Menú Cerrar

Mona Ozouf, una gran historiadora | Babelia

Mona Ozouf, una gran historiadora | Babelia

Mona Ozouf, nacida en 1931, es una de las más grandes historiadoras francesas contemporáneas. En Prensas de la Universidad de Zaragoza acaba de ver la luz uno de sus primeros libros, de 1976, La fiesta revolucionaria, 1789-1799. Constituye la tercera de la escuálida lista de sus obras traducidas en nuestro país. Solamente resulta posible añadir Composición francesa. Regreso a una infancia bretona, un espléndido ejercicio de carácter autobiográfico sobre las identidades, que esta misma editorial puso a disposición del público en 2015, y el importante Diccionario de la Revolución Francesa, que dirigió en 1988 con François Furet, publicado en España al año siguiente por Alianza Editorial.

Aunque Mona Ozouf es autora de otros muchos e influyentes libros, en España sigue siendo una gran desconocida, lo que constituye, sin duda, una anormalidad. No son ajenas a esta situación excepcional, en un primer tiempo, esto es, los años setenta, ochenta y principios de los noventa, la interpretación no marxista que proponía de la Revolución Francesa, la calidad de su escritura, juzgada como negativa en una supuesta ciencia como la historia, y las invectivas lanzadas contra ella, no exentas de misoginia, por parte de Josep Fontana, uno de los grandes maestros inquisidores de la historiografía española. En el último cuarto de siglo, en cambio, aún persistiendo en algunos sectores los ecos de lo anterior, otras son las razones que pueden ayudar a entender la no atención a sus trabajos: la crisis de interés por la Revolución Francesa, secuela todavía de los empachos del bicentenario de 1989, y asimismo la pérdida de peso de la cultura y de la historiografía francesas en el mundo.

Leer a Mona Ozouf es siempre un placer: una escritura exquisita acompaña a unos análisis sutiles, inteligentes e informados. Esta historiadora, aunque de formación esencialmente filosófica, merecería ser mucho más conocida en España, tanto por la originalidad de los objetos abordados en sus trabajos como por el tratamiento historiográfico y la calidad literaria de su obra. Esta puede ser agrupada en tres grandes bloques. En el primero encontramos los textos sobre la República y la escuela republicana: L’École, l’Église et la République, 1871-1914 (1962), La République des instituteurs (1992), escrita con su marido, Jacques Ozouf, y Jules Ferry. La liberté et la tradition (2014), entre otros. La Revolución Francesa constituye el segundo de sus núcleos de interés historiográfico. A La fiesta revolucionaria, 1789-1799 y el Diccionario de la Revolución Francesa, podemos añadir L’homme régénéré. Essais sur la Révolution française (1989) o la apasionante Varennes. La mort de la royauté (2005). Algunos de estos textos, junto con prólogos y artículos, fueron recopilados en 2015 en De Révolution en République. Les chemins de la France. De su fructífera colaboración con Furet nacieron La Gironde et les Girondins (1991) y Le siècle de l’avènement républicain (1993).

Los libros dedicados a la novela y a la literatura conforman el último de los bloques: Les mots des femmes. Essai sur la singularité française (1998), La muse démocratique. Henry James ou le pouvoirs du roman (1998), Les aveux du roman. Le XIXe siècle entre Ancien Régime et Révolution (2001) —estas tres obras fueron reunidas en 2006 en el volumen Récits d’une patrie littéraire— y L’autre George. À la rencontre de George Eliot (2018). Ozouf es una gran lectora. Hace casi medio siglo que escribe sobre libros en Le Nouvel Observateur, que dirigiera Jean Daniel. En 2011 reunió sus siempre cuidados y sugerentes artículos en este semanario en La cause des livres.

En el conjunto formado por esta amplísima y rica obra, La fiesta revolucionaria, 1789-1799 ocupa un puesto muy destacado. Es un auténtico clásico. Abrió nuevas vías de exploración histórica de las fiestas y aplicó un cambio de perspectiva en el abordaje de la Revolución Francesa, anclado entonces en el izquierdismo social representado por Albert Soboul. En lugar de analizar las fiestas de la década revolucionaria a partir de una estricta cronología evolutiva o dividiéndolas en función de su inspiración política, Ozouf destacaba la unidad festiva de la Revolución Francesa. Un mismo proyecto inspiraba, en el fondo, las fiestas de la Federación, de la Razón o del Ser Supremo. Existía una voluntad de pasar página con las fiestas tradicionales y “decadentes” y fundar lo nuevo, lanzándose a los brazos siempre esquivos de la utopía, fijar una aparentemente nueva simbología con raíces en una imaginada Antigüedad, unir a los franceses —e, inevitablemente, excluir, purgar y disciplinar— y evitar las derivas violentas e incontroladas. Las resistencias populares a las novedades no fueron menores, como puede verse en todas las querellas y desobediencias vinculadas al nuevo calendario. La autora huía de la visión exclusivamente parisiense para abrir la mirada a lo que ocurría más allá de las puertas de la capital.

La conclusión de Mona Ozouf, en esta obra erudita y perspicaz, redactada en una bella prosa que la traductora ha sabido aquí cuidar y mimar, nos recuerda más al antropólogo de las religiones Alphonse Dupront que a Albert Soboul: por encima del acierto o el fracaso, más allá de una u otra opción simbólica o partidaria, las fiestas revolucionarias pretendían ser, en esencia, “un comienzo del tiempo”, regenerador, pedagógico y sagrado.

La aparición en 1976 de La fiesta revolucionaria, 1789-1799 constituyó un soplo de aire freso en los estudios sobre la Revolución Francesa. Su publicación en España puede ser la ocasión, casi medio siglo después, para el descubrimiento o la confirmación de una gran historiadora.

Fuente de TenemosNoticias.com: elpais.com / Jordi Canal

Publicado el: 2020-09-18 18:36:57
En la sección: Portada de Cultura | EL PAÍS

Volver al inicio