‘Todo sobre la cancelación’, el nuevo libro de Paloma Cobo que explora el impacto de este fenómeno en las redes sociales y en la vida diaria

Candidata a doctora en antropología en la universidad de Cambridge, después de haber sido investigadora en Dejusticia, la JEP y en las universidades Externado y Javeriana, Paloma advierte que ella es producto no solo de esos ámbitos académicos y profesionales sino también, y cómo no, de la educación que recibió en su hogar : hija del poeta, intelectual y escritor, fallecido hace un par de años, Juan Gustavo Cobo Borda y de su madre, la matemática argentina Griselda Díaz.
“A mi papá le debo el cariño por los libros, por la literatura, incluso la idea de escribir y que la escritura sea parte de tu trabajo es mucho más fácil cuando viste hacerlo a diario a tu padre desde que eras niña. En el libro hablo de cuadros y ese cariño por el arte también se lo debo a mi papá. Cito en el ensayo a Balthus, pintor que a él le gustaba mucho y en el proceso de preparación de ese capítulo consulté sus libros. A mi madre le agradezco haberme educado con disciplina, en un ambiente muy creativo por la solvencia para resolver situaciones de la vida diaria. Ella soluciona con gran habilidad todo tipo de problemas».
Paloma es dulce, amable, risueña, interesada en el cine, el teatro, las artes plásticas y, más que nada, lectora de todas las horas, jornadas que reparte entre los libros que ya tiene y los que va adquiriendo cada vez que s ele presenta la ocasión y la redes que la seducen no solo como seguidora sino para meter baza. Sin duda, muchas de estas costumbres provienen de ese legado al que le hace honor.
Herencia que se le nota, también, no solo en su manera de expresarse sin vacilaciones sino en su escritura precisa, inteligente, documentada. En este ensayo hace gala de ese conocimiento acumulado, en algunos capítulos refiere cuestiones muy personales sin repelús y cita autores desconocidos con la solvencia de quien está acostumbrada a un cotidiano de lecturas y más lecturas.
Apartes de una larga y entretenida charla.
¿Cuál fue la motivación para escribir un ensayo sobre la cancelación que circunscribe a las redes y al mundo de los jóvenes, como lo señala de manera repetitiva, aunque en algunos capítulos reitera, de otra parte, que este fenómeno no le parece fundamental?
Era un tema que me interesaba desde hace un tiempo. Lo que consideraba y sigo considerando es que no creo que sea lo más urgente del mundo ni lo más importante. Sin embargo, la cancelación nos habla. Es como una ventana enorme que se asoma para ver muchos problemas del mundo contemporáneo. Entonces me pareció una buena excusa para pensar cómo son nuestras relaciones, ahora mediadas por el Internet, con el arte, con la justicia, etc. Y claro, no todo el mundo está metido en las redes sociales, no todos hacen parte de los debates que se dan ahí. Sin embargo, la cancelación permea el debate público y es una conversación viva y vigente. El proceso de escritura fue largo, tres años. También pensé que de pronto el tema ya no estaría tan a la moda como cuando comencé a escribirlo, pero la verdad es que vuelve a resurgir a menudo y a cobrar actualidad.
Paloma con su primer libro de ensayos Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO
¿Por qué no trato más casos de Colombia?
Cuando comencé a escribirlo tenía ganas de que no fuera un libro sobre casos específicos de cancelación y el debate particular de cada uno, sentía que ya se había escrito mucho sobre algunos de ellos, entonces no quería repetir. Lo que quería hacer era acercarme a la cancelación desde un lugar más novedoso. Entonces, traté de buscar casos que me parecían que estaban como en una zona gris y que más que decir este tenía la razón o este no, era pensar en la cancelación en términos más generales. Tampoco quise mostrar quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Hay un par de casos colombianos y latinoamericanos, pero los menciono muy de pasada. Me acerco al tema no desde la anécdota. Analizo situaciones planteadas en distintos escenarios: desde la Biblia hasta el arte
Relata más casos de la derecha canceladora que de la izquierda, ¿es así?
Sí, totalmente de acuerdo. Cuando comencé a escribir el libro, la cancelación ocurría sobre todo hacia círculos progresistas, no sólo de izquierda sino en general hacia sectores de luchas identitarias, grupos feministas o antirracistas. Y después pasó ese fenómeno interesante de cómo la derecha usó la angustia que producía la cancelación a su favor. Ahondando más en el tema puedo afirmar que la cancelación no se da de un solo lado del espectro político.
Cuando propone el tema a la editorial Planeta, ¿cuál fue la reacción?
Este libro hace parte de una colección nueva de ensayo, que se llama Plural. La idea de los editores era hacer una colección de ensayo porque sentían que no había tanta oferta de ensayo en Colombia, escrita por jóvenes, sobre temas vigentes en los que la gente estuviera pensando. Y mi propuesta se inscribía justo en ese planteamiento. Si bien ha habido muchos debates en blogs, en redes sociales, en algunos podcasts, no había un libro sobre la cancelación escrito desde acá, incluso en América Latina no hay tantos.
¿Por qué entonces no le pidieron que hicieras más énfasis en casos locales?
No queríamos que fuera sólo sobre la actualidad del país. La idea era no volver a contar los mismos casos y tampoco de los que se había hablado mucho. Ese era el reto, porque como la cancelación suena tanto en el debate público, parecía que estaba como gastada, trillada. Entonces era más bien la oportunidad de analizarlo desde lados distintos.
Paloma, con un cuadro donde aparece su padre el poeta Juan Gustavo Cobo Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO
¿Qué pasa en las presentaciones de su libro que han sido muchas y en diferentes regiones?
Me ha sorprendido el interés que despierta el tema entre personas muy diversas. Desde gente que está muy asustada con la cancelación porque piensan que se está acabando con la libertad de expresión a otras personas que creen que es una forma muy válida de protestar, hasta gente que no lo entiende del todo, que como que ha escuchado un poco de eso, pero no está tan embebida en el problema. Ha sido divertido ver a distintas generaciones aproximarse al libro.
La cancelación se sale de las redes sociales, en la vida diaria se dan muy a menudo cierres, ¿los trato?
No, no tanto. En el último capítulo un poco. Quería hablar de cómo lidiar con un amigo que hace chistes de mal gusto o chistes machistas. ¿Qué hacer? Sería bueno denunciarlo, dejar de ser su amigo o si había otras alternativas para combatir con aquello que uno considera que está equivocado. Quería pensar en cuáles eran las emociones y sentimientos que estaban detrás de ese dilema. Esas ganas de cancelar algo con lo que no estamos de acuerdo o que creemos que es equivocado. Entonces, si sucedía porque nos daba miedo, si era porque queríamos parecer más justos, más buenos. O si consideramos que cuando algo está mal, debemos castigarlo o si hay otras formas de abordarlo.
¿No la parece que esas actitudes pertenecen al ámbito de la justicia?
De acuerdo. Por eso el libro describe lo que ha pasado más que juzgar a los que estaban cancelando o siendo cancelados, quería simplemente describir el fenómeno y pensar en eso, aunque a veces implicaba tomar partido. El dilema se expresa en si la cancelación al final sí es útil, si es buena, si nos está sirviendo para lo que supuestamente debería servir, que es como llegar a un mundo, a una sociedad mejor, más respetuosa. Menos violenta.
¿Se ha servido de las redes para ahondar sobre ese punto?
De las redes sí, pero también en las presentaciones de los libros o con gente que ha leído el libro y me ha escrito, me ha llamado y con la que puedo intercambiar puntos de vista. De igual manera esos intercambios de opiniones me han hecho pensar en muchas cosas en las que no pensé o en las que me quedé corta en este ensayo. Y siguen apareciendo nuevos casos de cancelación. Vuelve a avivarse el debate. Por ejemplo, la no participación de la escritora Laura Restrepo y otros en el Hay Festival de Cartagena, generó muchos comentarios sobre si eso era o no una cancelación y en el caso que lo fuera, si era justa.
¿Qué diferencia al escrache de la cancelación?
La gran diferencia es que el escrache está reconocido como delito en nuestro medio. Es una sanción. Y la cancelación es denunciar a una persona por una falla, excluirla del grupo social al que pertenece, promover y participar de un boicot en su contra.
Hay algunas cancelaciones que están dirigidas especialmente a gente que ha cometido abuso sexual, acoso sexual o laboral y estos casos en particular normalmente se vuelven escraches. Las mujeres, víctimas de abuso o de acoso, denuncian a su agresor en redes sociales, entonces dicen esta persona con nombre y fotos, abusó o acosó de mí.
En el libro intento demostrar que no todas las cancelaciones son iguales, que hay cancelaciones que son por cosas muy graves y que de pronto la cancelación sí es la única manera de enfrentarlas cuando otras formas de justicia no funcionan, pero que hay cancelaciones que son por cosas muchísimo menos graves. Entonces trato de hacer la diferencia entre los escraches que son delitos, que son acciones violentas y otras que son más cancelaciones por ideas polémicas, por chistes malos o por banalidades.
¿Cuál es la práctica que puede considerarse como más grave en las cancelaciones?
El acoso sexual. Creo que estos son los casos más difíciles porque muchas veces a las víctimas puede tomarles mucho tiempo para denunciar. Las víctimas de abuso y acoso sexual encuentran que el sistema es poco amigable con sus reclamos, hasta intolerante para que puedan denunciar. A veces, también, si es contra una persona muy poderosa se duda en que haya justicia.
Por otro lado, si cancelas a alguien, esa acción te obliga a ser coherente siempre en todas tus actuaciones, porque estás diciendo la cancelo porque es inmoral o porque está en contra de los derechos humanos. Un caso concreto es el de los escritores. La respuesta que les han dado a Laura Restrepo y a quienes se le han unido, es por qué ellos no cancelan a las personas que han defendido a Maduro, sabiendo que él ha permitido y promovido violaciones a los derechos humanos. Porque no tienen el mismo rasero para evaluar el comportamiento de esas personas. En esas evaluaciones pueden cometerse errores, debido a sesgos personales y, en otras oportunidades, porque ha faltado información suficiente.
Creo y espero de los intelectuales tengan más imaginación para enfrentarse con aquello que les parece que está equivocado, con las ideas que consideran que son erróneas. La cancelación no es tan útil para la construcción de una mejor sociedad, para mayor democracia, para llegar a consensos. Esa no es una estrategia efectiva. Hay otras maneras de hacerlo.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com
En la sección: EL TIEMPO.COM -Cultura
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