Ir al contenido
Humor y Curiosidades

Hallazgo sorprendente: un análisis de ADN antiguo revela que las paredes de las cuevas conservan un «archivo genético» oculto durante miles de años

📅 🕐 hace 5 min🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 8 min de lectura
Hallazgo sorprendente: un análisis de ADN antiguo revela que las paredes de las cuevas conservan un "archivo genético" oculto durante miles de años
Compartir:

Durante décadas, el ADN antiguo ha revolucionado nuestro conocimiento sobre la Prehistoria. Gracias a él, los investigadores han reconstruido migraciones, parentescos y la historia genética de poblaciones desaparecidas hace miles de años. Sin embargo, esa información dependía casi siempre de la existencia de restos óseos, dientes, sedimentos o, más recientemente, herramientas fabricadas con hueso. Ahora, un trabajo acaba de ampliar de forma inesperada esa lista con un candidato que hasta hace poco parecía imposible: las propias paredes de las cuevas.

Un equipo internacional de investigadores ha demostrado por primera vez que las superficies rocosas de varias cuevas con arte rupestre de la península ibérica han conservado ADN humano antiguo durante miles de años. El hallazgo, publicado en Nature Communications, no permite identificar todavía a los autores de las pinturas paleolíticas, pero sí confirma que las paredes pueden actuar como auténticos archivos biológicos de la presencia humana.

La investigación forma parte del proyecto First Art, una iniciativa internacional destinada a estudiar algunas de las manifestaciones artísticas más antiguas de Europa. Tal y como ha revelado el comunicado difundido por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, el objetivo inicial era analizar la cronología y la composición química de los pigmentos empleados en el arte rupestre. Sin embargo, el proyecto dio un paso más al incorporar técnicas de paleogenética para comprobar si las superficies pintadas podían conservar restos de ADN de las personas que las tocaron hace miles de años.

Para responder a esa pregunta, los investigadores analizaron paneles decorados de once cuevas repartidas entre España y Portugal. Entre ellas se encuentran algunas de enorme relevancia para el estudio del arte paleolítico, como Altamira, Maltravieso, Covarón o Escoural. Las muestras incluyeron fragmentos con pigmento, zonas sin pintura utilizadas como control, sedimentos arqueológicos, restos óseos e incluso un singular aerógrafo prehistórico elaborado con un hueso de ave.

Una búsqueda extremadamente difícil

La conservación del ADN sobre una pared rocosa representa un desafío muy distinto al de los huesos o los sedimentos. Las superficies permanecen expuestas a la humedad, a los cambios de temperatura y a numerosos procesos químicos capaces de degradar el material genético durante miles de años.

Precisamente por eso, los investigadores recurrieron a técnicas de extracción y secuenciación de ADN antiguo desarrolladas durante los últimos años, mucho más sensibles que las empleadas en investigaciones anteriores. El trabajo incluyó 54 muestras procedentes de 24 paneles con arte rupestre distribuidos por once cavidades de la península ibérica.

Los resultados fueron mucho más modestos de lo que cabría esperar, pero precisamente esa escasez aporta solidez al estudio. De todas las muestras analizadas, únicamente cinco conservaron ADN mitocondrial humano antiguo auténtico. Una procedía de una costra calcítica pigmentada en la cueva portuguesa de Escoural; dos fueron obtenidas en paredes sin pigmento de esa misma cavidad y otras dos aparecieron junto a motivos rupestres en la cueva asturiana de Covarón.

El propio estudio insiste en que la baja tasa de éxito demuestra hasta qué punto resulta excepcional la conservación del ADN sobre este tipo de superficies. No todas las pinturas rupestres retienen restos biológicos durante milenios y, cuando ocurre, probablemente intervienen condiciones muy concretas relacionadas con la formación de costras minerales o con la estabilidad ambiental de determinadas cuevas.

Toma de muestras de pigmento en una figura rupestre claviforme de la cueva de Tebellín (España)
Toma de muestras de pigmento en una figura rupestre claviforme de la cueva de Tebellín (España). Foto: Bossoms Mesa et al., Nature Communications (2026)

Por primera vez, los científicos han demostrado que las paredes de las cuevas pueden conservar ADN humano antiguo durante miles de años, incluso en ausencia de huesos o restos arqueológicos.

Lo más sorprendente apareció donde no había pinturas

Uno de los aspectos más inesperados de la investigación fue que varias de las muestras positivas no procedían de zonas pintadas.

En un principio, los investigadores esperaban que los pigmentos ofrecieran las mayores probabilidades de conservar ADN, especialmente porque algunas técnicas paleolíticas implicaban soplar la pintura o extenderla directamente con las manos. Sin embargo, parte del ADN apareció en superficies aparentemente desnudas que originalmente habían sido tomadas como controles negativos.

El análisis permitió distinguir además dos situaciones muy diferentes. En dos muestras no apareció ADN de animales junto al humano. Según explica el trabajo científico, esa ausencia resulta especialmente significativa porque sugiere que el material genético fue depositado directamente por personas, posiblemente mediante saliva, sudor o el simple contacto con la roca.

En cambio, otras tres muestras sí contenían ADN humano mezclado con ADN de fauna. En esos casos, los investigadores consideran más probable que el material llegara a la pared de manera indirecta, transportado por sedimentos o por el movimiento del agua dentro de la cavidad.

Esta diferencia resulta fundamental porque permite empezar a distinguir entre señales producidas por el contacto humano directo y otras originadas por procesos naturales posteriores.

El ADN no identifica todavía a los autores del arte rupestre

Aunque el hallazgo resulta extraordinario, el propio equipo científico pide prudencia a la hora de interpretar los resultados.

Tal y como indica el artículo publicado en Nature Communications, el estudio no demuestra que el ADN recuperado pertenezca a las personas que realizaron las pinturas. Entre la creación de un motivo rupestre y el depósito del ADN podrían haber transcurrido incluso miles de años.

Las cuevas fueron utilizadas durante larguísimos periodos por generaciones distintas. Una misma pared pudo ser tocada por cazadores paleolíticos, grupos neolíticos e incluso visitantes mucho más recientes antes de quedar sellada o abandonada. Por ese motivo, resulta imposible atribuir por ahora el material genético a los artistas que decoraron las paredes.

Lejos de restar importancia al descubrimiento, esta cautela refuerza su credibilidad. Los autores prefieren limitar sus conclusiones a aquello que los datos permiten afirmar: las paredes de determinadas cuevas son capaces de conservar ADN humano antiguo durante milenios.

Fragmento de calcita procedente de la cueva de Escoural (Portugal), con restos de pigmento en su cara inferior, conservado en una caja de membrana
Fragmento de calcita procedente de la cueva de Escoural (Portugal), con restos de pigmento en su cara inferior, conservado en una caja de membrana. Foto: Alba Bossoms Mesa

Una ventana inédita para conocer a las poblaciones prehistóricas

Aun con esas limitaciones, las posibilidades que abre esta investigación son enormes.

El análisis genético permitió comprobar que tres de las muestras procedían mayoritariamente de mujeres, otra de un hombre y una quinta no pudo determinarse con seguridad. Además, el ADN nuclear recuperado en dos muestras de Covarón permitió situar genéticamente a esos individuos dentro del grupo de los cazadores-recolectores occidentales, una población ampliamente documentada en Europa tras el final de la última glaciación.

Este tipo de información podría transformar el estudio de muchas cuevas donde nunca se han encontrado esqueletos humanos.

Hasta ahora, la ausencia de restos óseos impedía conocer quiénes habían ocupado determinadas cavidades. Si futuras investigaciones logran perfeccionar esta metodología, será posible reconstruir qué grupos humanos entraron en una cueva, hasta qué zonas profundas llegaron, cuál era su sexo biológico e incluso su relación genética con otras poblaciones conocidas.

Los propios autores consideran que las paredes podrían convertirse en un nuevo archivo arqueológico complementario a los sedimentos, los huesos y las herramientas.

Techo policromado de Altamira del que se analizaron muestras de pigmento
Techo policromado de Altamira del que se analizaron muestras de pigmento. Foto: Matthias Meyer

Dos de las muestras contenían exclusivamente ADN humano, sin restos genéticos de animales, un indicio de que ese material pudo depositarse directamente mediante el contacto con la roca.

Incluso el aerógrafo de Altamira guardó una sorpresa

Uno de los experimentos más llamativos del estudio se centró en un antiguo aerógrafo fabricado con el hueso de un ave y hallado en Altamira.

Los investigadores esperaban encontrar restos de saliva en su interior, ya que este tipo de instrumentos se utilizaba para pulverizar pigmento sobre la roca mediante el soplado. Sin embargo, los análisis no recuperaron ADN humano antiguo.

La explicación más probable no reside en la ausencia original de material genético, sino en décadas de manipulación moderna. El estudio concluye que la contaminación producida por el contacto humano reciente habría ocultado cualquier señal biológica conservada desde la Prehistoria.

El resultado constituye un recordatorio de la enorme fragilidad del ADN antiguo y de la importancia de aplicar protocolos extremadamente rigurosos durante la excavación y conservación de los objetos arqueológicos.

Con todo, el trabajo representa un importante cambio de perspectiva. Durante años se pensó que las paredes de las cuevas apenas podían aportar información genética. Ahora sabemos que, en determinadas circunstancias, esas superficies son capaces de conservar durante miles de años un rastro invisible de quienes pasaron por ellas. Aún no permite poner nombre a los autores del arte rupestre, pero sí abre una vía completamente nueva para investigar la presencia humana en la Prehistoria. Si las futuras investigaciones consiguen aumentar la eficacia de esta técnica, las paredes de las cuevas podrían convertirse en una de las fuentes más valiosas para reconstruir cómo vivieron, se movieron y ocuparon estos espacios nuestros antepasados.

Referencias

  • Alba Bossoms Mesa et al, Investigating ancient human DNA preservation on cave walls and in rock art, Nature Communications (2026). DOI: 10.1038/s41467-026-74234-2

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

🔂 ¿Te gustó la noticia? Compártela:
Compartir:
🔗 Fuente original: TenemosNoticias.com ·

También te puede interesar

¡Copiado al portapapeles!

Mi resumen de noticias

WhatsApp