Arqueólogos recuperan decenas de zuecos de madera de 1.800 años que los romanos de Vindolanda utilizaban en las termas

Imagina que eres un legionario destinado en la frontera norte del Imperio romano, a comienzos del siglo II d. C. El frío del norte de Britania es implacable, pero aguardas con impaciencia el momento de relajarte en las termas del fuerte. Antes de entrar en las salas calefactadas, te calzas unos zuecos de madera para proteger tus pies del suelo ardiente y resbaladizo. Dos mil años después, uno de esos zuecos reposa en una vitrina del museo de Vindolanda, junto a otros cuarenta y tres ejemplares recuperados en las excavaciones del yacimiento. Es uno de los hallazgos más íntimos y cotidianos que el registro arqueológico romano nos ha legado.
Enclavado junto al Muro de Adriano en Northumberland, el fuerte romano de Vindolanda lleva décadas deparando sorpresas al mundo de la arqueología. Sus condiciones excepcionales de conservación anaeróbica han logrado que materiales orgánicos como la madera, el cuero y los tejidos sobrevivan. Es en ese contexto privilegiado en el que un equipo de investigadoras, liderado por Elizabeth Greene de la Universidad de Western Ontario y Maryl Gensheimer de la Universidad de Maryland, ha emprendido el estudio sistemático dela colección de zuecos de madera más numerosa hallada hasta la fecha en el mundo romano.
La investigación ha revelado que estos humildes objetos esconden una complejidad insospechada. Lejos de ser simples plataformas de madera con una correa, los zuecos de Vindolanda presentan variaciones morfológicas, decorativas y funcionales que obligan a replantear lo que creíamos saber sobre el calzado romano y sus usos cotidianos. ¿Se utilizaban únicamente en los baños? ¿O cumplían funciones mucho más amplias en la vida diaria del fuerte?
Los zuecos hallados en el fuerte de Vindolanda presentan variaciones morfológicas, decorativas y funcionales que obligan a replantear lo que creíamos saber sobre el calzado romano y sus usos cotidianos.

Los zuecos en las fuentes: del latín a la arqueología
Los autores latinos conocían bien este tipo de calzado. Lo denominaban sculponae, un término que aparece en textos de la Antigüedad en relación directa con las visitas a las termas.Las termas eran un pilar de la vida social romana. Presentes en prácticamente cada rincón del Imperio, funcionaban como un espacio de sociabilidad, higiene e identidad cultural.
Vindolanda contaba con dos complejos termales notablemente bien conservados. Uno de ellos se construyó a finales del siglo I d. C.; el otro, en el siglo III, en el asentamiento civil que rodeaba el fuerte. Sus salas calefactadas, con suelos que podían alcanzar temperaturas considerables, exigían una protección específica para los pies. El zueco de madera respondía con eficacia a esa necesidad. Su función era doble: aislar del calor y proporcionar un buen agarre sobre las superficies mojadas y resbaladizas.
Vindolanda contaba con dos complejos termales notablemente bien conservados. Uno de ellos se construyó a finales del siglo I d. C.; el otro, en el siglo III, en el asentamiento civil que rodeaba el fuerte.

Una colección sin parangón: 44 piezas que reescriben el registro
La colección de Vindolanda suma hoy cuarenta y cuatro zuecos de madera, entre ejemplares completos y fragmentarios. De ellos, varios conservan tanto la plataforma de madera como la parte superior de cuero, lo que ofrece una imagen fiel de cómo lucía el calzado en uso. Otros veinte ejemplares preservan únicamente la pieza de cuero, pero aportan datos fundamentales sobre los sistemas de sujeción. Esta abundancia convierte a Vindolanda en el yacimiento romano con mayor concentración de este tipo de calzado en todo el mundo, un privilegio que los investigadores atribuyen a las condiciones excepcionales del subsuelo del yacimiento, saturado de agua y privado de oxígeno en sus niveles más antiguas.

Más variedad de la esperada: suelas, tacos y correas
El estudio de las piezas está desmontando la imagen simplista del zueco romano. La disposición de tacos y plataformas en la suela varía de forma significativa entre unos ejemplares y otros, lo que implica diferencias en la manera de caminar y, por extensión, en la función de cada tipo. Las correas superiores presentan también una diversidad sorprendente. Algunos zuecos se asemejan a las chanclas modernas, con una única tira en el empeine, mientras otros incorporan más de una correa e incluso posibles sujeciones en el talón. Cada diseño habría alterado la biomecánica del paso.
La decoración añade aún más variedad si cabe. Algunos ejemplares presentan, en la superficie superior de la madera, representaciones incisas de los dedos del pie, patrones en V u otras composiciones geométricas, mientras que otros son completamente lisos y de factura más austera. La variación en la calidad de la manufactura sugiere una gama de precios y, en consecuencia, de usuarios socialmente diversos.
La disposición de tacos y plataformas en la suela varía de forma significativa entre unos ejemplares y otros, lo que implica diferencias en la manera de caminar y, por extensión, en la función de cada tipo.

¿Solo para el baño? La hipótesis del calzado multiusos
Uno de los interrogantes más estimulantes que plantea la investigación es si estos zuecos se usaban exclusivamente en las termas o si tenían otras aplicaciones. En este sentido, el paralelo medieval resulta revelador. En los siglos posteriores a la caída del Imperio romano, los europeos utilizaron zuecos de madera conocidos como pattens, con una suela alta de madera y una tira de cuero en el empeine, como calzado exterior que protegía el pie del barro y la humedad de la calle. Greene y Gensheimer se preguntan si algunos de los ejemplares romanos también pudieron cumplir una función parecida. El equipo está examinando distintos contextos de uso dentro del fuerte (en salas de banquetes calefactadas, calzadas y espacios de tránsito) para reconstruir el rango completo de funciones que estos objetos pudieron desempeñar en la vida cotidiana de Vindolanda.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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