las historias de venezolanos en Colombia en medio de la caída de Maduro y la promesa de una transición
📅 🕐 05 Ene 2026🔗 Fuente: eltiempo.com🕑 8 min de lectura
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Luego del ataque que se presentó en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el presidente Donald Trump aseguró este domingo 4 de enero de 2026 que mientras se hace efectiva una transición democrática en el país, Estados Unidos “está a cargo”.
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Las declaraciones del mandatario norteamericano generaron todo tipo de reacciones a nivel mundial, principalmente de ciudadanos venezolanos que habían tenido que huir de su país a raíz de la crisis económica y social causada por la dictadura. Muchos tienen esperanza y otros enfrentan un panorama de incertidumbre. Estas son sus historias.
De las torres petroleras a las trochas: la travesía de Nicolás Medina para sobrevivir
Durante dos décadas, Nicolás Medina caminó entre las entrañas del Complejo Refinador Paraguaná, en Falcón, orgulloso de su carrera en PDVSA. Era técnico superior en refrigeración industrial, formado en cursos y especializaciones que la empresa ofrecía cuando aún era símbolo de prosperidad.
“Nos enviaban a capacitaciones cada dos años”, recuerda.
Historias de venezolanos en Colombia. Foto:Suministrada a EL TIEMPO
Todo cambió en 1998, cuando Hugo Chávez llegó al poder. La industria comenzó a desmoronarse: jefes sin experiencia, beneficios recortados, persecución política. Nicolás firmó contra el gobierno y su nombre apareció en la lista Tascón.
“Nos quitaron guardias, horas extras, nos arrinconaron en sótanos”, dice. Renunció con 20 años de servicio y prestaciones pagadas en cuatro partes porque la empresa ya no tenía dinero.
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Luego vino lo más cruel: el hambre. “Dormíamos dos o tres noches en filas para comprar harina, arriesgando la vida”, relata. A su hija casi la atropellan en un ‘arrebatón’ por quitarle los paquetes que había conseguido tras días de espera. Las universidades cerraron, sus hijos congelaron carreras.
“Fue la decisión más dura: dejarlo todo”, confiesa. En 2016, Nicolás y su familia emprendieron la fuga.
Historias de venezolanos en Colombia. Foto:Suministrada a EL TIEMPO
Cruzaron la frontera por trochas en Zulia, guiados por un guajiro para evitar la delincuencia. “Si no pagábamos, nos mataban”, dice con crudeza. Caminaban con miedo, con el corazón en la garganta, hasta llegar a Maicao. Luego vino Riohacha, y finalmente Santa Marta, bajo un aguacero que parecía una prueba más.
“Salimos de la terminal con las maletas mojadas, hasta que una familia nos abrió su terraza, nos dio toallas y hasta un chip para llamar. Eso nunca lo olvidaré”.
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El primer día en Colombia fue extraño: “Me daba miedo hablar, nuestro acento llamaba la atención”, recuerda. Pero Santa Marta le ofreció algo familiar: playa, calor, esperanza. Hoy, tras nueve años, Nicolás trabaja por su cuenta y agradece la estabilidad que le da su oficio. “Nunca imaginé quedarme tanto tiempo”, admite. Sobre la captura de Maduro, es cauto: “Es apenas la punta del iceberg (…) falta mucho, pero tengo esperanza”.
Su historia es la de miles, pero resumida en una: un hombre que dejó las torres petroleras para caminar trochas, que cambió la certeza por la supervivencia y que hoy escribe, bajo el sol del Caribe colombiano, una crónica de resistencia.
Venezolano en el Quindío denuncia persecución del régimen
Hace ocho años, Deixon Romero llegó a Armenia tras dejar su natal Venezuela. Decidió viajar al Eje Cafetero ante el deterioro de la situación económica en su país y porque un amigo le ofreció hospedaje en la casa de su familia, en el Quindío.
Durante ese tiempo viajó en varias ocasiones para visitar a sus familiares en Venezuela, pero asegura que desde las elecciones presidenciales del año pasado, que califica como fraudulentas, no ha podido regresar.
Así se ve la frontera entre Colombia y Venezuela en medio de la crisis. Foto:Andrés Carvajal. EL TIEMPO
“Soy objetivo del régimen venezolano porque organicé una protesta el año pasado en Armenia en rechazo a las elecciones en Venezuela. Después de eso recibí amenazas y, desde entonces, no he podido volver”, relató.
Romero es representante de la Asociación de Venezolanos del Quindío, una de las dos organizaciones comunitarias del departamento que agrupan a cerca de 30.000 ciudadanos venezolanos que actualmente residen en esta región.
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A sus 51 años, ha dedicado los últimos años a ejercer como vocero de sus compatriotas en el Quindío. “Ahora tenemos el sabor de una victoria, en el sentido de que el dictador fue derrocado; sin embargo, el sistema permanece. Apostamos a que, con el respaldo de Dios y el seguimiento del Gobierno de Estados Unidos, se dé una transición real. Sabemos que es un proceso largo, que requiere negociaciones diplomáticas, y esperamos que sea pacífico, que los seguidores del régimen entiendan que su tiempo terminó y den un paso al costado”, afirmó.
Migrantes venezolanos. Foto:EFE.
Sobre su futuro, Romero admite que no sabe si regresará a Venezuela, aunque reconoce que muchos de sus compatriotas esperan que la situación mejore para hacerlo. “Nosotros no salimos de Venezuela porque quisimos, salimos obligados. Hay quienes hemos aprendido a amar las tierras que nos acogieron. Estoy muy arraigado al Quindío, tanto que me siento venezolano de nacimiento, pero cuyabro y colombiano de corazón”, expresó.
Añadió que cada venezolano vive la diáspora de manera distinta. “Algunos, como yo, hicimos raíces y creemos que no regresaríamos; otros esperan volver para reconstruir el país. Cualquiera de las dos opciones es válida: quedarse y aportar positivamente o regresar para construir allá”.
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En Venezuela se dedicó al transporte de pasajeros y, tras su llegada a Armenia, trabajó como conductor y en la venta de alimentos, hasta que decidió asumir el liderazgo social. “Ese camino me ha permitido consolidarme como líder de la diáspora venezolana en la región y a nivel nacional”, concluyó.
De la crisis al renacer: la migración y una historia de superación
En Guacara, estado Carabobo, Yusmely del Carmen Castillo nunca imaginó de niña lo compungido que algún día le tocaría vivir. En su país, terminó el bachillerato, hizo un técnico en contabilidad que le permitió trabajar seis años en una fábrica de hielo, para paulatinamente ir ascendiendo con esfuerzo.
Pero un día, a la casa de esta mujer la rutina le empezó a cambiar: el sueldo ya no alcanzaba para la colegiatura de sus hijas, la nevera se vaciaba y las filas para conseguir comida eran un presagio tormentoso. “Amanecíamos en la calle para comprar lo que hubiera, no lo que necesitábamos”, recuerda. Harina, arroz, espagueti… lo que apareciera en los anaqueles era lo que tocaba llevar. Podía querer mucho a su país, pero la migración le arañaba con fuerza todos esos sentimientos.
Historias de venezolanos en Colombia. Foto:Suministrada a EL TIEMPO
Con el corazón rasgado, hace siete años, Yusmely, su esposo y sus dos niñas cruzaron la frontera por tierra rumbo a Barranquilla. El inicio fue duro: cuatro personas en un cuarto prestado, sin empleo fijo y con la nostalgia como principal anfitriona. “No imaginaba quedarme tanto tiempo”, confiesa. Se trabajaba de todo, se pensaba lo peor y la vida parecía encaminarse a una historia de melancolía.
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No obstante, su esposo, “un guerrero”, tenía ganas de todo menos de fracasar: consiguió trabajo, las cosas se fueron dando y con esfuerzo han logrado lo que jamás imaginaron en ese bus de Maicao hasta Barranquilla: casa propia, estabilidad, dos hijas universitarias y hasta un nuevo miembro en la familia. “Nuestro bebé nació aquí, el regalo más grande que Colombia me ha dado”, dice con una sonrisa la punta de lanza de esta historia de superación.
Historias de venezolanos en Colombia. Foto:Suministrada a EL TIEMPO
Hoy, Yusmely mira atrás y no se arrepiente. Barranquilla le dio oportunidades que Venezuela le negó: educación para sus hijas, seguridad y un futuro promisorio. Ayer, la noticia de la captura de Nicolás Maduro removió emociones.
“Es un fresquito saber que el tirano se fue”, admite, aunque con cautela. Sueña con volver, pero sabe que sus raíces ya se extienden en suelo colombiano. “Por ahora, mi ilusión es que mi gente allá vuelva a ser feliz. Que el día que yo quiera ir, al menos pueda hacerlo sin miedo”.