Una investigación rompe 700 años de silencio: las tumbas de Pedralbes revelan muertes violentas, cuerpos ausentes y el ADN de la reina Elisenda

En el verano de 1364, la reina Elisenda de Montcada murió en Barcelona. Había alcanzado los 72 años, una edad extraordinaria para la época. Desde hacía tres décadas, habitaba en el palacio que ella misma había mandado construir junto al monasterio de Santa María de Pedralbes, el cenobio que fundó en 1326 junto a su esposo, el rey Jaime II de Aragón. Las fuentes escritas dicen mucho de su poder, de su piedad y de su influencia política como reina viuda. Los huesos, sin embargo, callados durante siete siglos, tenían mucho más que contar.
Con motivo del séptimo centenario de la fundación del monasterio, un equipo multidisciplinar ha abierto y analizado ocho sepulturas del siglo XIV, incluido el sepulcro de la propia reina. Los investigadores esperaban encontrar confirmación de los datos en las fuentes documentales: los restos de nobles damas y religiosas de los linajes más ilustres de la Cataluña medieval. En muchos casos, la realidad confirmó esas expectativas. En otros, dinamitó las expectativas. Un estudio arqueológico y antropológico coordinado por la Universitat Rovira i Virgili ha desenterrado 25 individuos, con hallazgos tan perturbadores como cráneos con heridas de arma blanca, un feto en el vientre de su madre muerta y tumbas cuyos ocupantes no son quienes deberían ser.
Con motivo del séptimo centenario de la fundación del monasterio de Pedralbes, un equipo multidisciplinar ha abierto y analizado 8 sepulturas y los restos de 25 individuos del siglo XIV, incluida la reina Elisenda.

Una reina robusta con los pies en el suelo
El sepulcro de Elisenda deparó la primera sorpresa. Durante siglos se creyó que su sarcófago atravesaba el muro de separación entre la iglesia y el claustro. La arqueología ha desmontado ese mito. Los arqueólogos han confirmado que se trata de dos vasos funerarios separados por un murete. Esta solución arquitectónica permitía a la reina proyectar dos identidades simultáneas: soberana poderosa de cara al espacio litúrgico y humilde penitente de cara al claustro.
En el interior de la tumba, los investigadores encontraron los restos de una mujer de constitución robusta. Medía más de 1,60 metros, una estatura notable para el siglo XIV. Sus huesos mostraban lesiones degenerativas propias del envejecimiento y niveles elevados de glucosa en sangre, compatibles con una alimentación muy rica o con diabetes. No presentaba hipoplasia dental, señal de que no padeció períodos de estrés severo en la infancia. A diferencia de las demás mujeres enterradas en el monasterio, en su tumba no había rastros de polen. Según el equipo investigador, esto prueba que nunca pisó demasiado los campos.
Junto a ella, sus parientes cercanas también sorprenden por su físico. Constança de Cardona medía 1,66 metros y Elionor de Pinós, 1,62. El análisis óseo confirma que las tres eran familia. El resto de mujeres halladas en el monasterio presentaban estaturas medias para la época.
Los análisis demostraron que la reina Elisenda tenía una constitución robusta, no sufrió carencias nutricionales en la infancia y apenas pisó los campos.

La tumba del caballero que escondía tres niños y dos jóvenes
Artau de Foces fue consejero y mayordomo de la reina Leonor de Sicilia. Según los epitafios de su tumba, el sepulcro solo albergaba su cuerpo, pero, al abrir el sarcófago, los investigadores no encontraron rastro del difunto. En su lugar, se hallaron tres niños y dos mujeres jóvenes. Una conservaba aún su larga cabellera. En el vientre de la otra permanecía un feto de unas 22 semanas. Alrededor del cuerpo, el equipo detectó la presencia de plantas aromáticas, indicio de que alguien intentó preservar los restos mortales. Por el momento, los antropólogos responsables desconocen la identidad de la mujer, aunque sí han podido determinar que no se trata de ninguna de las dos esposas conocidas de Foces, que fallecieron en la madurez.
Varias tumbas fueron abiertas y reutilizadas. En el sepulcro de Artau de Foces, aparecieron tres infantes y dos mujeres, una de ellas embarazada.

9 individuos en la tumba de una abadesa: cráneos heridos y un misterio sin resolver
El caso más perturbador de cuantos se han hallado corresponde a la sepultura atribuida a Francesca Saportella, segunda abadesa de Pedralbes. En la tumba donde debía descansar una sola religiosa, el equipo halló nueve individuos distintos. Entre ellos, cuatro cráneos masculinos con heridas de arma blanca. El tipo de lesiones apunta a que se utilizaron armas típicas de la Guerra del Francés o guerra de la Independencia española, a principios del siglo XIX. El hallazgo sugiere que la tumba fue reabierta y profanada en aquel periodo.
Además de los restos óseos,se encontraron papeles, fragmentos de pergamino, objetos devocionales, piezas textiles e incluso una partitura musical en clave de sol. Sin embargo, faltaba el cuerpo de la propia Saportella. Las alteraciones presentes en este sepulcro ilustran un fenómeno que se repite en varias de las tumbas estudiadas, esto es, la reapertura de las tumbas, el traslado de los restos y la consecuente pérdida de contexto.
En el sarcófago de la abadesa Francesca Saportella, se hallaron cuatro cráneos masculinos con heridas de arma blanca, datados a principios del siglo XIX.

El ADN que abre la puerta al futuro
La investigación, cuyos resultados se han presentado en mayo de 2026, ha combinado la antropología física, los análisis isotópicos y los estudios genéticos. Ya se ha logrado extraer parte del genoma de Elisenda de Montcada, un hito que permitirá conocer aspectos tan íntimos como su color de ojos, su ascendencia o las enfermedades que la aquejaron. El equipo investigador subraya que este tipo de estudio no reemplaza las fuentes escritas, sino que las completa, las matiza o, en ocasiones, las desmiente de lleno.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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