La restauración del sepulcro del emperador Otón el Grande desvela un misterio de 1.000 años bajo la catedral de Magdeburgo

La catedral de Magdeburgo fue uno de los primeros edificios góticos de su categoría que se construyeron en Alemania. Su magnificencia arquitectónica todavía guarda algunos secretos históricos capaces de sorprender a los arqueólogos. En el corazón del coro alto, bajo una losa de mármol reaprovechada de tiempos remotos, reposan desde el año 973 los restos del emperador Otón I el Grande. Durante más de un siglo, el sarcófago calcáreo había permanecido oculto a los ojos del público. La humedad y el hierro corroído de las antiguas reparaciones decimonónicas, sin embargo, comenzaron a resquebrajar la piedra. Había llegado el momento de intervenir.
Desde enero de 2025, un equipo conjunto de la Kulturstiftung Sachsen-Anhalt y el Landesamt für Denkmalpflege und Archäologie de la región ha llevado a cabo uno de los proyectos de conservación más delicados de la arqueología alemana reciente. Se retiró la tapa marmórea, se abrió el ataúd de madera y se extrajeron los restos óseos para proceder a su estudio, en una operación que combinó la cautela de un quirófano con el rigor de la ciencia forense.
Sin embargo, la verdadera sorpresa se produjo cuando el sarcófago, ya vacío, se trasladó a su emplazamiento original. Al levantar el pesado cajón de piedra para sanear el subsuelo, los arqueólogos se topraron con algo inesperado: capas de cimentación y relleno que narran casi mil años de reformas, reparaciones y secretos enterrados bajo el suelo del templo.
Durante las tareas de restauración del sarcófago del emperador Otón I, los investigadores descubrieron una serie de niveles arqueológicos desconocidos.

Una tumba imperial en peligro
El sarcófago de Otón I se caracteriza por ser un bloque monolítico de caliza, decorado con casetones en sus cuatro caras. Las inspecciones rutinarias de 2024 detectaron daños alarmantes que comprometían su integridad estructural. Los responsables identificaron dos causas principales: por un lado, la corrosión de los clavos y las grapas de hierro que, probablemente instalados en el siglo XIX, amenazaban con fracturar la piedra desde el interior. Por otro lado, la humedad y las sales ascendentes desde el subsuelo del coro alto, agravadas por las fluctuaciones climáticas propias de un edificio de mil años de antigüedad.
La combinación de ambos factores podía resultar letal a largo plazo. Para frenar el deterioro, por tanto, no bastaba con tratar la superficie del sarcófago. Era imprescindible reforzar también el terreno sobre el que descansaba.
Al analizar los fundamentos sobre los que descansaba el sarcófago, los técnicos hallaron dos grandes sillares de arenisca cuyas dimensiones coincidían exactamente con la anchura del cajón calcáreo.

El traslado que reveló los cimientos sobre los que descansaba el sarcófago
A comienzos de 2026, el sarcófago calcáreo se trasladó a una cámara de protección construida específicamente en la nave del templo, donde técnicos especializados procedieron a retirar los elementos metálicos corrosivos tanto del cajón como de la propia placa de mármol que lo cubría. Esto permitió a los arqueólogos observar por primera vez en mucho tiempo el fundamento original sobre el que se apoyaba el monumento funerario.
En sus extremos oriental y occidental, el sarcófago descansaba sobre dos grandes sillares de arenisca cuyas dimensiones coincidían exactamente con la anchura del cajón calcáreo. Bajo el lado occidental, los arqueólogos encontraron cuñas de hierro insertadas para nivelar el peso, ya tan corroídas que habían perdido por completo su función original.
Más sorprendente aún resultó comprobar que aquellos sillares visibles se apoyaban, a su vez, sobre piedras de cantería notablemente más largas, reutilizadas de construcciones anteriores. Dos de estos bloques de base aún conservan marcas de cantero bajomedievales, una prueba tangible de que el sarcófago se reposicionó varias veces a lo largo de los siglos.
Esos sillares visibles se apoyaban, a su vez, sobre piedras de cantería más largas, reutilizadas de construcciones anteriores.

Capas de escombro que cuentan la historia del coro
El sondeo arqueológico, que se prolongará hasta finales de junio de 2026, recuperó estratos de escombro y relleno vinculados a diversas obras medievales y modernas realizadas en el coro alto de la catedral. Entre estas capas apareció también el conocido, pero todavía enigmático, sistema de galerías subterráneas bajo el pavimento del coro, parcialmente colmatado en el siglo XIX para evitar el hundimiento del suelo.
Pese a la riqueza de la excavación, la ubicación exacta de la tumba original de Otón I en el edificio anterior a la catedral actual sigue sin resolverse. La investigación no encontró pruebas de que el sepulcro imperial ocupara ya ese mismo punto antes de la reconstrucción gótica del siglo XIII. Una pregunta que, de momento, queda abierta.
Con todo, la investigación no encontró pruebas de que el sepulcro imperial ocupara ya ese mismo punto antes de la reconstrucción gótica del siglo XIII.
Objetos cotidianos entre la tierra y la piedra
Los estratos superiores del sondeo proporcionaron un repertorio variado de objetos de uso cotidiano: monedas, alfileres, cuentas de vidrio, fragmentos de tejas vidriadas, cerámica y restos óseos diversos. Entre las piezas más singulares, figuran fragmentos de selenita, un mineral cristalino conocido como Marienglas o «vidrio de María» en alemán, que se empleó antiguamente como acristalamiento de ventanas. El grueso del material recuperado, sin embargo, corresponde a fragmentos de revoco pintado, vestigios de la decoración polícroma que en su día engalanó los edificios que precedieron a la catedral actual y que permitirán a los investigadores reconstruir el esplendor perdido de aquellos templos.

Un proyecto que combina ciencia, fe y memoria
Está previsto que los restos óseos, ya identificados genéticamente como los del propio Otón I, regresen a la catedral el 1 de septiembre de 2026, en un nuevo ataúd diseñado a partir de un concurso convocado por la Kunststiftung Sachsen-Anhalt. Será el cierre de un capítulo que comenzó como una intervención de urgencia y terminó iluminando casi un milenio de vida bajo el suelo de uno de los templos más emblemáticos de Europa.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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