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Humor y Curiosidades

la derrota aliada más sangrienta y menos conocida de la Segunda Guerra Mundial

📅 🕐 20 Dic 2025🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 8 min de lectura
la derrota aliada más sangrienta y menos conocida de la Segunda Guerra Mundial
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Hürtgenwald es una extensa masa boscosa de colinas arboladas que recorre la frontera belga-alemana al suroeste de Renania Westfalia. Con una superficie similar a la de nuestro Parque Nacional de Monfragüe, el imponente bosque de coníferas se encuentra en medio de un triángulo delimitado por las ciudades de Aquisgrán, Monschau y Düren, con el río Rur corriendo a lo largo de su borde oriental. En esta accidentada espesura de pinos y abetos, sin carreteras ni apenas senderos practicables, se enfrentaron en el otoño de 1944 los ejércitos estadounidense y alemán en la que los historiadores militares consideran la batalla más atroz y menos conocida de la Segunda Guerra Mundial. También la más larga disputada en solitario por el ejército de Estados Unidos en toda su historia.

Tras el exitoso desembarco en Normandía a principios de junio de 1944 y la posterior liberación de París, a finales de agosto, la moral de los aliados estaba alta, a pesar de que su marcha hacia Alemania se iba ralentizando y la resistencia defensiva de la Wehrmacht sorprendía a todos por su fiereza. El objetivo estratégico de los angloamericanos era llegar al Rin y hacerse fuertes en sus orillas, mientras preparaban el asalto final al corazón del Tercer Reich. Para eso, debían alcanzar la Línea Sigfrido y atravesar la supuestamente inexpugnables defensas del «Muro del Oeste». A mediados de septiembre, en su lenta progresión por los Paises Bajos, a la altura de Maastricht y Aachen (Aquisgrán) creyeron encontrar un atajo a través de las colinas de Hürtgen. El nuevo objetivo norteamericano era tomar el control de sus bosques y avanzar hacia la presa de Roer, como parte de una estrategia más amplia que abriera el camino hacia Alemania.

Médicos de la Compañía I, 3° Batallón, 8° Regimiento, 4ª División de Infantería estadounidense atienden a un soldado herido en Hurtgen Forest. Los aliados carecían de experiencia de lucha en zonas boscosas.
Médicos de la Compañía I, 3° Batallón, 8° Regimiento, 4ª División de Infantería estadounidense atienden a un soldado herido en Hurtgen Forest. Los aliados carecían de experiencia de lucha en zonas boscosas. US Signal Corps Archive.

Devorados por la selva

Quizá el general Courtney Hodges, al mando del Primer Ejército de Estados Unidos, intuyó la amenaza potencial de aquellas oscuras selvas que se interponían en su avance pero, finalmente, decidió internarse en sus frondosidades, sin calcular bien las condiciones del terreno, el mal tiempo y la imposibilidad de cualquier movimiento de vehículos. Su pretensión inicial era inmovilizar a las fuerzas alemanas sin tener en cuenta que varias divisiones de infantería, granaderos y paracaidistas habían establecido una amplia red de defensas fortificadas que les permitía resistir cualquier ataque. Entrar en los bosques fue un error, y el principio de una pesadilla. Como en una leyenda germánica, la selva nibelunga de Hürtgen acabó devorando a los invasores norteamericanos y cobrándose más de 50 000 bajas. La Batalla del Bosque fue tan onerosa que los supervivientes bautizaron la comarca como «la picadora de carne» y el desastre, que hoy se estudia en todas las escuelas militares de Estados Unidos, está considerado como una «derrota aliada de primera magnitud».

Aunque perdieron casi 25 000 hombres, los alemanes —que luchaban por primera vez defendiendo su propio territorio— mantuvieronn ferozmente el área y, en inferioridad numérica, fueron capaces de conservar la región hasta febrero de 1945. «Milagro en el Oeste» bautizó los hechos el noticiario cinematográfico nazi Die Deutsche Wochenschau, para mayor gloria del mariscal Walter Model.

El resultado de la batalla no fue nada halagador para los aliados, porque los apenas 120 km² ocupados no tenían ningún valor estratégico para la consecución de la campaña. A los alemanes, en cambio, les sirvió para preparar secretamente su gran ofensiva de invierno en las Ardenas. Por eso, debido su altísimo costo y al tiempo que los americanos tardaron en ocupar las colinas y bosques, la batalla de Hürtgen, que en realidad fue un gran número de pequeñas batallas, quedó semioculta en la historia y ensombrecida por la posterior contraofensiva alemana en los bosques de la Valonia belga, 200 kilómetros más hacia el Oeste. La realidad es que la estrategia estadounidense infravaloró la fuerza y determinación que quedaba en la psique del soldado alemán, creyendo que su espíritu de lucha se había hundido totalmente bajo el estrés de la derrota de Normandía. Los comandantes estadounidenses en particular no comprendieron la impasibilidad del denso bosque de Hürtgen.

Los defensores de Hürtgen tenían la ventaja de que sus veteranos comandantes y la mayoría de sus soldados habían combatido durante años en el frente del Este y habían aprendido las tácticas necesarias para luchar con eficiencia en invierno y en zonas boscosas, mientras que los estadounidenses estaban bien entrenados y equipados pero carecían de experiencia. La densidad y altura del follaje boscoso también favorecía a los defensores: su fuego de artillería se calculaba para detonar en explosiones entre los abetos y en las copas de los pinos. Mientras los alemanes, en sus posiciones defensivas enterradas, quedaban protegidos de la metralla y las ramas arrancadas de los árboles, los atacantes en espacios abiertos eran mucho más vulnerables. A la inversa, los pelotones de mortero norteamericanos necesitaban claros en los que trabajar; pero estos eran pocos y peligrosos y habían sido preparados por los alemanes, de modo que los fusileros tampoco podían contar con su apoyo. La lucha cuerpo a cuerpo también fue despiadada.

Muchos soldados afirmaron que Hürtgen fue más sangrienta que el desembarco de Omaha.
Muchos soldados afirmaron que Hürtgen fue más sangrienta que el desembarco de Omaha. Fuente: Wikimedia Commons.

Más sangrienta que Omaha

Algunas unidades del Ejército norteamericano combatientes en esta operación también habían luchado en las playas de Normandía; comparando ambas, los veteranos dijeron que la batalla del bosque de Hürtgen fue mucho más sangrienta que el desembarco en Omaha. Ernest Hemingway, corresponsal en la zona, la describió como «peor que tres Paschendaele », en alusión a la tercera batalla de Ypres, durante el verano de 1917, Primera Guerra Mundial, en la que medio millón de hombres murieron en apenas tres meses para avanzar apenas 10 kilómetros.

La batalla olvidada

Acabada la guerra, la batalla del bosque de Hürtgen fue enterrada en el olvido; era una vergüenza para los norteamericanos y una demostración de su incapacidad bélica. Y en la posguerra, con Europa arrasada, los alemanes tampoco podían presumir de nada. El Centro de Historia Militar del Ejército de Estados Unidos, en Fort Belvoir (Fairfax, Virginia) ha calculado que 120 000 tropas, más sus reemplazos, se vieron comprometidas en Hürtgen. Solo en la segunda fase de la lucha, el 20 de noviembre, la 4.ª División estadounidense de Rangers sufrió más de 1500 bajas en una semana, para avanzar menos de 2 kilómetros, sin contar varios cientos más por congelación y agotamiento. Tras dos semanas, sólo cuatro kilómetros y medio habían sido ganados a cambio de 6053 bajas, de las que 170 eran oficiales.

Hay un monumento en piedra con una placa en bronce en el cementerio militar de Hürtgen dedicado por los veteranos de la 4ª División de Infantería de los EE. UU. a la memoria del teniente alemán Friedrich Lengfeld, de 23 años, que murió el 12 de noviembre mientras ayudaba a un soldado estadounidense herido en un campo de minas. Es el único memorial de este tipo erigido en honor de un soldado enemigo por quienes entonces eran sus oponentes. Hoy en día los turistas pueden visitar un museo en Vossenack, mirar algunos de los búnqueres de la Línea Sigfrido que aún se mantienen en pie y pasear por el tristemente famoso sendero Kall.

Escultura conmemorativa «A Time For Healing» (Tiempo para sanar), Hürtgenwald, Alemania.
Escultura conmemorativa «A Time For Healing» (Tiempo para sanar), Hürtgenwald, Alemania. Fuente: Wikimedia Commons.

La batalla inútil

Si todas son inútiles, esta batalla lo fue en grado máximo. Charles MacDonald, historiador del ejército estadounidense y excomandante de una compañía de Rangers que luchó en Hürtgen, la describe como «una batalla mal concebida y básicamente infructuosa que tenía que haberse evitado a toda costa». Desde la perspectiva actual cuesta entender que los norteamericanos se empeñaran en aceptar el envite, a pesar de que los bosques y la meteorología solo favorecían a los defensores y de que, en principio, la región carecía de importancia militar para los aliados. El general Hodges empleó la táctica del ataque frontal, que le había funcionado en su avance desde Normandía a través de Francia, gracias a la superioridad en carros de combate y hombres. En Hürtgen, sin embargo, se enfrentaba a curtidos veteranos prevenidos y fortificados en un terreno que les daba ventaja, bien atrincherados y logísticamente apoyados por el conjunto defensivo de búnkeres de la Línea Sigfrido. Los defensores habían preparado la zona durante meses con fortines, campos de minas, alambradas y bombas trampa, semiocultas por las primeras nieves. El denso bosque favorecía los pequeños ataques sorpresa y las infiltraciones por los flancos y era difícil establecer una línea de frente o despejar de enemigos una zona. Un pequeño número de rutas y claros, bien conocidos por los alemanes, permitieron a los defensores preparar su artillería ligera y equipos de mortero y disparar con precisión.

El mal tiempo, la densidad boscosa y el terreno accidentado impidieron en cambio a los aliados aprovecharse de su superioridad material: la ventaja numérica estadounidense –en proporción de cinco a uno–, sus blindados Sherman y el apoyo aéreo quedaron anulados por la meteorolgía y la orografía adversas.

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

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