Sin toros (los de La Quinta no existieron) nada tiene importancia

Bien presentados y astifinos -el cuarto, precioso, de capa ensabanada- los toros de La Quinta, pero mansos de solemnidad, descastados, inciertos, desabridos… Hijos de distintos padres y madres, los seis habían ido a la misma escuela y solo el sexto acabó los estudios con un aprobado raspado. Suspendidos los demás, con notas muy bajas, de modo que la corrida se deslizó por un precipicio de creciente decepción desde su comienzo. El último, tan manso como los demás en el caballo, embistió con fiereza a la muleta de Tomás Rufo, pero tampoco salvó el honor de su casa. Los cinco restantes huyeron de los caballos o acudieron con un constante cabeceo en el peto, y más que embestir toparon los engaños con las caras por las nubes, sin recorrido, ni fijeza ni humillación.
La Quinta/ Perera, Luque, Rufo
Toros de La Quinta, bien presentados y astifinos, muy mansos, descastados y deslucidos. Solo el sexto, manso, fiero y encastado, cumplió en la muleta.
Miguel Ángel Perera: estocada atravesada y baja y siete descabellos (silencio); dos pinchazos y estocada caída (silencio).
Daniel Luque: pinchazo, estocada y un descabello (silencio); media estocada _aviso_ y un descabello (silencio).
Tomás Rufo: pinchazo _aviso_ dos pinchazos, estocada perpendicular y desprendida y dos descabellos (silencio); estocada baja, dos descabellos _aviso_ un descabello y el toro se echa (silencio).
Plaza de toros de Las Ventas. 9 de mayo. Segundo festejo de la Feria de San Isidro. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).
Fuente de TenemosNoticias.com: elpais.com
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