Una avalancha histórica de petróleo se agolpa a las puertas de Ormuz: largas colas de buques y navieras enteras ya se preparan para inundar el mundo con crudo

El petróleo amanece este lunes con importantes caídas que se suman a las del pasado viernes. Los mercados de crudo empiezan a descontar poco a poco la avalancha de petróleo que se acerca a Ormuz a gran velocidad para comprobar si el acuerdo de paz y para reabrir el estrecho real. La misión va a ser titánica y no será cosa de dos días, pero los flujos de petróleo que corren por Ormuz podrían incrementarse relativamente rápido como se ha visto en las últimas semanas, donde el petróleo que discurre por esta arteria ha aumentado un 50% aprovechando los ‘tránsitos oscuros’. Ahora, con la vuelta a la ‘normalidad’, el mercado debería volver poco a poco al estado previo a la guerra, es decir, a un mercado en el que cada día sobraba petróleo por el crecimiento de la oferta en América y algunos países de la OPEP que se habían declarado en rebeldía. Ormuz se prepara para gestionar una avalancha histórica de petróleo.
De momento, las noticias son algo opacas. Pakistán ha informado escuetamente de acuerdo para cesar las hostilidades y se entiende que una de las primeras premisas es permitir cuanto antes el paso por Ormuz mientras EEUU e Irán se dan 60 días más para alcanzar un acuerdo más amplio. Como señalan este lunes los analistas de Société Générale, la inmediata reapertura elimina el escenario más perjudicial: «Una interrupción prolongada del estrecho de Ormuz que empujaría el petróleo hacia los 100-160 dólares por barril, desencadenaría una destrucción no lineal de la demanda y acercaría a Europa, Japón y el Reino Unido a la estanflación». Con esta reapertura, «la crisis del petróleo se convierte en una crisis de precios persistente, no en una crisis de oferta física total», ahondan desde el banco galo.
Dando por bueno el acuerdo y suponiendo que todo avance sin contratiempos (que es mucho suponer), la industria calcula que unos 2.000 barcos permanecen varados en el Golfo, a la espera de que se les permita el paso. Esta es una cantidad histórica que ahora debe gestionarse, lo que generará largas colas de buques listos para cruzar el estrecho y reanudar su actividad. Todo este tránsito, a su vez, debe coordinarse con la reapertura de miles de pozos de petróleo y de maquinaría de la industria que lleva parada meses o semanas porque no tenía sentido seguir extrayendo un crudo que no se podía exportar o que ya no cabía en las instalaciones de almacenamiento de petróleo de los países que rodean o que usan de forma intensiva el estrecho de Ormuz para vender su petróleo y gas.
Pero incluso si el estrecho se reabre a todo el tráfico, seguirá habiendo obstáculos para la navegación, aseguran los expertos a los que ha tenido acceso elEconomista.es. EEUU ha venido a admitir que tardará seis meses en retirar las minas que, según cree, fueron colocadas por Irán. De hecho, esta fue una de las principales razones por las que las aseguradoras marítimas cancelaron en marzo los seguros contra riesgos de guerra para los petroleros que transitaban por el estrecho. No obstante, parece que existe la certeza de que se han mantenido ‘pasillos’ seguros por los que podrán transitar los buques haciendo una suerte de fila, línea o caravana que recordará a los peores días de salida de Semana Santa en España.
Una misión titánica
Cientos de petroleros cargados de crudo (y otros tantos navegando vacíos a la espera de recoger su mercancía) llevan semanas concentrándose en las inmediaciones del estrecho de Ormuz a la espera del momento de la reapertura, que parece haber llegado por fin (esta vez de verdad tras varios supuestos acuerdos en falso que han sido destrozados por nuevas acciones militares). Al mismo tiempo, miles de pozos van a volver a ponerse en marcha para extraer petróleo, los enormes depósitos de almacenamiento comenzarán a dar salida a un crudo acumulado durante meses y oleoductos que hoy permanecen infrautilizados retomarán gradualmente su actividad.
El objetivo será devolver al mercado, lo antes posible, un volumen de suministro equivalente a cerca del 15% de toda la producción mundial de petróleo. Nadie moverá semejante maquinaria por altruismo o para rescatar a la economía global. Lo harán productores, navieras, refinadoras y comerciantes impulsados por su propio interés económico, intentando recuperar ingresos y actividad cuanto antes.
«Cuando llegue ese momento, la reapertura del estrecho de Ormuz será un acontecimiento sin precedentes: habrá que reactivar cerca de 10.000 pozos petrolíferos que representan aproximadamente el 15% de la producción mundial y que llevan más de cien días cerrados. Nunca antes la industria energética se ha enfrentado a una operación de esta magnitud. No existe un manual de instrucciones para algo así; el sector tendrá que aprender sobre la marcha», explicaba hace una semana Javier Blas, analista de materias primas y columnista de Bloomberg. Desde este viernes podría ponerse en marcha esta misión titánica que dará mucho que hablar y pondrá a prueba la capacidad del ser humano para gestionar ingentes cantidades de crudo, gas y mercancías.
Mientras tanto, el mercado petrolero cotiza con caídas intensas que ya superan el 10% en dos días ante la previsión de que el petróleo vuelva a fluir más pronto que tarde. El barril de Brent cae a la zona de los 83 dólares, cuando hace solo unos pocos días coqueteaba con los 100 dólares el barril. La caída ha sido aguda en muy poco tiempo. Ningún analista sabe con certeza qué ocurrirá cuando vuelvan a circular los buques con normalidad, pero cada vez más expertos contemplan un escenario de rápida normalización gracias a la flexibilidad de la industria y la mejora de la tecnología. Algunas firmas, como Julius Baer, anunciaron hace más de una semana una visión bajista sobre el petróleo al considerar que la oferta reprimida durante estos meses podría regresar al mercado con mucha rapidez una vez se restablezca el tráfico marítimo.
Este escenario se vería reforzado por factores adicionales que apuntan hacia un aumento de la producción global. Entre ellos destaca la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP (un país que tiene capacidad para bombear más de cuatro millones de barriles de crudo y que ahora actuará por su propia cuenta, sin los techos de producción de la OPEP), una decisión que permitiría al país incrementar su bombeo sin las limitaciones de cuotas impuestas por el cartel. Si buena parte del petróleo retenido vuelve a fluir al mismo tiempo que otros productores aceleran su oferta, algunos analistas creen que el mercado podría pasar rápidamente de una situación de escasez a otra de abundancia. En ese contexto, no faltan previsiones que contemplan un descenso del precio del barril hasta la zona de los 70 dólares en pocos meses una vez que Ormuz recupere plenamente su actividad.
El Brent podría ser más ‘combativo’
Esta escenario aún prevé que el Brent se mantenga en torno a los 80 dólares/barril a finales de año, pero evita el problema del umbral de inventarios y la destrucción forzada de la demanda inherentes a los escenarios de reapertura posteriores, remachan desde SG. El foco pasa a estar sobre cómo gestionar ahora los flujos de petróleo y gas después de más de tres meses de parálisis.
«El mercado tiende a tratar la reapertura como un interruptor que se acciona, pero en realidad se trata más bien de un proceso», afirma Haris Khurshid, director de inversiones de Karobaar Capital, con sede en Chicago. «Los flujos físicos pueden reanudarse rápidamente. La confianza, por lo general, no». El analista añade que la reapertura del estrecho y la normalización de los flujos comerciales son dos cosas diferentes, e incide que muchos compradores han pasado meses asegurándose rutas, proveedores e inventarios alternativos, por lo que es posible que no regresen inmediatamente al estrecho justo después de su reapertura.
Intentando anticipar cómo será ese proceso, los analistas se dividen entre los que ven el vaso medio lleno y medio vacío. En el primer grupo se sitúa Xavier Tang, analista sénior de mercados de Vortexa, quien explica cómo debería volver el cauce al ‘río’ de siempre: «Si se cierra el acuerdo entre EEUU Irán y las compañías de seguros están dispuestas a asegurar los buques, aumentarán los tránsitos de petroleros de lastre, a lo que seguirá la reanudación de la producción de crudo y, posteriormente, la reactivación de las refinerías».
Ante las dificultades existente, Sara Vakhshouri, presidenta y fundadora de SVB Energy International, cree que los actores del mercado se reinventarán para volver a encauzar el flujo, en línea con lo experimentado en las cadenas de suministro tras las disrupciones de la pandemia. «Veremos a muchos importadores y a muchos países planteándose soluciones logísticas adicionales y alternativas, proveedores en los mercados y ajustes en las refinerías», explica a Bloomberg.
Hay quien pide precaución
Al otro lado están los analistas que agitan la bandera de la precaución. «La recuperación total de la producción podría tardar un poco más, ya que también depende de la rapidez con la que las instalaciones productivas que sufrieron daños por los bombardeos o los cierros puedan volver a funcionar a pleno rendimiento», afirma Selena Ling, economista jefe de Oversea-Chinese Banking.
«Aunque el conflicto haya llegado a su fin y el flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz pueda volver gradualmente a la normalidad, el daño ya causado no se puede revertir de la noche a la mañana», advierte Priyanka Sachdeva, analista de Phillip Nova, en una nota. «Esto incluye no solo los daños físicos a las infraestructuras petroleras, sino también la presión económica que han soportado las economías importadoras de petróleo, que se han enfrentado a unos elevados costes energéticos durante meses».
También se pide cautela de Saxo Bank. Su estratega jefe de inversiones, Charu Chanana hace hincapié en que, «aunque el mercado reaccione de forma positiva a los titulares sobre la apertura de Ormuz, es probable que la realidad operativa sea más complicada». El desminado, los costes de los seguros, la congestión portuaria y el riesgo de factores geopolíticos perturbadores podrían hacer que el flujo de barriles fuera más lento de lo que sugieren los titulares, subraya.
Un metanero, el primer test
La mejor forma de ver cómo se pasa de las palabras a los hechos, está en la partida de ‘Hundir la flota’ en la que se han convertido las aguas del Golfo Pérsico. Un buque metanero que lleva más de tres meses atrapado en el Golfo Pérsico parece dirigirse hacia el estrecho de Ormuz y todo el mundo aguarda con expectación qué sucederá. Los armadores están analizando la noticia del acuerdo entre EEUU e Irán e intentando comprender los detalles del pacto provisional a la espera de más detalles. Los datos marítimos de Bloomberg confirman que, a primera hora del lunes, el tránsito en los alrededores de Ormuz es mínimo todavía.
Lo que haga este buque metanero, el Disha, será una señal más que importante, ya que ahora mismo es el primer barco que tantea el terreno tras el acuerdo avanzado por Pakistán. El barco, fletado a largo plazo por un importador estatal indio, se dirige hacia el brazo oriental de Ormuz, en dirección al golfo de Omán, según los datos de seguimiento de buques recopilados por Bloomberg. El buque recogió un cargamento en las instalaciones de Ras Laffan, en Catar, alrededor del 1 de marzo, según los datos.
En el sector sigue preocupando la influencia que Teherán puede seguir ejerciendo gracias a su control sobre el estrecho. Lo que antes de la guerra era solo una posibilidad, ahora es un hecho cierto. a Irán le ha costado poco sembrar la discordia en la zona con un puñado de drones que apenas valen unos miles de dólares. Como consecuencia, la atención se centrará ahora en las agrupaciones de buques a ambos lados del estrecho, ya que los operadores y armadores vigilan a los grupos fondeados frente a Dubái y en el golfo de Omán, todos los cuales pueden decidir rápidamente cruzar y comenzar a moverse.
Pese a todo, la jornada de este lunes parece llamada a ser una jorada optimista. El petróleo cae con intensidad, las bolsas suben, los metales preciosos rebotan y los analistas intentan calcular cuánto tiempo tardará el mundo de las materias primas en recuperar una ‘normalidad’ que nunca debería haber perdido. Antes del cierre del estrecho de Ormuz, el petróleo Brent cotizaba entre los 60 y 70 dólares, unos niveles a los que podría volver con el paso del tiempo.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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