Un grupo de estudiantes siguió el rastro de unas habitaciones ocultas bajo su instituto y los arqueólogos encontraron una lujosa casa romana de 1.800 años con frescos y estucos intactos

Durante años circuló entre los estudiantes la misma historia: bajo el edificio de su instituto, a pocos pasos del Coliseo, existían habitaciones antiguas ocultas tras puertas cerradas. Parecía una de esas leyendas escolares que pasan de generación en generación y que suelen terminar olvidadas. Sin embargo, en esta ocasión los rumores tenían una base real. Lo que durante décadas fue poco más que una historia contada en los pasillos ha terminado revelando una de las sorpresas arqueológicas más llamativas de la Roma reciente.
Bajo el Liceo Cavour, uno de los centros educativos más conocidos de la capital italiana, los arqueólogos trabajan actualmente en la recuperación de una gran domus romana de época imperial cuyos espacios conservan pinturas, estucos decorados y estructuras arquitectónicas en un estado excepcional. El proyecto, impulsado dentro del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia de Italia (PNRR), no supone el descubrimiento de un yacimiento desconocido, pero sí la recuperación y estudio sistemático de unos restos que habían permanecido prácticamente olvidados durante más de un siglo.
La información ha sido difundida por el proyecto Cantieri Narranti y por la Superintendencia Especial de Roma, responsables de las actuaciones arqueológicas que se están llevando a cabo en el lugar.
Una casa romana en uno de los barrios más prestigiosos de la Antigüedad
Los restos conservados pertenecen a una gran residencia privada construida a mediados del siglo II d.C., en pleno apogeo del Imperio romano. Era una época de estabilidad política y prosperidad económica, cuando emperadores como Adriano o Marco Aurelio gobernaban un territorio que se extendía desde Britania hasta Oriente Próximo.
La vivienda se encontraba en un sector privilegiado de la antigua Roma, entre las Carinae y el Esquilino. Esta zona era una de las más exclusivas de la ciudad y las fuentes antiguas mencionan que allí tuvieron propiedades figuras tan destacadas como Cicerón, Pompeyo u Octaviano antes de convertirse en Augusto.
Paradójicamente, a pesar de la relevancia histórica del barrio, los arqueólogos disponen de relativamente poca información material sobre él. Las sucesivas transformaciones urbanas de Roma y las grandes obras realizadas entre los siglos XIX y XX destruyeron o alteraron buena parte de las estructuras antiguas. Por ese motivo, cualquier hallazgo bien conservado en esta área resulta especialmente valioso para comprender cómo vivían las élites romanas.
La domus del Liceo Cavour ofrece precisamente esa oportunidad. Los espacios excavados muestran una residencia de grandes dimensiones cuya decoración refleja el nivel económico y social de sus antiguos propietarios.

La bóveda conserva parte de la decoración en estuco que ornamentaba las estancias de esta domus construida a mediados del siglo II d.C., cuando Roma vivía uno de los momentos de mayor prosperidad de su historia.
Un yacimiento conocido desde 1895 que acabó cayendo en el olvido
Aunque algunos medios han presentado la noticia como un descubrimiento reciente, la historia es algo más compleja.
Tal y como indica la documentación histórica recuperada por los investigadores, parte de la vivienda ya había sido localizada en 1895 durante las obras de apertura de la Via degli Annibaldi. Aquellas excavaciones sacaron a la luz varios sectores de la residencia e incluso una fistula, una tubería de plomo utilizada para conducir agua, en la que aparecían inscritos nombres relacionados con los propietarios de la casa.
Entre ellos figuraba un miembro de la gens Umbrius, una familia sobre la que todavía existen numerosas incógnitas. Los especialistas consideran que pudo tratarse de una familia originaria de la región del Samnio, aunque esta relación sigue siendo objeto de estudio.
Tras aquellas primeras investigaciones, la memoria del hallazgo se fue diluyendo con el paso del tiempo. Encima de los restos se desarrollaron nuevas construcciones y el lugar desapareció progresivamente de la atención arqueológica. El edificio que hoy ocupa el solar fue levantado originalmente para una congregación religiosa y décadas más tarde se transformó en el actual instituto.
Con el tiempo, el recuerdo de aquellas estructuras quedó reducido a rumores, relatos transmitidos entre alumnos y algunas referencias dispersas.
La leyenda que circulaba entre los estudiantes
Durante años, generaciones de alumnos escucharon historias sobre espacios ocultos bajo el gimnasio y los sótanos del centro educativo.
Muchos consideraban aquellas narraciones simples leyendas escolares. Sin embargo, la situación cambió cuando varios estudiantes consiguieron acceder a zonas cerradas del edificio y comprobaron que detrás de algunas dependencias abandonadas existían estructuras mucho más antiguas.

Aquella información llegó a profesores del centro y terminó siendo comunicada a las autoridades arqueológicas competentes. Lo que comenzó como una curiosidad estudiantil acabó transformándose en un proyecto científico de gran envergadura.
La anécdota ha contribuido enormemente a la popularidad de la noticia, pero los especialistas recuerdan que la verdadera importancia del hallazgo no reside en el acceso a los espacios, sino en el extraordinario estado de conservación de los restos.
Los estrechos accesos abovedados comunicaban diferentes dependencias de la residencia, que permaneció oculta bajo el actual instituto durante más de un siglo.
Pinturas, estucos y techos decorados conservados durante siglos
Uno de los aspectos que más ha sorprendido a los arqueólogos es la calidad de las decoraciones que han llegado hasta nuestros días.
Los ambientes visibles permanecieron enterrados durante gran parte de su altura, una circunstancia que terminó funcionando como una especie de cápsula protectora. Gracias a ello, numerosos elementos decorativos han sobrevivido en condiciones poco habituales para una ciudad tan intensamente ocupada como Roma.
Las paredes conservan pinturas figurativas y motivos florales. También han aparecido estucos decorados que todavía se extienden hasta las bóvedas de las habitaciones, algo excepcional en contextos urbanos sometidos a siglos de transformaciones.
En algunas estancias se han documentado pavimentos de mosaico elaborados con teselas de gran tamaño e irregulares, una moda decorativa característica de determinados ambientes aristocráticos durante el siglo II d.C.
Los trabajos arqueológicos han permitido recuperar además decenas de objetos relacionados con la vida cotidiana. Según las informaciones difundidas por el proyecto, ya se han extraído decenas de cajas con materiales, entre ellos fragmentos cerámicos, recipientes y otros elementos que ayudarán a reconstruir la historia de la vivienda.

Los colores todavía visibles permiten imaginar el aspecto que debió presentar la residencia hace unos 1.800 años, cuando pertenecía a una familia acomodada de la Roma imperial.
Un laboratorio arqueológico en pleno corazón de Roma
La investigación apenas ha comenzado.
Los expertos consideran que la parte actualmente conocida representa solo una pequeña fracción del conjunto original. Existen indicios de que la domus continúa extendiéndose bajo otras zonas del complejo escolar, por lo que futuras campañas podrían ampliar considerablemente el conocimiento del edificio.
Tal y como ha revelado el proyecto de intervención presentado por las autoridades italianas, las actuaciones incluyen estudios diagnósticos, levantamientos arqueológicos detallados, restauración de estructuras, consolidación de pinturas y modernización de instalaciones para garantizar la conservación del conjunto.
El objetivo final va más allá de la excavación. Los responsables del proyecto quieren transformar el lugar en un espacio accesible para estudiantes y visitantes, incorporando recursos divulgativos tanto físicos como digitales.
La iniciativa tiene además un fuerte componente educativo. El Liceo Cavour participa activamente en el proceso y se espera que los propios alumnos puedan colaborar en actividades de difusión y conocimiento del patrimonio.
No deja de resultar simbólico que una historia nacida entre los pasillos de un instituto termine convirtiéndose en una oportunidad para acercar la arqueología a nuevas generaciones. Bajo uno de los centros educativos más conocidos de Roma ha permanecido oculta durante siglos una ventana privilegiada a la vida de la élite romana. Hoy, gracias a un proyecto de recuperación patrimonial y a la perseverancia de quienes se interesaron por aquellos viejos rumores, esa parte olvidada de la ciudad vuelve poco a poco a salir a la luz.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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