Ir al contenido
Humor y Curiosidades

La ciencia reabre uno de los grandes misterios de Stonehenge: una roca de 6 toneladas recorrió 700 kilómetros desde Escocia en una hazaña que sigue asombrando a los investigadores

📅 🕐 hace 2 h🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 8 min de lectura
La ciencia reabre uno de los grandes misterios de Stonehenge: una roca de 6 toneladas recorrió 700 kilómetros desde Escocia en una hazaña que sigue asombrando a los investigadores
Compartir:

Durante siglos, Stonehenge ha sido uno de los grandes enigmas de la Prehistoria europea. Sus enormes bloques de piedra, levantados hace unos 4.500 años en la llanura de Salisbury, han alimentado teorías de todo tipo, desde complejas operaciones de ingeniería neolítica hasta hipótesis que atribuían parte de su construcción a procesos naturales ocurridos miles de años antes. Sin embargo, una de las piezas más enigmáticas del monumento acaba de aportar nuevas pistas sobre su extraordinario viaje.

La protagonista es la llamada Piedra del Altar, un bloque de arenisca de unas seis toneladas situado en el centro del monumento. Desde hace décadas, los investigadores intentan averiguar de dónde procede exactamente y cómo logró recorrer cientos de kilómetros hasta llegar al sur de Inglaterra. Ahora, un nuevo estudio publicado en Journal of Quaternary Science aporta datos que estrechan el cerco sobre su origen y, al mismo tiempo, refuerzan una conclusión que cada vez gana más fuerza: fueron los seres humanos quienes realizaron la mayor parte de aquel transporte aparentemente imposible.

La investigación, liderada por Anthony J. I. Clarke y un equipo internacional de especialistas en geología, arqueología y modelización glaciar, parte de una idea que ha generado debate durante años. ¿Pudo un glaciar arrastrar la piedra desde Escocia hasta las proximidades de Stonehenge durante la última glaciación? La respuesta, según indican los autores, es mucho más compleja de lo que parecía.

Lo que está claro es que la Piedra del Altar no procede de los alrededores de Stonehenge. Tampoco de Gales, de donde llegaron muchas de las conocidas “bluestones” o piedras azules del monumento. Investigaciones anteriores ya habían revelado que la composición geológica de esta roca apuntaba hacia el noreste de Escocia, una región situada a unos 700 kilómetros de distancia.

La nueva investigación ha querido ir un paso más allá para determinar qué zona concreta de Escocia podría haber sido el punto de partida de la piedra y si los hielos de la Edad del Hielo tuvieron algún papel en su desplazamiento.

Una roca con huellas geológicas únicas

Para reconstruir el origen de la Piedra del Altar, los investigadores recurrieron a una técnica que se ha convertido en una herramienta fundamental para rastrear materiales antiguos: el análisis de circones detríticos.

Estos diminutos minerales funcionan como auténticas cápsulas del tiempo geológicas. Su composición permite identificar la procedencia de los sedimentos que formaron una roca hace cientos de millones de años. Comparando la “firma” mineral de la Piedra del Altar con distintos afloramientos de arenisca escoceses, el equipo logró establecer coincidencias muy precisas.

Los resultados señalan especialmente hacia Caithness, en el extremo noreste de Escocia. Las muestras obtenidas en lugares como Sarclet presentan una similitud extraordinaria con la piedra de Stonehenge. Otras zonas del antiguo llamado Orcadian Basin también muestran rasgos compatibles, aunque con un grado de coincidencia menor.

La Piedra del Altar de Stonehenge, situada en la llanura de Salisbury
La Piedra del Altar de Stonehenge, situada en la llanura de Salisbury. Foto: Pam Brophy

Este hallazgo resulta importante porque reduce significativamente el área de búsqueda. Hasta ahora, el origen podía situarse en una extensa región geológica. Con los nuevos datos, los investigadores creen que la procedencia se encuentra en un sector mucho más concreto del territorio escocés.

Pero identificar el lugar de origen solo resolvía una parte del problema. Quedaba la pregunta más fascinante: ¿cómo llegó una roca de seis toneladas desde allí hasta el corazón ceremonial de Stonehenge?

El glaciar que no llega a Stonehenge

Durante décadas, algunos investigadores defendieron que los glaciares pudieron transportar grandes bloques de piedra a enormes distancias durante las glaciaciones del Pleistoceno. Si eso hubiera ocurrido con la Piedra del Altar, el trabajo de las comunidades neolíticas habría sido mucho más sencillo.

Para comprobar esta posibilidad, los autores del estudio recurrieron a sofisticados modelos informáticos capaces de reconstruir el comportamiento de la capa de hielo que cubrió las Islas Británicas durante la última glaciación.

Los resultados fueron sorprendentes. Lejos de mostrar una ruta directa hacia el sur de Inglaterra, las simulaciones indican que la mayor parte de los flujos glaciares del noreste escocés se dirigían hacia el norte y el este. Es decir, en dirección opuesta a Stonehenge.

Los investigadores identificaron, eso sí, una excepción interesante. Algunos corredores de hielo podrían haber transportado materiales hacia el sureste, alcanzando Dogger Bank, una extensa elevación que hoy permanece sumergida bajo el mar del Norte pero que durante miles de años formó parte de una enorme llanura habitada por grupos humanos prehistóricos.

Según el estudio, ese escenario podría explicar una parte del trayecto. En lugar de recorrer 700 kilómetros, la piedra habría llegado mediante procesos naturales a una posición situada aproximadamente a 400 kilómetros de Stonehenge.

Sin embargo, incluso en el escenario más favorable para la hipótesis glaciar, el problema seguía siendo enorme.

Tal y como señala Anthony Clarke, los modelos desarrollados por el equipo no identifican ninguna ruta glaciar capaz de conectar directamente el noreste de Escocia con Stonehenge, lo que refuerza la idea de que el transporte humano fue imprescindible en algún momento del recorrido.

El gran obstáculo llamado Doggerland

Dogger Bank y la desaparecida Doggerland ocupan un lugar cada vez más importante en la investigación prehistórica europea. Durante milenios constituyeron una vasta región de tierras emergidas que conectaba Gran Bretaña con el continente.

La hipótesis propuesta por el estudio plantea que un bloque procedente de Escocia podría haber terminado allí tras ser desplazado por el hielo. Pero surge entonces una dificultad cronológica difícil de ignorar.

Tal y como revela la investigación, Dogger Bank quedó inundada por el aumento del nivel del mar miles de años antes de que la Piedra del Altar fuera instalada en Stonehenge.

Eso significa que, si la roca llegó realmente hasta aquella región por acción glaciar, tuvo que ser recogida, trasladada y conservada durante generaciones antes de completar su viaje definitivo hacia Salisbury Plain.

La secuencia resulta posible, pero obliga a asumir una larga cadena de acontecimientos extraordinarios. La piedra habría pasado por distintas fases de transporte, almacenamiento y reutilización cultural a lo largo de varios milenios.

Por esa razón, los autores consideran que el transporte glaciar pudo desempeñar, como mucho, un papel parcial.

Una hazaña humana sin precedentes

La conclusión más relevante del estudio no está relacionada con los glaciares, sino con las capacidades de las comunidades neolíticas.

Si la Piedra del Altar recorrió la mayor parte de la distancia gracias a la intervención humana, estamos ante una de las operaciones de transporte más impresionantes documentadas para la Europa prehistórica.

Mover un bloque de seis toneladas durante cientos de kilómetros requería mucho más que fuerza física. Implicaba planificación, conocimiento del territorio, capacidad para coordinar grupos numerosos y, probablemente, redes de colaboración entre comunidades separadas por enormes distancias.

Stonehenge, uno de los primeros enclaves británicos reconocidos como Patrimonio de la Humanidad
Stonehenge, uno de los primeros enclaves británicos reconocidos como Patrimonio de la Humanidad. Foto: Alzay

Los investigadores plantean que el traslado pudo realizarse en varias etapas. Algunas partes del recorrido habrían aprovechado ríos navegables o rutas costeras, mientras que otras necesariamente tuvieron que completarse por tierra.

Esta posibilidad encaja con otras evidencias arqueológicas que muestran que las poblaciones neolíticas británicas mantenían contactos a larga distancia mucho más intensos de lo que se pensaba hace apenas unas décadas. Intercambios de objetos, materias primas, ideas y tradiciones parecen haber conectado regiones alejadas entre sí.

Stonehenge, lejos de ser un monumento aislado, podría representar precisamente el resultado visible de esas redes de interacción.

Los autores plantean que el viaje de la Piedra del Altar probablemente no fue un desplazamiento único, sino una compleja sucesión de etapas en las que pudieron combinarse rutas terrestres, fluviales y costeras.

Un misterio que sigue abierto

A pesar de los avances, la historia de la Piedra del Altar continúa lejos de estar completamente resuelta.

Los investigadores todavía intentan identificar con exactitud el afloramiento del que fue extraída la roca y reconstruir la ruta concreta que siguió hasta alcanzar el sur de Inglaterra. Cada nuevo dato permite descartar hipótesis antiguas, pero también abre nuevas preguntas.

Lo que sí parece cada vez más evidente es que la construcción de Stonehenge exigió niveles de organización mucho mayores de los que tradicionalmente se atribuían a las comunidades neolíticas.

La imagen de pequeños grupos aislados luchando por sobrevivir deja paso a otra mucho más compleja: sociedades capaces de coordinar proyectos monumentales, movilizar recursos a gran escala y transportar piedras gigantescas a través de cientos de kilómetros de territorio.

Y es precisamente ahí donde reside la verdadera importancia de este estudio. Más allá del origen de una roca concreta, sus resultados obligan a replantear la capacidad técnica, social y logística de quienes levantaron uno de los monumentos más célebres de la Historia.

Referencias

  • Clarke, A. J. I., Veness, R. L. J., Kirkland, C. L., Clark, C. D., Gandy, N., Emery, A., … Ádám, I. (2026). From highlands to henge: Refining the provenance and transport pathways of stonehenge’s Altar Stone. Journal of Quaternary Science, (jqs.70080). doi:10.1002/jqs.70080

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

🔂 ¿Te gustó la noticia? Compártela:
Compartir:
🔗 Fuente original: TenemosNoticias.com ·

También te puede interesar

¡Copiado al portapapeles!

Mi resumen de noticias

WhatsApp