Los futbolistas clonados | Mundial 2026 fútbol | elmundo.es

Se parece al Mbappé del Real Madrid. Tiene la misma edad. Mide los mismos 180 centímetros. Los ojos son clavados al que viste de blanco. La forma de la cara. Los labios. La voz. El pelo. Las orejas. Igualito todo.
Pero no es aquella réplica exacta que Florentino debió de comprar por AliExpress.
Sino el original, el verdadero, el bueno.
Viéndole en movimiento estos días, viendo el torneo que está haciendo el delantero francés, queda al descubierto que es cierto aquello que la FIFA esconde en un expediente clasificado: la existencia de la fábrica de clonación de futbolistas. Un complejo ultrasecreto dotado con los mejores genetistas donde se hacen copias exactas de los cracks: de tal modo que los auténticos son enviados a sus respectivas selecciones para mayor gloria de los campeonatos mundiales, y su versión fake, lenta, imprecisa, impostora, indolente, es encalomada como una enorme engañifa a los clubes. Un poco a la manera de Espérame en el cielo, aquella película en la que un ciudadano llamado Paulino Alonso (interpretado por Pepe Soriano) era raptado y entrenado para hacerse pasar por Francisco Franco.
Los del Atleti conocemos bien la existencia de la fábrica esa porque en el Metropolitano nos colaban una semana tras otra al falso Rodrigo de Paul y, luego, en la selección argentina salía el original, claro. El primero le llegó a pedir permiso a Simeone para ir a su país porque su padre estaba muy enfermo y, en realidad, el clon descerebrado fue pillado en una fiesta a Miami. El segundo se comía la hierba con la albiceleste.
Esto de las identidades dobles y el fútbol me lleva a aquella conocida anécdota que sucedió en un partido de la liga escocesa.
Jugaban el Partick Thistle y el Stirling Albion. Todo transcurría sin grandes novedades hasta que Colin McGlashan, delantero de los primeros, sufrió un violentísimo golpe en la cabeza y quedó aturdido. Allá que salió el médico a comprobar el estado del jugador: sufría una pérdida de memoria temporal. Rápidamente se lo comunicó a John Lambie, su entrenador: «¿Que no recuerda quién es? ¡Perfecto! ¡Dile que es Pelé y envíalo de nuevo al campo!».
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