Un estudio de ADN recuperado del sarro dental revela que una antigua costumbre de las mujeres japonesas pudo alterar sus microorganismos orales durante siglos

Durante décadas, los historiadores han recurrido a documentos, objetos arqueológicos y restos humanos para reconstruir el pasado. Ahora, una fuente mucho más inesperada se suma a esa lista: el sarro dental. Lo que para un dentista es simplemente placa mineralizada, para los investigadores se ha convertido en una auténtica cápsula del tiempo capaz de conservar fragmentos de ADN durante siglos.
Un equipo de investigadores japoneses ha utilizado precisamente ese registro biológico para asomarse a la historia oculta de los habitantes del archipiélago. El estudio, publicado en Scientific Reports, analizó el ADN preservado en cálculos dentales procedentes principalmente del período Edo, una etapa que se extendió entre los siglos XVII y XIX y que coincidió con el gobierno del shogunato Tokugawa.
Los resultados permiten reconstruir cómo era el microbioma oral de aquellos japoneses y compararlo con el de la población actual. Pero el hallazgo va mucho más allá de una simple comparación entre pasado y presente. Según revela la investigación, algunos microorganismos parecen haber evolucionado siguiendo patrones relacionados con la geografía, los cambios históricos e incluso determinadas prácticas culturales.
La conclusión es tan llamativa como sugerente: la historia humana no solo deja huellas en monumentos, ciudades o tradiciones. También puede quedar grabada en los microorganismos que conviven con nosotros.
El sarro dental, una biblioteca microscópica del pasado
El cálculo dental es uno de los materiales más valiosos para la paleogenética moderna. Se forma cuando la placa bacteriana se mineraliza sobre los dientes y, al hacerlo, atrapa microorganismos, restos de alimentos, proteínas y fragmentos de ADN.
A diferencia de otros tejidos humanos que se degradan rápidamente, el sarro puede conservarse durante cientos o incluso miles de años. Esto permite a los científicos estudiar ecosistemas microbianos desaparecidos y compararlos con los actuales.
Para esta investigación, los especialistas analizaron más de un centenar de muestras procedentes de enterramientos históricos localizados en distintos puntos de Japón, incluidos Tokio, Saitama, Yamanashi, Fukuoka y Okinawa. También incorporaron datos de individuos del período Jomon, anterior a la introducción de la agricultura a gran escala en el archipiélago, así como muestras modernas para establecer comparaciones.
El trabajo requirió además filtrar cuidadosamente posibles contaminaciones procedentes del suelo. Los investigadores centraron su análisis únicamente en microorganismos reconocidos como habitantes habituales de la cavidad oral, con el objetivo de reconstruir de la forma más precisa posible los microbiomas históricos.
Lo que emergió de esos análisis fue una imagen sorprendentemente compleja de la relación entre los japoneses del pasado y los microorganismos que habitaban su boca.

Un microbioma diferente al de los japoneses actuales
Uno de los resultados más claros del estudio es que la composición microbiana de los japoneses del período Edo no era igual a la observada en la actualidad. Los análisis revelaron diferencias significativas entre ambos grupos, lo que sugiere que los cambios experimentados por la sociedad japonesa durante los últimos siglos también transformaron las comunidades de microorganismos asociadas a los seres humanos.
La alimentación aparece como uno de los factores más importantes. A lo largo de la historia reciente, Japón pasó de una dieta tradicional basada en arroz, vegetales, pescado y productos fermentados a otra mucho más influida por hábitos globalizados y alimentos procesados.
Los investigadores detectaron incluso diferencias funcionales en determinados genes microbianos relacionados con el aprovechamiento de nutrientes, una pista que apunta a que las transformaciones alimentarias pudieron remodelar el ecosistema oral.
La higiene dental, la urbanización, los medicamentos modernos y la propia medicina contemporánea también habrían contribuido a modificar profundamente la composición del microbioma.
En otras palabras, los microorganismos de nuestra boca han evolucionado junto a nosotros, respondiendo a los mismos cambios históricos que transformaron nuestras sociedades.
Una antigua costumbre estética japonesa podría haber influido en la evolución de determinados microorganismos orales.
Okinawa y Japón continental: dos mundos microbianos distintos
El estudio también identificó diferencias regionales dentro del propio Japón histórico. Los investigadores observaron que las muestras procedentes de Okinawa presentaban una composición microbiana ligeramente distinta de la encontrada en las regiones continentales de Honshu y Kyushu.
Aunque las diferencias no son enormes, sí son lo bastante consistentes como para sugerir la influencia de factores locales. La alimentación tradicional okinawense, el clima subtropical y la propia historia de las islas Ryukyu pudieron contribuir a crear condiciones diferentes para determinados microorganismos.
Este hallazgo resulta especialmente interesante porque demuestra que las variaciones regionales no solo afectan a la cultura o la genética humana. También parecen influir en las poblaciones microbianas que acompañan a cada comunidad.
Para los historiadores, este tipo de información abre una nueva vía para comprender cómo las personas interactuaban con su entorno y cómo esas relaciones podían reflejarse incluso a escala microscópica.
El microbioma comienza así a convertirse en una herramienta complementaria para estudiar procesos históricos que hasta ahora solo podían abordarse mediante la arqueología tradicional o el análisis genético humano.
Los microorganismos también conservan la memoria de las migraciones
Uno de los aspectos más fascinantes del trabajo es la comparación entre individuos del período Edo y restos mucho más antiguos pertenecientes al período Jomon.
Los Jomon fueron grupos de cazadores-recolectores que habitaron Japón durante milenios antes de la llegada de las poblaciones agrícolas procedentes del continente asiático. Esa transición, iniciada aproximadamente en el primer milenio antes de nuestra era, transformó profundamente la sociedad japonesa.
Tal y como indica el estudio, algunas especies bacterianas presentan linajes claramente diferenciados entre los individuos Jomon y los de épocas posteriores. En otras palabras, ciertos microorganismos parecen haber seguido trayectorias evolutivas paralelas a las de las propias poblaciones humanas.
Los investigadores consideran que procesos históricos como las migraciones, la mezcla de poblaciones y la expansión de la agricultura pudieron influir en la evolución de estas comunidades microbianas.
Esto convierte a los microorganismos en una fuente adicional para estudiar la historia demográfica. Allí donde el ADN humano antiguo resulta difícil de conservar, los microbios atrapados en el sarro pueden aportar información complementaria sobre movimientos de población y cambios culturales.
Es una perspectiva relativamente nueva que podría revolucionar algunos aspectos de la investigación histórica y arqueológica durante las próximas décadas.

El misterio del ohaguro y los dientes negros de las mujeres japonesas
Sin embargo, el hallazgo más llamativo del estudio está relacionado con una costumbre que hoy puede parecer extraña.
Durante siglos, muchas mujeres japonesas practicaron el ohaguro, una tradición que consistía en ennegrecer deliberadamente los dientes. El procedimiento utilizaba sustancias ricas en hierro combinadas con extractos vegetales y era considerado un símbolo de belleza, estatus social y madurez.
Al analizar una especie microbiana llamada Methanobrevibacter oralis, asociada actualmente a enfermedades periodontales, los investigadores descubrieron que existían dos grandes linajes o clados diferenciados.
Lo sorprendente fue que todas las mujeres identificadas previamente con rastros de ohaguro pertenecían al mismo grupo microbiano.
Aunque los propios autores son prudentes y no afirman una relación causal definitiva, la coincidencia resulta difícil de ignorar. Según plantean, el ambiente químico generado por las sustancias empleadas para ennegrecer los dientes pudo favorecer determinados microorganismos frente a otros.
Además, el análisis genético detectó diferencias en genes relacionados con procesos metabólicos vinculados al hierro, un dato que encaja con los componentes utilizados en esta práctica tradicional.
Si futuras investigaciones confirman esta hipótesis, estaríamos ante uno de los ejemplos más sorprendentes de cómo una costumbre cultural podría haber influido en la evolución de microorganismos humanos durante generaciones.
El ohaguro no solo transformaba la apariencia de los dientes; quizá también modificaba el ecosistema microbiano de la boca.
Una nueva forma de escribir la historia
El estudio demuestra que el microbioma puede convertirse en una herramienta histórica de enorme valor. Durante años, los investigadores han utilizado ADN humano antiguo para reconstruir migraciones y parentescos. Ahora, los microorganismos amplían ese horizonte.
Tal y como han revelado los autores, los ecosistemas microbianos conservados en el sarro dental contienen información sobre la dieta, la salud, el entorno y las costumbres de las personas que vivieron hace siglos.
Cada nuevo análisis añade una pieza más al rompecabezas de la historia humana. Y en ocasiones, como ocurre con el caso del ohaguro, esas piezas permiten descubrir conexiones inesperadas entre cultura y biología.
Quizá el verdadero hallazgo de esta investigación no sea una bacteria concreta ni un linaje desaparecido. Lo más sorprendente es comprobar que la historia de una sociedad puede permanecer escondida en lugares tan diminutos como los microorganismos que habitan nuestra boca.
Referencias
- Insights into demographic and cultural influences on the oral microbiome from historical Japanese dental calculus, Scientific Reports (2026). DOI: 10.1038/s41598-026-55286-2
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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