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El estudio del ADN de 22 individuos revela cómo se construían los linajes familiares hace 5.000 años a través de las tumbas megalíticas

📅 🕐 22 Abr 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 7 min de lectura
El estudio del ADN de 22 individuos revela cómo se construían los linajes familiares hace 5.000 años a través de las tumbas megalíticas
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Si bien durante años las grandes tumbas megalíticas del Neolítico se interpretaron únicamente como espacios funerarios monumentales, la arqueología reciente está mostrando que estas construcciones cumplían una función mucho más compleja. Los lugares donde las primeras comunidades agrícolas depositaban a sus muertos y rendían culto a sus antepasados eran más que simples cementerios. Las investigaciones recientes han aportado pruebas que los presentan como auténticas herramientas sociales para construir el parentesco, legitimar los linajes y organizar la memoria colectiva.

Un nuevo estudio centrado en el norte de Escocia, especialmente en las áreas de Caithness y las islas Orcadas, ha permitido profundizar en esta cuestión gracias a la combinación del análisis de ADN antiguo, las dataciones radiocarbónicas y el estudio arquitectónico de cinco tumbas neolíticas. La investigación, publicada en Antiquity en 2026, revela que los individuos enterrados en estos monumentos mantenían estrechos vínculos biológicos entre sí. Es más: según la investigación, la propia construcción de las tumbas habría contribuido a materializar esas relaciones.

Las investigaciones recientes aportan pruebas de que las tumbas megalíticas del Neolítico fueron auténticas herramientas sociales para construir el parentesco, legitimar los linajes y organizar la memoria colectiva.

Familia del Neolítico
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Monumentos de piedra para organizar la memoria familiar

Durante el Neolítico temprano, entre 3800 y 3200 a.C., el norte de Escocia vio proliferar las llamadas stalled cairns, tumbas de cámara construidas con muros de piedra seca y cubiertas con túmulos de piedra. Estas estructuras presentaban una cámara principal subdividida por grandes losas verticales que formaban compartimentos en los que se depositaban los restos humanos.

El nuevo estudio se ha centrado en cinco de estas tumbas: Tulloch of Assery A y B, Tulach an t-Sionnaich y Rattar East, en Caithness, y Holm of Papa Westray North, en las Orcadas . Aunque comparten rasgos arquitectónicos, cada una presenta variaciones que parecen derivar de cuestiones sociales.

En algunos casos, además, las tumbas se modificaron a lo largo del tiempo. Holm of Papa Westray North, por ejemplo, comenzó como una pequeña cámara simple. Más tarde se amplió para convertirla en una tumba más compleja de cuatro compartimentos. Esto presenta los monumentos funerarios como construcciones vivas que se transformaban conforme cambiaban las relaciones familiares y comunitarias. La tumba, por tanto, era una estructura que seguía formando parte de la vida social durante generaciones.

Durante el Neolítico temprano, el norte de Escocia vio proliferar las llamadas stalled cairns, estructuras con una cámara principal subdividida por grandes losas verticales que formaban compartimentos en los que se depositaban los restos humanos.

Cámara norte de Tulloch of Assery A
Cámara norte de Tulloch of Assery A. Fuente: Cummings et al. 2026

ADN antiguo: ¿los muertos estaban realmente emparentados?

Uno de los aspectos más innovadores del trabajo ha sido el análisis de ADN antiguo de 22 individuos procedentes de estas tumbas. Aunque los restos se presentaban fragmentados y mezclados entre sí (algo habitual en contextos neolíticos), fue posible identificar relaciones de parentesco muy precisas.

En Rattar East, se identificaron dos individuos que eran hermanos, mientras que en Holm of Papa Westray North se documentó la presencia de un padre y su hijo, junto a un posible tío materno o medio hermano del padre. Por otro lado, en Tulloch de Assery A, tres individuos masculinos, enterrados uno junto a otro, representaban tres generaciones de la misma familia: padre, hijo y nieto.

Además, se verificó el parentesco entre individuos de tumbas distintas. Un individuo enterrado en Tulach an t-Sionnaich estaba relacionado con uno de los varones de Tulloch of Assery A; es probable que se tratara de su tío, de un medio hermano o de su abuelo. También se identificaron mujeres emparentadas con varones enterrados en otros monumentos, sobre todo en Caithness y las Orcadas.

Estos datos permiten observar una pauta clara: con frecuencia se verifican relaciones masculinas directas (padres, hijos, hermanos) en los enterramientos, lo que sugiere una fuerte importancia de la descendencia patrilineal. Según los investigadores, este patrón no implica que las mujeres no fueran relevantes en la construcción del linaje, sino que la selección funeraria priorizaba ciertos vínculos concretos como forma de representación social.

En Tulloch de Assery A, tres individuos masculinos, enterrados uno junto a otro, representaban tres generaciones de la misma familia: padre, hijo y nieto.

Parentesco genético y relaciones cronológicas entre los individuos analizados
Parentesco genético y relaciones cronológicas entre los individuos analizados. Fuente: Cummings et al. 2026

La tumba como tecnología del linaje

Teniendo en cuenta estos datos, los investigadores han propuesto interpretar estas tumbas como una verdadera “tecnología de descendencia”. Es decir, los monumentos funerarios megalíticos no solo habrían reflejado parentescos ya existentes, sino que habrían ayudado a establecerlos y consolidarlos materialmente.

Depositar juntos a un padre, un hijo y un nieto se convertía en una declaración pública de parentesco más allá de lo biológico. Según la investigación, la deposición conjunta de los cuerpos en un mismo espacio indicaba que esa línea familiar merecía ser recordada, legitimada y convertida en referencia para el futuro.

En Tulloch of Assery A, por ejemplo, los restos de tres generaciones masculinas se colocaron juntos sobre bancos de piedra, pese a haber muerto en momentos distintos. Este comportamiento ritual sugiere que las relaciones de parentesco se habrían recordado y celebrado de manera activa con cada nueva muerte.

Los investigadores han propuesto interpretar estas tumbas como una verdadera “tecnología de descendencia”.

Distribución de las tumbas de cámara de Caithness
Distribución de las tumbas de cámara de Caithness. Fuente Kirsty Harding

Diferencias entre Caithness y las Orcadas

Aunque existía una tradición compartida en el norte de Escocia, el estudio también detecta diferencias importantes entre las distintas regiones. En Caithness, varias tumbas se construyeron muy cerca unas de otras. Tulloch of Assery A y B están separadas por apenas 30 metros, y Tulach an t-Sionnaich se encuentra a unos 200 metros. Todas ellas son visibles entre sí.

Tal cercanía sugiere que distintos grupos familiares deseaban mantener una proximidad visible entre sus monumentos. Aunque cada tumba mantuviera su carácter distintivo, todas ellas formaban parte de un mismo paisaje de parentesco.

En cambio, en las Orcadas, tanto las tumbas como las viviendas de piedra tendían a construirse más separadas entre sí. Según el estudio, parece haber una lógica diferente, basada en la agregación de monumentos más que en la dispersión espacial.

Según los autores, esta diferencia reflejaría dos formas distintas de materializar el parentesco. En Caithness, la identidad de grupo se expresaba sobre todo a través de la proximidad entre las tumbas. En las Orcadas, esa relación se repartía entre los espacios para los muertos y los espacios para los vivos.

Aunque existía una tradición compartida en el norte de Escocia, el estudio también detecta diferencias importantes entre las distintas regiones. Esta diferencia reflejaría dos formas distintas de materializar el parentesco.

Cairn
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Enterrar a los muertos: una forma de construir el futuro

Las tumbas del paisaje megalítico escocés eran tanto lugares de recuerdo del pasado como mecanismos para proyectar el futuro. Ayudaban a decidir quién heredaba legitimidad social, quién pertenecía al grupo y qué linajes debían perdurar. Estas comunidades neolíticas desarrollaron formas sofisticadas de gestionar el parentesco, la identidad y el poder. Construir una tumba, por tanto, era una forma de enterrar a los muertos, pero también una manera de proyectar el linaje hacia el futuro y de afirmar quién pertenecía (y quién no) a una determinada comunidad. En otras palabras, los monumentos funerarios también funcionaban como monumentos genealógicos, enormes árboles de piedra cuyas ramas se extendían desde el pasado hasta el futuro.

Referencias

  • Cummings, V., Fowler, C., Olalde, I., Cuthbert, S. y Reich, D. 2026. «Building tombs and entombing the dead as technologies of descent and affinity in Neolithic northern Scotland». Antiquity, 100(410), 324–339. DOI: 10.15184/aqy.2026.10291

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

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