Arancha González Laya: «Trump ha sufrido una derrota sin paliativos en Irán y ha reforzado al régimen» | elperiodico.com

Arancha González Laya (San Sebastián, 1969) se define como «activista» frente a la vida («lo del optimismo o el pesimismo es que alguien hace cosas y tú reaccionas, el activismo es que tú haces cosas que buscan cambiar un poco tu entorno», asegura). Una lección que aprendió del presidente de la Comisión Europea Jacques Delors (1985-1995). Con una dilatada experiencia en instituciones europeas y organismos multilaterales, la exministra de Exteriores y actual decana de la Paris School of International Affairs (PSIA) del Sciences Po, ha analizado en su último libro, Solos en el mundo (editorial Arpa), la actual encrucijada en la que se halla Europa y recibe a EL PERIÓDICO para abordar esta y otras cuestiones de la convulsa actualidad internacional.
En su libro realiza un toque de atención en forma de relato de un futuro distópico si Europa –tanto sus líderes como sus ciudadanos– no es capaz de reaccionar ante los desafíos geopolíticos que afronta. ¿Qué debemos hacer para evitar ese escenario?
Pues es simple. La historia de Europa es una historia de unión y de unidad. Ahora necesitamos de esa unión y unidad para integrar aquellos espacios como la energía, los mercados de capitales, la tecnología o la defensa. Y necesitamos hacerlo porque incluso los países más grandes en la Unión Europea son pequeños a escala global. Si queremos plantar cara a los grandes en el mundo y escribir nuestro propio futuro, no nos queda más remedio que la unidad y la unión.
La portada del libro de Arancha González Laya, ‘Solos en el mundo’. / .
Defiende la tesis de que Occidente ha muerto y Europa se ha quedado sola, pero que eso no es necesariamente malo pues en estos tiempos de imprevisibilidad depender de otro «implica un riesgo existencial». ¿Es Trump el principal responsable?
La soledad viene de varios factores. La Administración estadounidense actual tiene gran parte de la responsabilidad. No somos nosotros los que hemos querido separarnos, ha sido la Administración estadounidense la que busca tomar distancias con un proyecto muy claro, que es demoler la UE para relacionarse directamente con los Estados. Pero también hemos visto el retorno del neoimperialismo ruso, que creíamos ya enterrado. Hemos visto el ascenso de China y la capacidad que tiene para influir sobre las cadenas de valor o nuestras industrias. Y vemos también una tecnología cuyos dueños buscan horadar nuestras fronteras y, sobre todo, horadar nuestra democracia.
El funcionamiento lento y burocrático de la UE, así como la necesidad de unanimidad en determinados temas tampoco ayudan a evitar este futuro distópico.
No creo que el problema sea tanto la unanimidad, porque cuando es necesario somos capaces de saltárnosla. El problema es que dentro de la UE tenemos un choque entre dos grandes fuerzas políticas. Unas entienden que el futuro pasa por compartir un mayor espacio de soberanía nacional para construir soberanía europea. Y otras quieren renacionalizar competencias europeas. Antes estas fuerzas hablaban de salir de la UE: era el Brexit, el Frexit, el Italexit, el Grexit… Pero cuando han visto lo que ha ocurrido en el Reino Unido y el coste tan tremendo que ha supuesto, ya no hablan de salir de la UE. Ahora hablan de cambiar la UE desde dentro, que es el mismo lenguaje que utiliza la Administración Trump en su estrategia de seguridad nacional. Es debilitar a la UE.
«Trump está minando la democracia y el sistema de pesos y contrapesos para garantizar los derechos y libertades que están en la base de la creación de Estados Unidos hace 250 años»
En las últimas semanas se han aireado las tensiones entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la alta representante de política exterior, Kaja Kallas. ¿Qué opinión le merece?
En estos momentos necesitamos a todas las instituciones y las necesitamos muy enfocadas en lo que tienen de valor añadido. La presidenta de la Comisión tiene competencias exclusivas en temas económicos, mercado interior, competencia, transición climática… Ahí es donde necesitamos que la Comisión despliegue toda su fuerza para apoyar una mayor integración europea. Luego hay una dimensión de seguridad y de defensa que gravita más entre el presidente del Consejo y la alta representante. Bueno, pues que sean ellos los que lleven la voz cantante. Hay que limitar al mínimo las querellas de familia, porque eso nos distrae de nuestro objetivo.
Volvamos a Trump. Esta semana se celebra el 250 aniversario de la independencia de EEUU. ¿Cómo va a pasar a la historia?
Es difícil ahora hacer un juicio histórico sobre Donald Trump, pero lo que sí es seguro es que pasará como un presidente muy atípico. Hemos visto muchos presidentes de muy distinta tipología. Pero por primera vez en la historia de EEUU vemos un presidente que mina la democracia y el sistema de pesos y contrapesos para garantizar los derechos y libertades que están en la base de la creación de Estados Unidos hace 250 años. Y esto para Europa es muy duro, porque la democracia estadounidense es un espejo en el que nosotros nos mirábamos, nos servía de inspiración. Desde ese punto de vista nos hemos quedado también un poquito huérfanos, un poco solos.

González Laya, esta semana en Barcelona. / ZOWY VOETEN
El principal tema a tratar en la cumbre de la OTAN que se celebra la semana próxima en Ankara va a ser la asunción de más responsabilidades por parte de Europa tras el anuncio de retirada de EEUU. ¿Cómo va a afectar este cambio a la alianza? ¿Va a ser capaz Europa de tomar más control?
Los europeos tenemos que analizar menos lo que ocurre en EEUU y enfocarnos más en cómo podemos construir nuestra respuesta. Y eso pasa por europeizar la OTAN, asumir más responsabilidades y construir más capacidad de disuasión. Ahora bien, eso pasa también por gastar nuestros presupuestos de defensa para impulsar también nuestras capacidades industriales. Ya hemos entendido que el dinero no va a comprar la lealtad de la Administración estadounidense, que sigue poniendo en cuestión el Artículo 5 del Tratado de la OTAN. Podemos elegir ser vasallos de EEUU o podemos ser autónomos estratégicamente buscando las mejores relaciones con EEUU. Yo prefiero la segunda versión.
«Si hoy Ucrania está cambiando la relación de fuerzas en el campo de batalla es porque Europa le está apoyando»
Algunas voces se preguntan si es acertada la estrategia de dedicar más inversión a defensa y si esa inversión puede ir en detrimento de otras partidas claves para el Estado del bienestar, pilar de la UE.
España ha aumentado significativamente el gasto militar. Hemos pasado del 0,7% al 2% de nuestra riqueza nacional, pero no lo podemos hacer a escondidas, hay que hacerlo con un debate público y poner dos cosas sobre la mesa. En primer lugar, las proporciones. Estamos hablando del 2% y en el otro lado estamos hablando del 40-50% que va a gasto de bienestar. Pero la segunda parte de la respuesta es que si tú no puedes proteger tus fronteras, si tú no puedes garantizar tus infraestructuras, las energéticas, las cibernéticas, las eléctricas, si tú no puedes proteger tu espacio informacional de injerencias, tampoco hay Estado de bienestar. No se trata de elegir entre uno y otro, es que hay que tener los dos.
La guerra de Ucrania ya supera los 4 años y no se vislumbra un fin próximo en el horizonte. ¿Cuál cree que va a ser la evolución del conflicto tras unas negociaciones fallidas impulsadas por Trump?
La guerra en Ucrania es una amenaza no solo para Ucrania, sino para la UE también, la amenaza de que un vecino pueda cambiar las fronteras internacionales a su gusto. Tenemos que ser capaces de disuadir a Rusia de en el futuro hacer lo mismo. Para nosotros los europeos, la guerra es existencial. Para EEUU, en cambio, no porque ellos están a un océano de distancia. Por eso, cuando EEUU ha decidido dejar de apoyar a Ucrania, nosotros seguimos haciéndolo. Y si hoy Ucrania está cambiando la relación de fuerzas en el campo de batalla es porque Europa le está apoyando. Ahora, ¿cómo acaba esto? Tiene que acabar con una negociación. ¿Entre quién y quién? Entre Ucrania y Rusia.
¿Qué papel debe jugar Europa en esta negociación?
Tenemos que colocarnos siempre detrás de Ucrania, firmemente, como estamos ahora, no delante. No negociamos nosotros por Ucrania, negocia Ucrania. Y por eso hacemos bien en ir pensando quién es la figura, que yo creo que sería bueno que fuese el presidente del Consejo Europeo, que esté preparado para colocarse detrás de Zelenski en caso de que Putin desee sentarse en la mesa de negociación. Por ahora, Zelenski ha dicho claramente que está dispuesto a sentarse y ha puesto sobre la mesa una serie de condiciones, pero el que no quiere sentarse es Putin porque piensa que todavía puede conseguir en el campo de batalla lo que sabe que no le van a regalar en la mesa de negociación.
«Ha sido interesante ver el gatopardismo estadounidense. Que todo cambie para que nada cambie. Saquemos a Maduro pero para que siga en vigor el régimen chavista»
António Costa ha decidido abrir una vía diplomática con el Kremlin por primera vez desde el inicio de la ofensiva rusa. ¿Cómo lo ve?
Está bien tener un contacto con Rusia para disuadirla de atacar a la UE. Si uno quiere realmente pasar unos cuantos mensajes, tiene que ser capaz de sentarse con la otra parte.
Otra guerra, la de Irán, se ha convertido en un dolor de cabeza para Trump. Nos encontramos en un bucle al que tampoco se ve fin. ¿Conseguirá Trump doblegar a Irán?
Trump ha perdido la batalla militar, ha sufrido una derrota sin paliativos y ha reforzado al régimen iraní. Pero es que además los términos del acuerdo de alto el fuego han sido tan desequilibrados en beneficio de Irán que ahora EEUU tiene dificultades para maniobrar. Porque lo que se ha hecho hasta ahora es simplemente poner sobre la mesa el cese de las hostilidades militares y, a cambio, la apertura del estrecho de Ormuz. Ha quedado sin resolver el tema nuclear, los misiles balísticos, las fuerzas proxies en la región y los términos del paso por Ormuz a futuro. Este episodio fallido nos lleva a sacar algunas conclusiones y una de ellas creo que tiene que ser que hay que privilegiar la vía diplomática y que hay que hacerlo en colectivo, como se hizo en 2015. Con China, Rusia, EEUU y la UE sentados alrededor de la mesa. Y quizás hoy también con los países del Golfo, que son los paganos de la intervención militar de EEUU e Israel.
De hecho, la situación actual es peor que la que había antes del inicio de la guerra, cuando el estrecho estaba abierto.
Sí, y para reabrir Ormuz, EEUU e Israel han tenido que conceder el cese de hostilidades militares sobre Irán y sobre el Líbano. Por otra parte, quiero también reivindicar la postura europea de no entrar en esta guerra ahora que vemos cómo está acabando.
Trump se la juega también en Venezuela tras la operación para capturar a Maduro del pasado enero y el doble terremoto de la semana pasada.
Ha sido interesante ver el gatopardismo estadounidense. Que todo cambie para que nada cambie. Saquemos a Maduro pero para que siga en vigor el régimen chavista. Está claro que esta Administración estadounidense tiene poca inclinación por impulsar una transición democrática, algo que desde la UE siempre hemos buscado auspiciar. Ahora bien, este terremoto cambia muchas cosas. Una catástrofe natural es una manera de reforzar o de debilitar al gobierno que está en el poder. Y una vez que acabe esta fase de emergencia, en la que hay que poner a la humanidad en el centro, la Administración estadounidense se juega su prestigio y la elección que ha hecho de colocarse de lado el régimen venezolano.
«El orden mundial ahora mismo está siendo cuestionado por dos grandes fuerzas, el retorno del nacionalismo y la tecnología, que chocan con la UE de una manera muy clara»
China es junto a la Rusia de Putin y los EEUU de Trump el otro rival y potencial amenaza para la UE. Sin embargo, muchos líderes europeos han peregrinado a Pekín en los últimos tiempos en busca de contrarrestar la agresiva política comercial de Trump. ¿Es esta una buena estrategia?
Para resolver las diferencias que tenemos con China tenemos que hablar con China y esto significa viajar a China y que China viaje a Europa. Ese no es el problema. Otra cosa es en qué términos hablamos. Y ahí sí creo que la UE busca construir una estrategia de negociación que tiene dos puntos difíciles. Uno es el apoyo que China presta a Rusia para que pueda seguir atacando a Ucrania. Sabemos que no le da ayuda militar, pero sí bienes de doble uso. Pero necesitamos que China invite a Rusia a sentarse a la mesa de negociación. La segunda cuestión son los desequilibrios estructurales de la economía china. Tenemos que entablar una negociación en este aspecto, pero no en los términos en los que lo ha hecho EEUU, que es disparar sin pensar en cuál puede ser la retorsión china. Hay que prepararse buscando primero una vía de negociación, pero estando dispuestos a tomar medidas difíciles, preparándolas de antemano.
Usted considera que el orden mundial está sufriendo una metamorfosis, pero hay algunos teóricos que hablan de desorden mundial. ¿Estamos ante el nacimiento de una nueva era histórica?
El orden mundial ahora mismo está siendo cuestionado por dos grandes fuerzas que van en direcciones opuestas, pero las dos chocan con nosotros, la UE, de una manera muy clara. La primera es el retorno del nacionalismo, del repliegue tras la frontera y la proyección de la fuerza nacional. Eso lo hace Estados Unidos, China, India, Israel o Rusia. Por otra parte tenemos la tecnología que agujerea todas las barreras que le ponemos. Sí que entramos en una nueva fase, con estas dos fuerzas. No sabemos muy bien cuál va a ser el resultado de esta colisión: puede acabar en un gran conflicto o puede acabar en un acuerdo internacional para regular la inteligencia artificial.
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