los emergentes ya no son el ‘patito feo’ del mercado

En el mercado de renta fija, los inversores se agolpan para tratar de encontrar los activos que ofrecen las mayores rentabilidades con el menor riesgo posible. El riesgo, en este caso, es el de que un país o una empresa incurra en un impago y no pueda devolver el dinero que se le ha prestado, o de que su situación económica empeore y el precio del bono caiga. Así, la tarea de un buen inversor es tratar de encontrar, en ese juego de valor relativo, esos activos que el mercado no está valorando bien, porque ofrecen una rentabilidad más alta que otros activos, a pesar de que el riesgo sea similar. En los últimos años los mercados emergentes están levantando la cabeza en este sentido, tanto en deuda corporativa, como en soberana, con unos bonos que pagan mucho más que los de los desarrollados, a pesar de las señales que apuntan a que el riesgo cada vez es menor frente a estos últimos.
Uno de los indicadores que usan los mercados para medir el riesgo que entraña un activo es la volatilidad en los precios. Cuanto más volátil sea un activo, más riesgo implica invertir en él, por lo que lo normal es que, a más volatilidad, los retornos que ofrece sean más elevados. Ahora, sin embargo, en el mercado de renta fija está ocurriendo una anomalía que apunta a que los mercados emergentes son ahora especialmente atractivos frente a los desarrollados, ya que, con una volatilidad similar, las rentabilidades que ofrecen los primeros son mucho más altas.
El giro en la volatilidad de la renta fija emergente frente a la desarrollada se produjo a mediados de 2022, y desde entonces se ha consolidado. Ya son más de dos años en los que la volatilidad que sufre la deuda emergente es prácticamente la misma que la de los mercados desarrollados, y se trata de un proceso que, como explica Pilar Arroyo, directora de inversiones de renta fija de M&G en España, «está pasando algo desapercibido».
El origen del cambio tiene más que ver con los mercados desarrollados que con los emergentes, ya que, en el momento en el que la volatilidad se igualó y comenzó a moverse en los mismos niveles, fue más por un aumento de volatilidad de los desarrollados, que por un descenso fuera de lo común de los emergentes. La volatilidad, sin embargo, no es el único argumento que ahora tienen los mercados en desarrollo en su favor, y cada vez parece que esta clase de activo, que antes parecía el ‘patito feo’ en el estanque de la renta fija mundial, tiene más atractivo para los inversores.
Con una volatilidad muy similar a la de los desarrollados, la comparativa de las rentabilidades a vencimiento que ofrecen los grandes índices de renta fija emergente, frente a los de deuda europea, y los de la estadounidense, dejan a estos últimos en evidencia, y está haciendo que algunos analistas se adelanten y señalen el atractivo que presentan los bonos emergentes para convertirse, al menos, en una parte más importante en las carteras. A día de hoy, los índices de deuda que pondera Bloomberg mantienen una rentabilidad a vencimiento del 5,8% en el caso de los emergentes, del 4,2% en el de los bonos estadounidenses, y del 2,85% en el de los europeos.
En este sentido, Alicia García Santos, responsable de M&G para España, Portugal y Andorra, explica cómo «hay un buen argumento para este año invertir en deuda emergente, pero es bastante frustrante ver que el apetito del inversor español por estos activos es muy bajo. Debería ser más alto y tener cabida estructural en las carteras. No la tiene, y además, muchas bancas privadas no la incluyen dentro de sus referencias de inversión para las carteras de sus clientes, lo que da una idea de la consideración que tiene por parte de los distribuidores españoles», señala.
«Es una pena», concluye García Santos; «creo que hay más apetito por parte de los inversores institucionales, quizá porque la entienden mejor y saben que la volatilidad es similar, que tienen más calidad de la que se percibe. Es verdad que, a veces es más difícil cambiar una percepción que una realidad», señala.
Los puntos fuertes de los emergentes frente a los desarrollados
Pilar Arroyo destaca algunos de los puntos que lleva a la gestora a considerar que «la renta fija soberana emergente debería tener una asignación estructural en las carteras», algo que, a día de hoy, no ocurre, al menos en el caso del inversor español. Arroyo explica algunos cambios que se están produciendo en el mercado, y que, sin embargo, parecen estar pasando desapercibidos.
«De cara a 2026 hay que tener deuda de mercados emergentes. Se está produciendo una mejora en la credibilidad de los bancos centrales de estos países, con más independencia de la Reserva Federal», señala Arroyo. Además, destaca cómo cada vez hay «más disciplina fiscal», y «más liquidez» en estos mercados, puntos fuertes para la clase de activo. La mejora en la credibilidad de los bancos centrales de emergentes contrasta con la que están sufriendo sus homólogos de los mercados desarrollados, como es el caso del Banco Central Europeo y la Reserva Federal tras la crisis inflacionista que llegó después de la pandemia. Y ahora, los ataques a la independencia de la Fed que está llevando a cabo la administración Trump no ayudan en este sentido.
En el frente de la disciplina fiscal, ahora algunos de los países más importantes del espectro de mercados desarrollados están quedando en evidencia frente a los emergentes. Francia, e incluso Estados Unidos, son los dos ejemplos más claros en este sentido. «Las ratios de deuda / PIB de los mercados emergentes se mueve en torno al 50% y el 60%, frente a los desarrollados, que muchos tienen el doble», señala Arroyo. A eso hay que añadir que «estos mercados son motores decrecimiento, con tasas del 4% esperada para 2026, frente al 1,6% que se prevé para los desarrollados», explica. Una de las claves es «la demografía, que es el motor del crecimiento», indica Arroyo, un factor que pinta el futuro de los emergentes con mucho más optimismo que la de los desarrollados.
Con una situación macroeconómica tan favorable, no es de extrañar que las agencias de calificación estén recogiendo en sus revisiones esta mejora en los fundamentales de estas economías. «En 2024 hubo 14 mejoras de calidad crediticia en este universo, y para 2025 se espera una tendencia similar», explica Arroyo. Sin embargo, «para los desarrollados no se esperan muchas mejoras», destaca.
De hecho, en los últimos meses se han producido deterioros del rating muy significativos en el mercado de desarrollados, con el país históricamente considerado de menos riesgo, Estados Unidos, perdiendo la máxima calificación de deuda por primera vez en la historia debido al deterioro de la situación fiscal que está atravesando. Otro ejemplo de problemas es Francia, a quien le toca el turno de revisión de rating este viernes, con la decisión de Standard and Poor’s programada para esta fecha, una agencia que, ya el pasado octubre, recortó la calificación al país galo, confirmando los problemas estructurales que sufre su economía.
Arroyo concluye con un dato histórico: «Históricamente, si se compra renta fija emergente en los niveles de TIR actuales, en los siguientes dos años nunca se ha perdido dinero, y la rentabilidad que se ha obtenido en ese periodo de dos años fue del 17%», explica.
El atractivo de los emergentes no está pasando desapercibido para todo el mundo. Desde JP Morgan AM, por ejemplo, destacaban el pasado mes de agosto cómo «los fundamentales de la deuda emergente soberana han sido resilientes en el volátil contexto de mercado reciente. Las economías emergentes todavía esperan mayor crecimiento, a pesar del frenazo de los mercados desarrollados, y los diferenciales en los mercados de deuda se han mantenido relativamente tranquilos durante los anuncios de los aranceles de EEUU», señaló la gestora del banco en verano.
UBS, por su parte, explicó en aquel momento cómo «la deuda emergente se espera que genere retornos robustos», y hace hincapié en los buenos datos fundamentales que presentan ahora estas economías, en contra de las más avanzadas: «En la última década, la deuda soberana de emergentes se ha multiplicado por dos en tamaño, pasando de 700.000 millones de dólares a principios de la década de 2010, hasta los 1,5 billones de dólares que mantiene ahora, según los datos de JP Morgan», explica. UBS añade cómo «este crecimiento no sólo se ha conseguido por un aumento del gasto, ya que la deuda pública neta es del entorno del 70% del PIB en estas economías, mientras que para las desarrolladas ha sobrepasado consistentemente el 100%«, explica.
Los riesgos a considerar
Con todo, desde M&G consideran importante matizar el atractivo que tienen los emergentes. Sí, hay una oportunidad y el mercado parece estar mirando para otro lado, pero también advierten de los peligros que entraña invertir en esta clase de activo, que, a día de hoy, es complicado que se pueda convertir en una parte estructural de las carteras de renta fija. «Estamos viendo muchos cambios estructurales, pero tenemos que ver una continuidad», explica Arroyo.
La gestora indica cómo «hay 70 países en este universo, con mucha disparidad y diversidad. No todos lo están haciendo tan bien, y aunque hay un cambio de tendencia muy positivo para la clase de activo, sigue teniendo un mayor riesgo, no medido sólo en términos de volatilidad pura. Hay más riesgo de defaults; no es tan raro ver economías emergentes cayendo en impago, pero, en desarrollados, desde Grecia, no hemos visto ninguno», recuerda Arroyo.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
En la sección: elEconomista Mercados
También te puede interesar




