Científicos descubren en Groenlandia un registro biológico de 4.500 años que conserva el rastro de inuit y vikingos

Durante siglos fueron poco más que montones de desperdicios congelados en el suelo ártico. Restos de animales, conchas, excrementos, huesos y objetos abandonados por generaciones de habitantes de Groenlandia. Sin embargo, esos depósitos arqueológicos han resultado ser mucho más que simples vertederos históricos. Ahora, un nuevo estudio ha revelado que conservan una sorprendente huella biológica capaz de reconstruir miles de años de actividad humana en una de las regiones más extremas del planeta.
La investigación, publicada en Frontiers in Microbiology, ha analizado depósitos arqueológicos repartidos por distintos puntos de Groenlandia y pertenecientes a comunidades que vivieron allí desde hace aproximadamente 4.500 años. Los resultados muestran que los microorganismos asociados a personas, animales domésticos y actividades cotidianas han dejado señales detectables que todavía permanecen conservadas bajo el permafrost.
El hallazgo resulta especialmente relevante porque Groenlandia está experimentando un rápido calentamiento. El Ártico se calienta varias veces más rápido que la media global y numerosos yacimientos arqueológicos se encuentran amenazados por el deshielo. Esto ha llevado a los investigadores a preguntarse si estos antiguos depósitos podrían liberar microorganismos potencialmente peligrosos al medio ambiente.
Sin embargo, la principal conclusión del trabajo es mucho más compleja y fascinante desde una perspectiva histórica. Más que convertirse en focos de enfermedades antiguas, estos basureros congelados funcionan como auténticas cápsulas del tiempo biológicas que permiten rastrear la presencia humana a lo largo de milenios.
Un archivo invisible conservado bajo el hielo
La historia de Groenlandia está marcada por distintas oleadas de ocupación humana. Los primeros grupos paleo-inuit llegaron desde Norteamérica alrededor del 2500 a.C. Siglos después aparecerían los asentamientos nórdicos fundados por descendientes de los vikingos procedentes de Islandia y Escandinavia. Finalmente, a partir del siglo XVIII, comenzaron los asentamientos coloniales impulsados por Dinamarca.
Cada una de estas comunidades dejó tras de sí enormes cantidades de residuos domésticos. En circunstancias normales, la materia orgánica desaparece con el tiempo debido a la acción de bacterias, hongos y otros organismos. Pero en Groenlandia ocurrió algo diferente.
Las bajas temperaturas, la humedad constante y la presencia de permafrost ayudaron a preservar parte de estos depósitos durante siglos e incluso milenios. Los arqueólogos llevan décadas estudiando estos lugares porque contienen información sobre la alimentación, la economía y la vida cotidiana de las poblaciones antiguas.
Lo novedoso del estudio es que ha explorado otro archivo mucho menos visible: el ADN microbiano atrapado en esos residuos.
Tal y como indica la investigación, los científicos analizaron 78 muestras procedentes de siete depósitos arqueológicos situados en Groenlandia occidental y meridional. Los yacimientos incluían asentamientos paleo-inuit, granjas nórdicas y enclaves de época colonial. Además, compararon los resultados con 143 muestras de suelo tomadas en áreas cercanas sin evidencias de ocupación humana.
La secuenciación genética permitió identificar más de 1.200 especies bacterianas diferentes. Muchas de ellas ni siquiera pudieron clasificarse con precisión porque pertenecen a grupos apenas estudiados en los ecosistemas árticos.

Los antiguos vertederos de Groenlandia han conservado una huella biológica capaz de contar 4.500 años de historia humana.
Vikingos, focas y animales domésticos dejaron su huella microbiana
Uno de los aspectos más llamativos del trabajo es que las comunidades bacterianas reflejan con notable fidelidad las actividades desarrolladas en cada asentamiento.
Los depósitos asociados a poblaciones paleo-inuit mostraban una composición más parecida a la de los suelos naturales. Esto sugiere que la huella biológica humana se va diluyendo lentamente con el paso de los siglos, aunque nunca desaparece por completo.
Por el contrario, los asentamientos más recientes conservaban señales mucho más claras.
En algunos depósitos de época colonial localizados en Nuuk, los investigadores encontraron una gran abundancia de bacterias relacionadas con la descomposición de pieles de foca. Estos microorganismos reflejan directamente las actividades de caza y procesamiento de animales marinos que caracterizaron a las comunidades inuit históricas.
Los antiguos asentamientos nórdicos también conservaron evidencias de su modo de vida. Los investigadores detectaron microorganismos vinculados a animales domésticos y a prácticas ganaderas desarrolladas durante la ocupación vikinga de Groenlandia.
Esto resulta especialmente interesante porque los nórdicos introdujeron en la isla ovejas, cabras y ganado vacuno, transformando profundamente algunos paisajes del sur groenlandés. Incluso siglos después del abandono de aquellas granjas, las señales microbianas continúan presentes en el subsuelo.
De alguna manera, los microorganismos han conservado una memoria biológica de actividades que desaparecieron hace más de medio milenio.
Bacterias asociadas a humanos que han sobrevivido durante siglos
Entre los microorganismos identificados aparecieron varias especies relacionadas con el intestino humano y animal.
Los investigadores detectaron bacterias vinculadas a procesos de intoxicación alimentaria, botulismo y otras enfermedades oportunistas. Entre ellas figuraban especies del grupo Clostridium perfringens y Paeniclostridium sordellii, conocidas actualmente por su capacidad para provocar infecciones en determinadas circunstancias.
Sin embargo, el estudio subraya una cuestión fundamental: lo que se ha encontrado es ADN conservado en los sedimentos arqueológicos, no pruebas de microorganismos vivos capaces de provocar enfermedades.
Esta diferencia es esencial para interpretar correctamente los resultados.
De hecho, los propios autores señalan que no encontraron evidencias de patógenos especialmente peligrosos ni indicios de que estas bacterias estén expandiéndose por el entorno actual.
Lo que sí demuestra el estudio es la extraordinaria capacidad del permafrost para preservar información biológica durante largos periodos de tiempo.
En algunos estratos arqueológicos concretos, ciertas bacterias llegaron a representar una proporción muy elevada de la comunidad microbiana identificada, revelando hasta qué punto los residuos orgánicos humanos y animales quedaron sellados durante siglos bajo el suelo congelado.
El cambio climático y el futuro de estos yacimientos
La pregunta que impulsó buena parte de esta investigación está relacionada con el deshielo del Ártico.
En los últimos años, numerosos estudios han advertido de que el calentamiento global está acelerando la degradación del permafrost. Como consecuencia, materiales orgánicos que permanecieron congelados durante miles de años comienzan a quedar expuestos.
Este fenómeno ha despertado el interés de arqueólogos, microbiólogos y expertos en salud pública.
¿Podrían reactivarse microorganismos antiguos? ¿Existe riesgo de que reaparezcan enfermedades desaparecidas?
Para intentar responder a estas cuestiones, los investigadores estudiaron un depósito arqueológico que está sufriendo erosión activa. Analizaron muestras tomadas desde el interior del yacimiento hasta zonas costeras cercanas donde los materiales son arrastrados por el agua.
Los resultados fueron tranquilizadores. Tal y como ha revelado el estudio, los microorganismos asociados a los depósitos arqueológicos permanecen muy localizados. A medida que el material sale al exterior, las comunidades bacterianas modernas del entorno sustituyen rápidamente a los microorganismos conservados en el yacimiento.
En otras palabras, los rastros biológicos del pasado parecen perder protagonismo en cuanto abandonan el contexto arqueológico que los ha preservado durante siglos.
Los investigadores consideran que, al menos por ahora, el riesgo de propagación de patógenos desde estos depósitos es bajo.

El calentamiento del Ártico está exponiendo archivos biológicos que han permanecido congelados durante milenios.
Una nueva forma de estudiar la historia humana
Más allá de las cuestiones sanitarias, el estudio abre una vía de investigación especialmente prometedora para la arqueología.
Tradicionalmente, los arqueólogos reconstruyen el pasado a partir de herramientas, restos de viviendas, huesos animales o estructuras de asentamiento. Ahora, los microorganismos se suman a esa lista como una nueva fuente de información histórica.
Las bacterias conservadas en los depósitos arqueológicos permiten identificar actividades económicas, prácticas ganaderas, hábitos alimentarios e incluso aspectos relacionados con la gestión de residuos.
Cada asentamiento deja una firma biológica propia que puede sobrevivir durante siglos bajo determinadas condiciones ambientales.
En el caso de Groenlandia, el permafrost ha actuado como una gigantesca cámara frigorífica natural capaz de preservar ese legado invisible.
Mientras el deshielo amenaza numerosos yacimientos arqueológicos del Ártico, investigaciones como esta demuestran que todavía quedan innumerables historias por descubrir bajo el hielo. No se trata únicamente de objetos, edificios o restos humanos. También existe una historia microscópica que lleva miles de años esperando a ser contada y que ahora comienza a revelar cómo vivieron, cazaron, criaron animales y transformaron el paisaje algunas de las sociedades más fascinantes del extremo norte del planeta.
Referencias
- Microbial composition of archaeological middens: Tracing Human Footprints Through Centuries in Greenland’s Ancient Settlements, Frontiers in Microbiology (2026). DOI: 10.3389/fmicb.2026.1809037
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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