Amores que matan | Mundial 2026 fútbol | elmundo.es

Veinticinco días y 90 partidos después de su comienzo, el Mundial empieza a cobrar auténtico interés con, incluso, el primer enfrentamiento directo entre favoritos: el España-Portugal («el bloque ibérico», en lenguaje de los años de Franco y Oliveira Salazar). El torneo va depurándose, afinándose, en su trayecto hacia una final cada vez más cercana.
Tras otra temporada agotadora, quienes la disputen llegarán machacados luego de una competición interminable y con la dureza extra del calor y los viajes entre tres países muy grandes. Se tomarán las vacaciones como una convalecencia más que como un descanso. Ellos y todos se quejan. Pero nadie renuncia. Y es que «Football is business«. La FIFA, que ganará unos 10.000 millones de dólares, repartirá a diestro y siniestro más de 1.000.
Durante toda la competición, los aficionados, citando a Sabina en «19 días y 500 noches», habrán derrochado la bolsa y la vida por la camiseta de sus desvelos. Habrán mostrado devoción por el balón y mansedumbre ante los precios de las localidades, los desplazamientos, los alojamientos, los alimentos, etc. Arrastrados por una pasión inflamada que se reconoce pura, seguirán sufragando un tinglado elefantiásico que los utiliza mientras, en el fondo, los relega. Ellos dotan al fútbol de sentido y lo sostienen a fuerza de sacrificios sin recompensa equivalente, aunque el propio fútbol parecería proporcionársela con su mera existencia.
Por si este Mundial en el que sobraban la mitad de equipos y de días no bastase, el de Clubes de 2029 también constará, se aventura, de 48 participantes. El ganador percibirá, se avanza, 150 millones de dólares. Más o menos la misma cantidad en euros que suponen los 116 millones de libras que ha desembolsado el Manchester City, ese club tramposo e impune, al Nottingham Forrest (16º clasificado en la Premier) por Elliot Anderson (¿cuánto vale Kane?).
El fútbol es el fruto de la entrega incondicional e ilimitada del aficionado. Como todo exceso, es peligrosa. Volviendo a Sabina, el amor cuando no mata, muere. Y cuando no muere, mata. El hincha es un suicida feliz.
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