasgos de personalidad podrían influir en el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, aunque se trata de condiciones multifactoriales.
¿Innato o aprendido?
Una de las preguntas que abre esta investigación es si esta sincronía neuronal en los optimistas es un rasgo biológico o se construye a lo largo del tiempo mediante la experiencia, la cultura o el entorno social.
“La sensación cotidiana de estar en sintonía no es solo una metáfora. En un sentido muy físico, los cerebros de los optimistas pueden compartir una idea común del futuro”, concluyen los investigadores.