Expertos descifran el calendario lunar más antiguo que se conoce en Mesoamérica: tiene 2.700 años y anticipó la tradición maya clásica

En las laderas de Oaxaca, México, la antigua ciudad zapoteca de Monte Albán guardó durante más de dos milenios un secreto grabado en piedra: un sistema de cómputo lunar sin parangón en el mundo mesoamericano. Un estudio, publicado en 2026 en la revista Latin American Antiquity y firmado por los investigadores John Justeson y Justin Patrick Lowry, ha descifrado el significado del misterioso Glifo W. El hallazgo reescribe la historia de la astronomía precolombina y adelanta en nada menos que 857 años la antigüedad documentada de este tipo de cómputo en Mesoamérica.
Durante décadas, el Glifo W había resistido la interpretación de los especialistas. Las hipótesis anteriores, que lo vinculaban con el día del mes, el número de la trecena o el mes del año, se mostraban inconsistentes a la luz de los datos epigráficos. Justeson y Lowry han dado con la clave para interpretar este glifo. Hasta ahora, el paralelo más próximo se conocía en los textos jeroglíficos mayas del período Clásico, con el ejemplo más temprano datado en el año 361 d. C. Este nuevo estudio, sin embargo, apunta a que los zapotecos ya dominaban esta técnica astronómica varios siglos antes.
Los estudiosos John Justeson y Justin Patrick Lowry han descifrado el significado del misterioso Glifo W. El hallazgo reescribe la historia de la astronomía precolombina.

El misterio grabado en los monolitos de Monte Albán
Monte Albán conserva dos grandes corpus de monumentos con inscripciones zapotecas vinculadas al calendario. Los monolitos pertenecen a la fase Danibaan o Monte Albán Ia (ca. 500–300 a. C.), mientras que los ortostatos proceden de la fase Pe o Monte Albán Ib (ca. 300–100 a. C.). En todos estos textos, las fechas se expresan combinando el calendario adivinatorio de 260 días con un año vago de 365 días. La coincidencia de ambas ruedas solo se repite cada 52 años, lo que constituye la «vuelta del calendario» mesoamericana.
El Glifo W aparece en siete inscripciones completas distribuidas entre varios monolitos y ortostatos. Su coeficiente numérico, expresado mediante notación de barras y puntos, varía entre 2 y 20. Según los autores de la investigación, la clave para descifrarlo estaba en comparar los intervalos entre las distintas fechas registradas en un mismo texto con la duración media de una lunación: exactamente 29,53 días. Tras evaluar 7.401 posibles longitudes del ciclo, el único valor con una interpretación astronómica coherente y la menor desviación entre ambos corpus de monumentos fue, inequívocamente, la lunación.
Demostraron así que el coeficiente numérico que acompaña al Glifo W registra cuántas noches llevaba visible la luna en el momento en que se inscribió la fecha. Se trata, en suma, de un conteo de días dentro de una lunación, que comenzaba con la primera aparición del creciente lunar tras la luna nueva, es decir, el instante en que la delgada hoz de luz reaparece sobre el horizonte occidental tras la puesta del sol.
Tras evaluar 7.401 posibles longitudes del ciclo, el único valor con una interpretación astronómica coherente y la menor desviación entre ambos corpus de monumentos fue, inequívocamente, la lunación.

Cómo los zapotecos observaban la luna nueva
El análisis de Justeson y Lowry, por tanto, reveló que el día 1 del conteo lunar zapoteco coincidía con la primera visibilidad del creciente lunar tras la luna nueva. Desde la cima de Monte Albán, este fenómeno ocurría alrededor de las 18:44, hora local.
Para determinar con precisión las fechas de esas primeras apariciones entre el 650 y el 50 a. C., los investigadores extrajeron datos astronómicos del sistema Horizons del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. El modelo resultante reproducía con éxito el 98,5 % de los registros babilónicos de las apariciones lunares compilados por investigaciones previas. Este rigor cuantitativo fue fundamental para anclar las inscripciones zapotecas en el tiempo absoluto.

496 a. C.: el año en que arranca la historia del calendario lunar mesoamericano
De los siete conjuntos de candidatos cronológicos que satisfacían las restricciones astronómicas, solo uno era compatible con el calendario zapoteco del siglo XVII documentado por las fuentes coloniales. Esta serie única sitúa las inscripciones en un arco temporal que va del 496 al 221 a. C. y abarca cuatro vueltas del calendario (es decir, cuatro ciclos de 52 años), a las que se unen las fechas de los monolitos anteriores a 360 a. C. y de los ortostatos entre el 356 y el 222 a. C. aproximadamente.
El estudio señala que probablemente fue la invasión militar de Teotihuacán la que introdujo los conteos lunares en la escritura maya clásica.

Una tradición astronómica 857 años más antigua de lo que se creía
El paralelo más próximo al conteo lunar zapoteco es la Serie Lunar de los jeroglíficos mayas clásicos, reconocida por Carl Guthe en 1921 y cuyo ejemplo más temprano data del 1 de agosto del año 361 d. C. Justeson y Lowry demuestran que los zapotecos empleaban un sistema similar más de 8 siglos antes.¿Heredaron los mayas esta práctica de los zapotecos? El estudio señala que probablemente fue la invasión militar de Teotihuacán la que introdujo los conteos lunares en la escritura maya clásica, lo que convierte la tradición de Monte Albán en el antecedente directo de toda una familia de sistemas astronómicos mesoamericanos.
Referencias
- Justeson, John y Justin Patrick Lowry. 2026. «A Lunar Day Count at Monte Alban and the Chronology of Early and Middle Preclassic Zapotec Hieroglyphic Texts (ca. 496–221 BCE)». Latin American Antiquity. DOI: https://doi.org/10.1017/laq.2025.10148
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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